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jueves, 18 de noviembre de 2010

Japón, la otra vía: volumen 9

Estos son los servicios de una restaurante japonés especializado en udon (fideos gordos de carallo, para los no entendidos) al que fui ayer. El dilema presentóseme cuando me dispuse a ir al servicio. Al más puro estilo Matrix, en la puerta de la izquierda había una barra vertical de color rojo (que no rosa), mientras que en la derecha estaba su némesis, la díscola barra azul. Ante la falta de seguridad me vi obligado a consultarlo con mis tres amigos (una coreana, un chino y una taiwanesa, parece un chiste). Ninguno vaciló en su respuesta, de tan obvia que les parecía.



Un poquito de participación: ¿Por qué puerta os decantaríais vosotros, amigos?

lunes, 8 de noviembre de 2010

Japón, la otra vía: volumen 8

Algunos de vosotros sabréis que en Japón no hay horario de invierno ni verano. En otras palabras, no se cambia la hora a finales de octubre o de marzo. ¿Por qué será? ¿Son pues efectivas las razones esgrimidas del ahorro de energía para llevar a cabo tal cambio?

En Japón no parecen tener problema. Ahora bien, lo que muchos no saben es que un día japonés tiene 28 horas, lo cual puede quizás influir. Véase si no esta imagen que anunciaba los horarios del Gran Premio de Brasil en el canal japonés Fuji TV.



Dios mío, ¿cuál es la explicación? Como habréis podido suponer, esas horas tan llamativas designan a la madrugada del día siguiente. En uno de los textos que he leído recientemente para practicar la comprensión escrita en japonés, el autor hablaba precisamente sobre este tema. En él mostraba su sorpresa ante la extensión en el uso de horas tales como 26 o 27, si bien admitía que en sus tiempos sí había llegado a leer algún 25 de forma excepcional.

Si la cosa sigue así, es probable que en un futuro los japoneses lleguen a quedar a las 36:30 para ver una película. ¡Qué bella morondanga!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Japón, la otra vía: volumen 6

Tengo muchas cosas que comentar, como la visita de mis amigos gallegos (en su mayoría lucenses) y la cena de Acción de Gracias a la que asistiré hoy, pero como no tengo ni un segundo libre para escribir, tendré que limitarme hoy a dejar que los vídeos hablen por sí solos.

Es uno de los avances japoneses que raramente he visto en otros países. El primer vídeo lo grabé en mi primer viaje por Japón, en 2006. El segundo, en una cafetería de Shinjuku a la que suelo ir con mis amigos para estudiar japonés. Hay baños más sofisticados con secador anal/vaginal, etc. Los más simples, como el de mi residencia, solo incluyen el "calientatazas".




Baño de la casa de Masahiro, víctima del gorroneo ajeno y amigo intermitente de nivel 2 (amigo de amigo).




Baño del Blue Square Cafe en Shinjuku.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Japón, la otra vía: volumen 5

Cambiar el rollo de papel higiénico (vulgo «papel del culo») suele ser un... rollo para muchos usuarios habituales del excusado, que optan por justificar su contumacia en la escasa pero aún legalmente válida disponibilidad de tan preciado material. En otras palabras, por no cambiarlo son capaces de dejar un miserable segmento de papel con el que no podría limpiarse ni David el gnomo. Los más reticentes a tan banal esfuerzo doméstico esperan pacientemente la restitución por parte de un miembro ajeno de la familia, a fin de poder limpiarse de nuevo su propio miembro (porque Ud., estimado varón, lo hace, ¿no?).

Las consecuencias de tamaña dejadez pueden adquirir proporciones catastróficas. Imagínense ustedes que, en su día de asueto, deciden dejar a un lado los prejuicios para darle una oportunidad a ese restaurante chino a la vuelta de la esquina. Lo más probable es que, si no están acostumbrados a ciertas comidas más exóticas que unos callos, acaben pagando cara su osadía. Así pues, el tiro les saldrá por la culata, y otras cosas arderán en deseos de salir por otro sitio.

En esos momentos de considerable presión anal es necesario actuar con presteza. El tiempo apremia, y el retrete se convierte en un oasis del desierto al que arribar ipso facto. Si ha percibido en su justo momento los primeros visos de alarma, probablemente llegará a tiempo para realizar la evacuación (doble en el caso de servidor, ya que las circunstancias obligan a desalojar a cualquier persona en un radio de 20 metros y declarar el baño en cuarentena). Si es este el caso, no cante victoria. Puede darse el caso de que, después del estruendo de los fuegos artificiales, se encuentre una desagradable sorpresa en forma de cartón cilíndrico, completamente ausente del papel que suele recubrirlo. Lo peor de todo es que existe la posibilidad de que sea usted el culpable de tan lamentable e inoportuna ausencia.

