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martes, 7 de agosto de 2012

Jeju, el tesoro natural de Corea

La isla de Jeju puede ser, en principio, una desconocida para el turista medio que profesa devoción por Asia. De hecho, yo ni tenía ni idea de su existencia hasta que me puse a investigar qué cosas ver en Corea para este viaje. Pero lo cierto es que sus apenas 2000 km² presentan nada más y nada menos que tres lugares registrados como Patrimonio Mundial de la UNESCO, no en vano Jeju es una de las "siete maravillas naturales del mundo", en esa nueva y reciente lista que se ha publicado. 

 

El primero de esos lugares es el sistema de tubos de lava de Geomunoreum, el que yo visité en concreto es el más largo: Manjanggul. Por lo que parece, no todos son visitables, pero en cualquier caso a mí me indicaron este cuando le pregunté por los tubos. Me dirigí allí el primer día por la mañana, después de coger un bus y un taxi que esperaba astutamente colocado en la parada de autobús, ya que desde la parada a las cuevas había una tiradita de 2 km. No habría supuesto ningún problema caminar, pero acepté pasar por el aro porque estaba lloviendo. Y lo hice acompañado de un malayo con el que compartí trayecto. 

 

Resultaba harto complicado ubicar la cámara en una posición horizontal sin ningún tipo de trípode, y de ahí mi careto, claramente consciente de la precariedad de su emplazamiento. En cualquier caso, este era un buen lugar para apreciar las llamadas "líneas de lava". Tienen un aspecto curioso, puesto que se parecen mucho a una especie de cornisa hecha a propósito por la mano humana, pero es simplemente la indicación de a qué altura llegaba la lava en tiempos pasados.

He aquí lo que nos dice el sitio web de turismo de Corea del Sur al respecto:


La Cueva Manjanggul es uno de los túneles de lava más delicados del mundo, por lo que fue designado como Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.
Un túnel de lava se forma cuando la lava que corre en las profundidades, surge repentinamente fluyendo desde el cráter hasta la superficie llana. La Cueva Manjanggul tiene una variedad de estructuras muy interesantes en su interior, incluyendo las estalagmitas de lava de 70cm y túneles de tubos. De13.422m de largo que integra la Cueva Manjanggul, sólo se encuentra abierto al público el tramo de 1km.
La temperatura del interior del túnel se mantiene siempre entre los 11 y 21℃, creando un ambiente muy agradable. Dentro de éste túnel viven animales raros y especiales, como por ejemplo los murciélagos, lo que dota al túnel también de valor para los científicos e investigadores.
Los pilares de piedra y estalactitas están ampliamente esparcidos y los túneles muestran las características topográficas de la cueva. La Tortuga de Piedra llama especialmente la atención porque es casi idéntica a la forma de la Isla Jejudo.


Ahí está la susodicha tortuga. Después de la visita me tomé un bibimbap regularcillo y traté de regresar a la parada de bus por mis propios medios, sin auxilio del taxi. Pero no había prestado la suficiente atención en el trayecto de ida y me fui por el camino incorrecto. Por supuesto, había dos caminos y elegí a voleo. Y, como no podía ser de otra forma, fallé. Siempre fallo con esa estadística. Y lo mismo les pasó a los dos alemanes con los que compartí trayecto de vuelta. Al final tuvimos que regresar con el rabo entre las piernas y coger de nuevo el taxi.
 


El segundo lugar es pintoresco y curioso a más no poder, aunque aquí no luce nada bien por las inclemencias del tiempo. Se trata del pico Ilchulbong. Aquí se puede ver mejor.

Oreum of the Rising Sun, Seongsan Ilchulbong

El día no acompañaba, por lo que no pude tomar unas buenas instantáneas. Pero lo cierto es que el lugar tenía, además, unas bellas vistas. Sin embargo, lo que más merece la pena es verlo a vista de pájaro.


El segundo día debía ser el reservado al monte Hallasan, el tercer lugar designado como Patrimonio de la UNESCO en su artículo sobre Jeju. Pero me levanté demasiado tarde y, francamente, no me apetecía meterme un tute de 9 o 10 horas solo, por lo que lo dediqué a otros menesteres, entre los cuales se encontraba averiguar el curioso origen mitológica de esta isla.


La verdad es que fue un descubrimiento muy casual, pero me pareció bastante curioso. Me dirigí al templo de Samseonghyeol y paseé por este bello bosque antes de ver una breve y entretenida animación en inglés sobre la historia de los tres dioses.


Según cuenta la leyenda, los antepasados de los clanes Go, Yang y Bu surgieron de estos orificios, supuestamente cavernas, para convertirse en los pobladores originales de Jeju. Supuestamente vivieron como cazadores hasta que se casaron con tres princesas del reino de Byeongnang, que les enseñaron el noble arte de la agricultura. Se dice que ellos seis fundaron el reino de Tanma. ¡Inquietante!

miércoles, 16 de mayo de 2012

Gyeongju, el museo al aire libre

 
 El prado que rodea el templo de Hwangnyongsa parece ser muy popular como centro de reunión para los aficionados a las cometas.


 Si hay una ciudad de Corea que se deba visitar por el legado histórico que presenta y conserva, la elección siempre sería la misma: Gyeongju. Y es que esta ciudad es historia viva de Corea y una puerta a su pasado como capital del reino de Silla ( (57 a.C.-935 d.C.): tanto es así que la localidad entera ha sido designada Patrimonio Mundial de la UNESCO. Por lo tanto, es un sitio que no podía faltar en toda visita a Corea que se precie.

