Me encanta comenzar series distintas de entradas sobre un tema en concreto, para así sembrar caos, confusión y pánico (a veces). En realidad no es más que un reflejo de mi hábito de empezar varias cosas a la vez (libros, películas, etc.). Así la estructura del blog es menos lineal y nunca sabes lo que vas a tener la desgracia de leer. Lo único asegurado es que será un tostón de tomo y lomo, pero por algo será, querido lector, que te empeñas en volver aquí sin que te lo pida de rodillas. ¡Allá tú!
Al grano. Como prácticamente todo allegado que se precie sabe perfectamente, he vuelto a Japón. A cualquiera que venga aquí le llamarán la atención muchas cosas, pero yo me he fijado últimamente en una en especial: el toque japonés (a veces exclusivo de los nipones, otras veces asiáticos) de cosas tan comunes como una gasolinera, la forma de contar, la forma de conducir, la de comer... Parece que lo hacen todo justo al contrario que nosotros. Al principio había titulado esta serie "Japón, todo al revés", pero no es muy exacto, salvo en algunas ocasiones que parecen hacerlo justo a la inversa.
Hoy empezamos pues con las gasolineras japonesas. Fijaos en el detalle...

¿Qué las diferencia de las españolas o europeas? ¿Qué sistema os parece mejor?