Pero eso se acabó. Ya no hay excusas. Cambiar el rollo ha pasado a ser una mera anécdota gracias al sistema japonés. Sí, quizás estoy exagerando y algún lector está hasta las narices de ver esto en España, pero yo me baso en mi propia experiencia.


sábado, 22 de agosto de 2009

Japón, la otra vía: volumen 4

En Japón no hay tiempo que perder, en ningún momento. ¿Alguna vez habéis pensado en los preciosos segundos que se pierden mientras esperamos a que se cierre la puerta del ascensor? Yo tampoco, entre otras cosas porque no me importa lo más mínimo. Pero en este país no hay décima de segundo que perder. Lo primero que hago cuando subo al ascensor es cerrar la puerta, y mientras esto ocurre puedo pulsar el botón del piso al que quiero ir. ¡Qué maravilla! Pensad en el montón de cosas que podéis hacer con ese efímero lapso de tiempo que os habéis ahorrado. Nada, por ejemplo.

El ascensor de nuestro piso coruñés solo cuenta con el solitario botón para abrir la puerta e impedir así ciertos incidentes. Pero aquí, en mi casa de Tokio, se ve obligado a compartir el espacio superior del panel con su némesis: el temido botón de cierre. Un dispositivo ideal para prevenir la entrada a ese sucio extranjero que llega cargado como un asno con bolsas de la compra.

Nota: me comunican que esta información es obsoleta, ya que en España también parece haberse extendido el uso de este botón. Sin embargo, me estaba basando simplemente en el ascensor que más utilizaba: el del piso de La Coruña. Quizá la diferencia estribe en que aquí hasta el más viejo tiene los dos botones.

viernes, 10 de julio de 2009

Japón, la otra vía: volumen 3

La RAE define el concepto de canasta de la siguiente forma:

5. f. En baloncesto, aro metálico sujeto horizontalmente a un tablero vertical, y del que pende una red tubular sin fondo en la que es necesario introducir el balón para el enceste.

Sin embargo, todos sabemos que en las típicas pistas públicas repartidas por la geografía española, la sobredicha red es un bien escaso, a pesar de que existen ciertas leyendas y mitos sobre pistas municipales con redes aún intactas.

Lo malo de no haber red es que, por increíble que parezca, uno a veces no se entera de si la pelota ha entrado o no (por ejemplo en algún tiro lateral que entra limpio). Problema para el que, como no podía ser de otra otra, los japoneses han hallado solución a la vez que se mantienen fieles al espíritu ratero de no gastarse un puñetero duro en una simple red.


Canasta de la pista enfrente de mi casa, normalmente utilizada por los chavales para jugar al béisbol el fin de semana, por supuesto.

viernes, 26 de junio de 2009

Japón, la otra vía: volumen 2

Los japoneses parecen tener un lema esencial: "si podemos hacer algo que sea justo lo contrario del sistema europeo, así lo haremos". Yo no sé los vuestros, pero desde luego los grifos de mi casa funcionan justo al revés.


miércoles, 27 de mayo de 2009

Japón, la otra vía: volumen 1

Me encanta comenzar series distintas de entradas sobre un tema en concreto, para así sembrar caos, confusión y pánico (a veces). En realidad no es más que un reflejo de mi hábito de empezar varias cosas a la vez (libros, películas, etc.). Así la estructura del blog es menos lineal y nunca sabes lo que vas a tener la desgracia de leer. Lo único asegurado es que será un tostón de tomo y lomo, pero por algo será, querido lector, que te empeñas en volver aquí sin que te lo pida de rodillas. ¡Allá tú!

Al grano. Como prácticamente todo allegado que se precie sabe perfectamente, he vuelto a Japón. A cualquiera que venga aquí le llamarán la atención muchas cosas, pero yo me he fijado últimamente en una en especial: el toque japonés (a veces exclusivo de los nipones, otras veces asiáticos) de cosas tan comunes como una gasolinera, la forma de contar, la forma de conducir, la de comer... Parece que lo hacen todo justo al contrario que nosotros. Al principio había titulado esta serie "Japón, todo al revés", pero no es muy exacto, salvo en algunas ocasiones que parecen hacerlo justo a la inversa.

Hoy empezamos pues con las gasolineras japonesas. Fijaos en el detalle...


¿Qué las diferencia de las españolas o europeas? ¿Qué sistema os parece mejor?