Cogí un tren tempranero desde Busán para llegar con tiempo suficiente para ver lo más sobresaliente en un día. Cierto es que Gyeongju es una especie de Kioto pequeño en el que podrías pasar unos cuantos días haciendo turismo, porque algunos templos como el Golgulsa y la aldea de Yangdong (esta última también Patrimonio de la UNESCO, junto con Hahoe) están más alejados (a unos 20 km) y necesitas reservar un día para ellos, o bien renunciar a dar un agradable paseo en bicicleta por toda la ciudad.
 



Decidí cubrir primero Bulguksa y Seokguram en bus, para luego alquilar una bici el resto del día. Me parece la forma idónea de moverse por Gyeongju, porque a pie las distancias se hacen algo largas, aunque los lugares estén próximos. Además, a mí me apasiona andar en bicicleta por lugares desconocidos.



Lo malo del primer templo fue las numerosas hordas de pequeños orcos que me esperaban allí. Parece ser que, como Nikko en Japón, Bulguksa suele ser un centro de peregrinación de muchas excursiones escolares. El griterío y el bullicio que reinaba nada más atravesar la puerta de entrada resultaba casi ensordecedor. Yo no soy en absoluto religioso, pero siempre me gusta percibir y disfrutar de esa sensación de calma imperturbable y sosiego omnipresente que inunda los templos, el sonido de los mantras invariables y átonos, el tañido esporádico de la campana o el redoble de tambor que anuncia el alba y la caída de la noche.

Pues no, en este templo concreto hallar tu remanso de paz particular se antojaba imposible, así que lo visité con una cierta desgana, con los niños corriendo por todos los lados, ensordeciendo los cánticos budistas. He aquí alguna información sobre el templo, sacada del práctico sitio web oficial sobre turismo de Corea:

El templo Bulguksa (불국사) fue construido como representación del "mundo ideal de Buda". Es una de las reliquias de la Dinastía Silla (57 a.C.-935 d.C.) más queridas del país, porque personifica el misticismo y la belleza del budismo, la columna vertebral espiritual y cultural de Silla. El templo Bulguksa fue el pináculo de la arquitectura y del arte en el siglo VIII y, junto con la gruta Seokguram, fue designado como Patrimonio Cultural Mundial de la Unesco en 1995.

A diferencia de la mayoría de los otros templos de Corea, Bulguksa se asienta en lo alto de una estructura de piedra que se extiende un centenar de metros a lo largo. El área bajo la plataforma de piedra representa el mundo temporal, mientras que el espacio en y sobre ella significa el mundo de Buda, con escaleras de piedra que conectan ambos. El templo es el hogar de varios tesoros nacionales, los más representativos de los cuales son las pagodas Dabotap y Seokgatap enfrente de la Sala Daeungjeon. Ambas pagodas están hechas de piedra y ejemplifican la extraordinaria artesanía del período Silla.

Al salir del templo, tuve la mala suerte de que el bus había pasado y el siguiente tardaría una hora en llegar (según parece, pasaba a las x:40), así que, para no estar esperando una hora como un idiota, cogí un taxi para dirigirme a la gruta Seokguram. Después de un agradable paseo por las montañas, llegué al pequeño templo en donde se aloja este Buda famoso. La verdad es que es bastante único, pero seguro que decepciona a muchos, porque al escuchar la palabra gruta, uno se imagina una cueva en donde adentrarse y llegar hasta la estatua en cuestión. Pues no, la estatua se puede ver desde el sitio que veis en la foto, pero está tapado con cristal, así que tienes que verlo a unos metros de distancia. Esto permite una mejor conservación y, en realidad, tampoco es que haga falta entrar para ir a toquetear el Buda. No se pueden sacar fotos dentro, pero en la página de antes y en muchos otros sitios web las podréis encontrar. Esta es la información sobre el Buda.

La gruta Seokguram (석굴암) está situada a 8 kilómetros tras pasar el templo Bulguksa, a lo largo de la cadena montañosa de la montaña Tohamsan (745 metros sobre el nivel del mar) cerca de la cumbre de la montaña. Construida para parecer una gruta, la construcción fue esculpida en la piedra de la ladera de la montaña y luego cubierta con tierra. El eje del santuario de granito es una estatua de Buda sentado, llamada Bonjonbulsang, que está considerada como una de las mayores obras maestras de la última parte de Silla (Silla unificado) en el siglo VIII. Esculpida delicadamente, para parecer como si el áspero granito fuera entretejido en seda, el Buda Seokgamoni tiene la expresión serena de la meditación en el momento de la iluminación. La manufactura de la expresión facial de Buda y la postura son tan realistas, elegantes y vivas que es simplemente impresionante. El Buda tiene vistas al mar del Este y los coreanos se refieren a la sonrisa de la estatua, bañada por la luz de la mañana, como "la sonrisa del pueblo de Silla". A pesar de todos los avances tecnológicos de los tiempos modernos, la arquitectura, ciencia, geometría y arte que se invirtieron en realizar la gruta Seokguram hace 1.200 años, la convierten en una construcción sin igual en su excelencia.



Regresé a Gyeongju en bus y decidí alquilar una bicicleta para proseguir mi recorrido por los demás sitios de interés repartidos por la ciudad que denominan museo al aire libre / museo sin techo, por la apabullante cantidad de joyas históricas que contiene. La wikitravel me había avisado de que probablemente me pedirían 10 000 wones por el alquiler de un día, por lo que me informé en la oficina de turismo sobre cuál era el precio real. La respuesta: 6800.

Así que me dirigí a la señora y le dije que cuánto costaba alquilar la bicicleta un día y, dicho y hecho, al ver mi careto (me imagino que es un honor reservado a los extranjeros) me soltó "son die mil", como en el anuncio. Pero yo le dije que "de eso nada, monada, y le mostré el número 6800 que había escrito en una hoja, avisado del posible timo. Son solo dos euros de diferencia, pero más que nada es el acto de timar el que me fastidia, algo que, por cierto, se produjo solo en este caso durante todo el viaje por Corea (bueno, además de los taxistas de Jeju sin taxímetro). Me dijo entonces que lo dejaba en 7000 y, francamente, no me iba a poner a discutir por 200 birriosos wones, quicir: no me salía de los cowones (tenía que escribirlo, lo siento).

He aquí algunos de los sitios visitados:

El observatorio Cheongseongdae ('torre que mira a las estrellas'), el más antiguo de Asia Oriental y una de las instalaciones científicas más antiguas de la Tierra (siglo VII).



Las ruinas del templo Hwangnyongsa (siglo VI). Albergaba una pagoda de 9 pisos, la más alta de Corea (en algún lado leo que también de Oriente). Su construcción supuso 93 años de trabajo hasta su compleción en el año 646. Lamentablemente fue reducida a cenizas por los mongoles en la invasión de 1238. No sería muy difícil, ya que estaba hecha de madera.

Cuando uno viaja por Corea y visita lugares de importancia histórica, se da cuenta de la lamentable, despiadada e ignorante estela de destrucción que tanto mongoles como japoneses dejaron a su paso. Me atrevería a decir que, si visitas algún lugar de importancia histórica en Corea, es probable que sea una reconstrucción del original, destruido por cualquiera de estos dos salvajes imperios (en especial los mongoles, por su atrocidad sin límites y falta de cultura).


Uno de los sitios que más me gustó fue el estanque de Anapji. Este es el nombre popular, que el pueblo le acabó poniendo a tenor de la gran cantidad de ocas/gansos (an) y patos (ap) que frecuentaban el lugar. El nombre original era Wolji. He aquí la información oficial:

Según el libro histórico Samguk-saji, durante el 14.º año del reinado de Munmu (d.C 661~681) en el período de Silla (57d.C ~ 935d.C), se construyeron pequeñas montañas y un enorme estanque dentro del palacio. Además, se plantaron hermosas flores y se introdujeron animales exóticos para crear un encantador ambiente de jardín. El estanque Anapji se encuentra en Wolseung (una fortaleza construida en 101 d.C en el período de Silla). Según una exvación realizada en 1974, las formas esféricas (200 metros de diámetro y 180 metros de alto) indican que había 3 islas dentro del estanque. Gracias a la continua restauración, acutalmente, se puede ver el estanque Anapji en su original esplendor.

Fue aquí donde me encontré con muchos niños que, asombrados ante la presencia poco frecuente de un occidental, me saludaron uno tras otro con un "helloooo!". Bueno, todos menos uno, que fue más allá y me dedicó un: "Hello, Steven Jobs!". ¿Hasta dónde ha llegado la influencia de Apple? Supongo que mi aura de genio provocó su confusión, porque espero no parecerme físicamente. En ese caso, espero que tu iPhone expire en pocos días, infusorio. Pero bueno, eso no tengo ni que desearlo, todo iPhone la espicha más temprano que tarde.



Siguiente visita, el templo Bunhwangsa:

Construido durante en el año 634, durante el tercer año de reinado de la Reina Seondeok, 27ª monarca de la Dinastía Silla. Los prominentes monjes budistas Wonhyo y Jajang residieron en este templo.

Al tener una larga historia, este templo albergaba muchas reliquias históricas, pero la mayoría se han perdido debido a las invasiones mongolas y japonesas. Se conservan la Torre de Piedra Mojeon, Hwajaengguksabibu (piedra memorial de Wonhyo, renombrado monje budista de la Dinastía Silla), Samnyongbyeoneojeong (manantial en el que según una leyenda residían los tres dragones que protegían el Reino de Silla), y los pilares Danggan.

La Torre de Piedra Mojeon, registrada como Tesoro Nacional número 30, alcanza una altura de 9.3 metros, y fue construida usando bloques de andesita. Aunque se piensa que la torre tenía 7 o 9 niveles, hoy en día se conservan tan solo 3. Los pilares Danggan, dos pilares de piedra de 3.6 metros de altura, están situados en la entrada del templo. Danggan se refiere a los mástiles hechos de madera, metal o piedra, que se usaban para colgar las banderas que indicaban los festivales budistas para que se enterasen incluso las personas que vivían lejos. Los pilares están soportados por tortugas de piedra, una característica poco común. También hay estatuas de Buda que se exponen en el Museo Nacional de Gyeongju, y que fueron encontradas en un pozo situado 30 metros al norte del muro posterior del Templo Bunhwangsa.

No quería detenerme a comer, porque el tiempo apremiaba ligeramente y quería disfrutar con tranquilidad de cada uno de los sitios. En realidad podía devolver la bicicleta a las 19 incluso, pero quería volver antes para cenar con tranquilidad y acostarme relativamente pronto, ya que al día siguiente tenía que madrugar. Lo que comí fue la especialidad de Gyeongju, un "pan tradicional" con un parecido realmente asombroso a un dorayaki.



Estoy seguro de que a Doraemon le habría encantado. 


La siguiente visita fue uno de los lugares que más me gustó. La música agradable y de tenue volumen que sonaba por los altavoces contribuyó a este deleite de paseo alrededor de los túmulos que constituyen las tumbas de antiguos reyes del reino de Silla. El recinto en sí se llama parque de los túmulos Daereungwon (Cheonmachong).

 
 De los grupos de túmulos (túmulos funerarios) esparcidos por todo Gyeongju, Daereungwon (대릉원) es el mayor, con unos impresionantes 23 túmulos funerarios del reino de Silla. El área ha sido ajardinada en un hermoso parque, permitiendo a los visitantes la oportunidad de disfrutar de la plena Naturaleza y de sumergirse en la historia de la era de 1.000 años de antigüedad. El único túmulo funerario que ha sido identificado, hasta el momento, es la tumba “Michuwangneung” del rey Michu, el decimotercer gobernante del estado coreano de Silla (262-284 a.C.). El túmulo funerario más famoso es el llamado “Cheonmachong” (천마총), porque da a los visitantes la oportunidad de echar una ojeada en el interior de la tumba. El nombre de la tumba proviene de la pintura Cheonmado (Pintura de un Caballo Celestial) que fue encontrada dentro de la tumba durante la obra de excavación realizada en 1973. La corona de oro encontrada en el interior del túmulo es conocida como la mayor y la más magnífica de todas las coronas de oro encontradas hasta la fecha, y es reconocida generalmente como un símbolo del reino de Silla. Una visita a “Cheonmachong” muestra tanto la construcción de las tumbas como qué clase de artículos fueron enterrados allí.

Hay otros sitios de interés, pero estos son los que quería resaltar. Una vez acabado este recorrido, devolví la bici y cogí el tren de vuelta a Busán. Como tenía la suerte de encontrame por la zona de Haeundae, aproveché para ir a un restaurante de fugu con más de 40 años de tradición (frecuentado por locales) y degustar por primera vez este pez ultravenenoso que, de no prepararlo bien, puede ser muy peligroso. Es el pez que aparece en un capítulo de los Simpson. La guía me decía que este tipo de restaurantes solía ser fácilmente reconocible por la figura del pez en el cartel, pero lo cierto es que el cartel estaba en la entrada del restaurante, no fuera, así que no fue tan fácil.


Una vez dentro del restaurante, pedí el fugu con fideos que tenía un aspecto bastante picante. Me gustan las comidas picantes, pero la coreana que me atendió me avisó de que era muy "spicy, spicy". Yo quería pedirlo de todas formas, pero ella insistía y quería explicarlo mejor. En esto dijo "nihongo..." y le salté rápidamente en japonés. Aliviada, me dijo básicamente lo mismo y entonces le pregunté qué me recomendaba. Me dijo que la sopa era lo mejor, y... ¿quién soy yo para llevarle la contraria? Al final le pedí la sopa y le pedí también que me explicase cómo comerla, porque te ponen tantos platos que a veces te pierdes. Me dijo que básicamente había que rebozar el fugu en la salsa roja (me imagino que sería gochujang), porque los platos acompañantes son eso, acompañantes (y puedes repetir lo que te apetezca, añadió).




No es un plato barato, pero me alegro de haberlo comido en Corea, porque los 12 euros (18 000 wones) euros se transformarían en un buen puñado de yenes en Japón. Por supuesto, dentro del mismo restaurante había otras variedades más caras, pero la sopa parecía el plato estándar. Y la verdad es que sales del restaurante lleno como una vaca. ¡Un buen día!

sábado, 12 de mayo de 2012

Busán: hostal, dulce hostal

Ya hacía tiempo que no escribía sobre viajes y tengo muchos pendientes, pero voy a empezar por los más recientes.

Ahora mismo me encuentro de nuevo en Seúl, en el hostal, a punto de salir para dar un paseo y tomar un delicioso bibimbap en un restaurante que figura en wikitravel. Llegué a Busan el día 9 y esto es lo que vi al día siguiente.


En primer lugar, la elección del hostal demostró ser muy acertada. No sé si es por la época del año (aunque a mí me parece de las mejores para viajar porque la temperatura es ideal), pero la cuestión es que cuando llegué al hostal, Emily, la joven coreana que lo regenta, me recibió, me dio todo tipo de indicaciones prácticamente con solo insinuar a dónde quería ir (imprimiendo horarios de trenes a Gyeongju, por ejemplo), y me dejó solo en el hostal, emplazándome para el desayuno del día siguiente. Después aparecerían dos coreanas, pero lo cierto es que durante una hora o más me sentí como si tuviera mi propia casa en este piso tan moderno y dotado de tecnología en una planta 47 de un rascacielos en una zona de Busán que, a la postre, acabaría estando situada en el sitio que ni pintado para mis propósitos.


Las vistas desde el hostal eran impresionantes. En realidad no tenía la impresión de estar en un hostal, sino en la casa de un amigo coreano bastante privilegiado. 


Después de un sueño reparador y un desayuno escaso pero eficiente, partí hacia mi primer objetivo turístico: el templo Haedong Yongkung (como siempre pasa con los nombres coreanos, se pueden encontrar varias transcripciones, como Haedong Yonggungsa: la que he escrito es la que ponía en el templo). Y me llevé mi primera sorpresa durante el corto camino a la parada, al enterarme de que los mayores grandes almacenes del mundo se encuentran precisamente en esta ciudad, algo que el Libro Guiness de los Récords puede atestiguar.


Fue un fallo no contar con el dinero exacto para pagar al conductor, porque lo hice con un billete de 5000, cuando el billete solo costaba 1800. Al ver que el conductor no reaccionaba, metí el billete en la caja donde se deposita el dinero, muy parecida al sistema japonés (que sin embargo te permite cambiar el dinero fácilmente para pagar) y me quedé con cara de capullo, pensando que me iba a quedar sin las vueltas. El conductor arrancó y yo me senté resignado, pero por dentro pensaba: "Bueno, esto es Corea, que no [insertar nombre de país tercermundista o poco serio], seguro que al final se aclara el entuerto". Al cabo de unos minutos establecí contacto visual con el conductor, que me miraba de vez en cuando, y me dijo "wait, wait". Yo me preguntaba: "Wait, wait porque me va a enseñar dónde bajar, o porque me va a dar las vueltas...". La cuestión es que todo el mundo que subía pagaba con tarjeta, pero el que lo hacía con dinero se lo entregaba a él directamente. Al final, cuando hubo acumulado los billetes suficientes, me hizo un gesto y me dio las vueltas, para mi alivio (más que por el dinero, fastidia sentirse estafado por ser extranjero). Por si fuera poco, también me avisó de cuándo llegaba la parada concreta. Lo saludé al salir y me dirigí al templo.


Hay dos templos principales en Busán, pero el es mi favorito, por la zona donde está enclavado: ¡en plena roca! Lo fundó un monje llamado Naong en el año 1376, pero, como tantas otras obras históricas coreanas, fue reducida a cenizas por los japoneses en 1592. Es una delicia escuchar el embate de las olas contra la roca, la brisa homónima que te envuelve y los cánticos budistas del templo, acompasados y graves, que inundan este remanso de sosegada espiritualidad. Me habría quedado allí un poco más incluso, completamente en Babia, mirando al horizonte marino, pero había un bus de vuelta que coger y otra combinación de metro y bus que emplear para el siguiente templo. Cuando salí, me encontré con una excursión del INSERSO coreano en pleno. Lo cierto es que suele haber dos tipos de grupos de turistas: escolares de excursión o INSERSO japonés o coreano de viaje.


La siguiente parada es el templo Beomeosa, mucho más antiguo (678) y sin duda de mayor importancia, pero menos inspirador, por lo que a mi gusto respecta. Si Yongkeung estaba emplazado casi en el mar, este se encuentra ubicado en plena montaña. Lo mejor es que se ofrece una guía en forma de una especie de PDA interactiva que llevar colgada. Entre las cosas que recuerdo están los cuatro guardianes, uno para cada punto cardinal, que guardan una de las puertas principales. 

 

Como la información sobre el templo se puede encontrar en el útil portal oficial de turismo de Corea (visitkorea.com), está de más explayarse aquí. La Wikitravel pone que la entrada cuesta 1000 won, pero en realidad es gratuita.


Después de este templo quedaba tiempo para un par de cosas más: la zona "restaurada" de los 40 pasos (40 steps), las vistas desde la Busan Tower del parque Yongdusan y el espectáculo "Aquatique Show" del centro comercial Lotte. 

 

La Wikitravel resultó ser bastante útil para aprovechar un día en Busán, que rematé siguiendo una de las recomendaciones gastronómicas: comiendo daegu tang (대구탕), una sopa de bacalao con los sempiternos acompañantes de la gastronomía coreana.


jueves, 26 de mayo de 2011

Gastronomía coreana


A los ojos de un occidental, y sobre todo un lucense, la gastronomía coreana es exuberante y toda una fuente de nuevos sabores, que hace honor a su fama de picante por el empleo frecuente de especias.

Probablemente cualquier persona ajena que no haya tenido ningún contacto con esta gastronomía conocerá el dato más llamativo y, por tanto, cogerá la unidad por el todo para llegar a una conclusión de forma silogística:
  1. Los coreanos comen perro.
  2. Comer perro es algo asqueroso.
  3. La comida coreana da asquito (los más maliciosos podrían extraer el silogismo Los coreanos dan asco).
Supongo, astuto lector, que al leer el título de esta entrada habrás pensado inmediatamente que la cacerola de la foto superior contiene carne de perro. ¡Pues no! Ahora estarás pensando "Ya lo sabía, payaso. Puedo distinguir perfectamente esa carne asquerosa". En ese caso, estás equivocado, porque es efectivamente carne de perro. Ya he comentado en las entradas sobre Corea que no pude probar este plato porque tenía el estómago lleno cuando por fin encontré el restaurante. Sin embargo, en Vietnam (entrada en proceso de elaboración) pude probarlo al fin. Tampoco lo pude hacer cuando estuve en Hong Kong, ya que la venta de este tipo de carne está prohibida desde la década de los 50, so pena de multa o arresto. Por otra parte, durante los Juegos Olímpicos de Seúl o Pekín se prohibió temporalmente su disposición o la inclusión en los menús de los restaurantes, por eso de la mala fama que tiene en el extranjero. En coreano se refieren a la carne de perro como gaegogi (개고기). La mayoría de mis amigas coreanas no lo ha probado nunca. Si estas cosas no os revuelven el estómago, aquí tenéis un ejemplo de perrito asado un poco más repulsivo.

Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué tiene de malo? ¿Por qué mostramos repulsión por la muerte de un perro y no tenemos piedad con esos lindos polluelos o esos conejitos tan adorables? Os invito a que veáis Nuestro pan de cada día para ver la forma en la que se sacrifican estos animales y se procesan sin que nosotros seamos tan conscientes como lo somos empero al pensar en un pobre can. Hay que puntualizar ciertas cosas, sobre todo el hecho de que estos perros se crían específicamente para eso, al igual que haríamos nosotros con las gallinas o los cerdos de una granja. En esta entrada sobre Corea se pueden ver dos ejemplos perfectamente diferenciados de perro doméstico y perro comestible.


El kimchi ya son palabras mayores. Este que vemos en la foto no es real, ya que está tomado del National Folk Museum de Seúl, en el que pude ver varios reportajes sobre esta col china tan representativa que se caracteriza por su sabor picante. Cada región de Corea tiene su especialidad, y hay muchas variedades. Al igual que el natto (semillas de soja fermentada) o el miso japonés, se trata de un alimento fermentado. En el caso del kimchi, se conserva en tinajas de barro, que pueden estar enterradas bajo tierra durante incluso 10 años (claro que los que no viven en el campo tienen que utilizar otros métodos, como un refrigerador). La variedad más común es el baechu kimchi, aunque todas parecen tener en común capacidades beneficiosas para el organismo. Según Wikipedia:

Se conoce ampliamente por los beneficios que puede dar a nuestra salud: levanta las defensas de nuestro cuerpo, es antioxidante y ayuda a eliminar el colesterol. Estimula el apetito y limpia los intestinos con su contenido en ácido láctico. Investigaciones recientes han establecido que el kimchi contiene una gran cantidad de vitamina C y carotenos, así como también proteínas, carbohidratos, calcio, y vitaminas A, B1 y B2.

Una amiga coreana me comentaba como prueba la nula repercusión del SARS en Corea, en los años 2002-2003. Y, por lo que parece, no fue un caso aislado. Según leo en Corea Hoy:

El día 29 de abril de 2005, el diario "The Wall Street Journal" informó que el kimchi, plato nacional coreano de vegetales fermentados, era altamente eficaz para prevenir la gripe aviaria, citando los resultados de un experimento científico.

En un experimento separado realizado recientemente por un profesor de microbiología de la Universidad Nacional de Seúl, 11 de 13 pollos atacados por la gripe aviaria se recuperaron totalmente después de habérseles inyectado bacteria extraída del kimchi. El profesor dijo que la bacteria conocida como leuconóstica, un tipo de bacteria láctica, previene la diseminación de gérmenes infecciosos al atacar los virus y fomentar el sistema de inmunidad.

Un pastel de arroz con sabor a calabaza. Una auténtica delicia con la que nos obsequió la madre de Crystal para comer durante la visita a Hwaseong.

He aquí una parrillada a la coreana.



El sikhye es otra bebida tradicional coreana. Este ejemplar en concreto lo preparó la madre de Crystal, aunque el bufé coreano en el que suelo comer a veces lo sirve más bien en forma de postre y con un color rojizo. Como se puede apreciar en la foto, se añaden granos de arroz cocidos.



He aquí la maravillosa cena preparada por la igualmente encantadora madre de Crystal. Pequeños aperitivos, sandía y sikhye para remojar el gaznate, la comida ligera ideal para un día de verano.


Los tres boles de arroz de los comensales están rodeados por numerosos ban-chan (반찬). Se asemeja a otras gastronomías orientales en el sentido de la ausencia de una sucesión de platos propiamente dicha y bien diferenciada: primer plato, segundo plato, etc. Son como pequeños satélites de "tapas" en torno a los platos, por así decirlo, principales.



En el centro tenemos el okonomiyaki coreano, llamado chijimi. Puede ser de ese color, parecido a una tortilla, o bien rojo y de sabor más picantillo. Este último se consigue añadiendo kimchi, aunque en ese caso he leído que se llama kimchijon (el pajon es parecido al chijimi, pero con muchas cebollas verdes). A su derecha se halla la salsa de soja, situada encima de una sopa de soja, que a su vez se encuentra a la derecha de esas tres corvinas. Lo que hay a la derecha de ellas es probablemente bulgogi, ternera marinada. Encima de esos tres pececillos se encuentra el deodeok, como se le llama en coreano a la raíz de la codonopsis lanceolata. Sobre ella se encuentra el kkae nnip: curiosamente se suele traducir como "hoja de sésamo" (así se encuentra en muchos libros de recetas coreanos), pero en realidad son hojas de la perilla, un género de plantas. A su derecha reposan los restos de una berenjena, debajo de la cual hay unas raíces picantes y rojas. El plato debajo de ellas contiene ternera con cebolla y sésamo, y en la parte del extremo inferior derecho hay... medusa.

Debajo del okomiyaki se encuentran los tallos de rábano (¡qué ricos!), a su izquierda cangrejo picante, a la izquierda de este tallos de ajo. Encima del cangrejillo había... ¡gelatina de bellota! Son los trozos marrones. Muy interesante. A su izquierda un simple pepino, a la derecha del pepino unos evidentes brotes de soja, encima de los cuales hay rábano de nuevo. Creo que los dos restantes son tallos por una parte y tiras de alga por otra.



Muchos pueden pensar que el licor tradicional de Corea por excelencia es el soju (imagen superior), lo cual es un craso error, dado que su historia se remonta a tan sólo 600 años. Tal honor corresponde al makgeolli (막걸리).


Esto es gopchang (곱창), una parrilladita de intestinos de buey, estómago y corazón, además de pasteles de arroz coreanos (los trozos verdes), llamados Tteok (떡).


El bibimbap ('arroz mezclado') es, probablemente junto al kimchi, uno de los platos estrella de la gastronomía coreana. En esta imagen se aprecian los ingredientes básicos: carne, verduras, arroz hervido, salsa gochujang y un huevecillo (solo la yema). Una vez, servido, todo es cuestión de revolver. En Japón también está rico (sin llegar al de Corea), pero lo curioso es que suelen ponerlo sin carne.



Es probable que me falle la memoria, pero lo siguiente se llama tteokbokki. Lo que está claro es que esa especie de macarrones son pasteles de arroz coreanos, que no se utilizan solo como postre, sino también en comidas. Me parece un plato delicioso y una sabia elección a la hora de presentar la comida coreana a los estómagos más delicados y conservadores. En Japón también solía comerlo en un restaurante coreano. Por desgracia, tenía un sabor mucho más dulce, lejos de la exquisitez del coreano. La regla se cumple también con la comida coreana: la que comas en el propio país poco tiene que ver con la que pruebes en el extranjero.



El makgeolli es el vino de arroz coreano, una aunténtica delicia cuyo mayor peligro estriba en que es tan fácil de beber que te pones piripi sin darte cuenta, a pesar de que su graduación es baja (6,5%). Tiene una tradición de milenios; en este sentido, se podría decir que el makgeolli es para los coreanos lo que la cerveza es para los alemanes o el sake para los japoneses. Este denso vino blanco de arroz tiene un aroma fresco y afrutado, que hizo que durante la Dinastía Goryeo (918~1392 d.C.) fuera considerado no solo como una bebida alcohólica, sino también como un refresco saciante, convirtiéndose en la bebida favorita de los granjeros, lo que le valió el sobrenombre de nongju (농주) o 'licor de granjeros'.

Pero lo que comenzó siendo el licor de la clase trabajadora se ha transformado en nuestros días en la bebida favorita de todo tipo de personas, traspasando incluso las fronteras de la nación y convirtiéndose en un éxito sin precedentes en los países vecinos, como Japón.

El makgeolli se elabora básicamente con arroz glutinoso, cebada, harina y trigo, cocidos al vapor y mezclados con levadura y agua. El líquido resultante se deja fermentar de forma natural y, dependiendo del tipo, recibe nombres diferentes, como tak-ju, en referencia a su color blanco mate. Actualmente en Corea hay más de 700 productores de makgeolli, cada uno con sabores diferentes.

Normalmente se toma acompañado de pequeños aperitivos, como el pajeon (파전), una especie de panqueque elaborado principalmente de huevo y harina, con cebolleta. Por cierto, este que nos sirvieron traía un bichito de regalo (puede que una pequeña cucaracha), por lo que no nos lo cobraron. El detalle fue que tampoco nos cobraron el makgeolli, por lo que salimos medio borrachos y sin haber gastado un duro. Además, el chico salió todo atento para hacernos la foto delante del local.



Por último tenemos el Jjimdak, pollo hervido aderezado con pimiento rojo picante, champiñones, zanahoria, y verduras varias, dangmyeon (fideos finos de almidón) y la salsa ganjang (salsa de soja) coreana.



Bueno, espero que esta entrada haya servido para daros a conocer una pequeñíiisima porción de los suculentos manjares que podréis catar si se os ocurre ir por Corea.

martes, 8 de diciembre de 2009

Corea: tensión y distensión (7/7)

"¿Cuántos años tienes?". Esta pregunta tiene dos posibles respuestas para un coreano. ¿Por qué? Porque existe una "edad coreana", ligeramente diversa a la edad "internacional", por así decirlo, que se ve reflejada incluso en los formularios. Mis dos amigas tienen 25 años coreanos, pero 23 "reales". ¿Y cómo se come eso? Pues bien, como si de un Rouco Varela asiático se tratase, en la cultura coreana se empiezan a contar los años desde que el bebé está en el vientre de la madre que lo parió, bueno, de la madre que lo parirá. Así pues, el primer cumpleaños del querubín se celebra a los 100 días. Por otra parte, el comienzo de un nuevo año añade otro ídem más a su edad. Es decir, que esto genera casos tan exóticos como que un bebé de 4 meses, nacido a comienzos de septiembre, tendrá nada más y nada menos que 2 años el 1 de enero.

Me imagino los pros y los contras que tendrá esto: desde excusas del tipo "Eh, ya puedo fumar, que tengo x años" o lo que yo llamo el "trauma doble". Pongamos por caso a una mujer que va a cumplir los 30 años coreanos: el día de su cumple reflexiona sobre lo sola que se siente, y que el arroz ya se le está empezando a pasar, que no tiene novio ni visos en el horizonte. Pues bien, ¿se repetirá la escena cuando cumpla 30 años occidentales? ¿Qué pensará?

Dios mío, antes estaba sola, pero por lo menos solo a nivel coreano. ¡Ahora mi soledad ha alcanzado cotas internacionales!

La verdad es que, tocando de paso el tema "matrimonio", Corea parece un país algo más chapado a la antigua en este sentido. Me refiero a que, hace tan solo una o dos generaciones todavía eran habituales los matrimonios arreglados, ¡en algunos casos extremos hasta antes incluso del propio nacimiento del individuo! En el caso de Minji, el padre de su novio la llama habitualmente, como si quisiera tenerla controlada, ¡ja, ja!. Afortunadamente, hay amor.

El último día fui a ver otro de los lugares de Corea catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La fortaleza de Hwaseong, en la localidad de Suwon (que integra el área metropolitana de Seúl).

La visita comenzó en Hwaseong Haenggung, una muestra muy representativa (hablo como si fuera un erudito en la materia, pese a no tener ni pajolera idea) de la arquitectura de la dinastía Joseon. Construido en 1789, era la residencia del rey Jeongjo, todo un ejemplo a seguir en cuanto a piedad filial se refiere. Por lo que parece, profesaba por sus padres una devoción sin igual... Bueno, prácticamente igual que el desprecio que sentía por su hijo, al parecer aquejado de cierto retraso mental. El rey, ni corto ni perezoso, lo encerró en una caja de madera hasta que el pobre murió de inanición. ¡Con dos cojones!

Minji en la espaciosa vivienda del hijo del rey. ¡Todo un lujo para alguien que vive en Tokio!


La entrada principal de Haenggung recibe el nombre de Sinpungnu (significa 'nueva ciudad natal', lo cual refleja el cariño del rey por Suwon). Allí se mudó para estar cerca de la tumba de su padre, que veneraba 13 veces al día, y construyó la fortaleza de Hwaseong para proteger su tumba. En la puerta vemos el famoso símbolo del yin (la parte roja, que representa la luz y el calor) y el yan (símbolo del frío y la oscuridad), que forma parte de la bandera de Corea, llamada Taegeukgi.


La fortaleza de Hwaseong se construyó entre 1794 y 1796. El rey Jeongjo trasladó la tumba de su padre, el príncipe Jangheon desde el monte Baebong de Yangju al monte Hwa de Suwon y fundó el templo de Yongjusa con el fin de rezar por las almas de los difuntos.

Paldalmun, la entrada meridional

Minji en el estanque de Yongyeon, con el Dongbukgangnu al fondo, captada en el trágico momento en que su móvil decidió darse un bañito. Después comprar una red para tratar de cogerlo, uno de los coreanos que pululaba por allí se ofreció a cogerlo por el módico precio de 50.000 wones, unos 30 euros. Como la red fue un intento infructuoso, el coreano acabó metiéndose en el estanque para encontrar el teléfono, y servidor apoquinó. El tiempo invertido por estas dos chicas para mostrarme su ciudad y su cultura, además de acogerme en su casa, bien lo merecía.


Minji se sorprendía por el interés con el que examinaba cada una de las inscripciones y letreros informativos sobre las características y funciones de cada uno de los puestos, torretas o las puertas secretas por las que llegaba el armamento o los víveres. Lo cierto es que hay mucho que comentar al respecto, pero entonces esto acabaría convirtiéndose en un mero panfleto turístico, y ahora que reviso esta entrada para publicarla (8 de diciembre), mi memoria falla cual escopeta de feria al recordar la información. No tendría mucho sentido copiar y pegar de la Wikipedia (a la que debo recurrir de todas formas numerosas veces, pero pa eso he donado 20 dólares x-D).



Ya habíamos comido el piscolabis que nos había preparado la maravillosa madre de Crystal, por lo que no pude probar la comida de perro cuando Minji avistó el restaurante de esa foto. Los caracteres coreanos así lo indican.


Dongbukgangnu (Banghwasuryujeong)


Corea ha sido una sorpresa muy agradable que no me esperaba, aunque todo se debe a las guías y su disponibilidad. Si bien Seúl es una ciudad en la que uno se puede manejar (aunque no tuve la necesidad de hacerlo por mí mismo), lo cierto es que la experiencia de la sauna, la planificación para ver lo máximo posible, aprender tanto sobre la gastronomía (que desglosaré en dos entradas el próximo año), las costumbres y la vida de los coreanos en un tiempo tan limitado me resulta muy enriquecedor. Seguramente me he dejado muchas cosas en el tintero, aspectos que me hubiese gustado mencionar por resultar curiosos para nosotros. Hace poco hice un hueco para aprender coreano y me gustaría leer sin dificultades para poder llegar a adquirir un vocabulario y una conversación básicas.

Quizás sea Corea un país minusvalorado como destino, pero con dos buenas amigas como guías, toda tensión con el norte se convierte en distensión.

Crystal y Minji, dos guías maravillosas.