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lunes, 24 de diciembre de 2012

La catedral de Lugo, entre bambalinas

Resulta curioso cómo uno puede emprender los más variopintos y exóticos viajes para cuando, al regresar a su ciudad natal, se encuentra todavía con rincones no explorados, datos desconocidos, vistas insólitas y, en definitiva, un patrimonio cuyo valor no había logrado llegar a apreciar en su justa medida.


Tras una labor de restauración pormenorizada de las torres de la catedral, hace unos dos meses se puso en marcha una loable iniciativa que repercutía en el interés no solo de cualquier turista en Lugo, sino también de los propios lucenses: se habilitaba una de las torres para la realización de visitas guiadas, un primer paso de un proyecto aún más ambicioso que tuvimos el honor de disfrutar ayer domingo.


Lo cierto es que no podíamos haber elegido mejor día: un cielo azul tan divino como este lugar de culto nos acompañó durante toda la visita, que se prolongó incluso 20 minutos más de la hora prevista. El cura que nos acompañó no escatimó detalles sobre la historia de la catedral ni alguna de las joyas (para mí) desconocidas que alberga.


La visita comenzó precisamente con una breve introducción en donde se mencionaba la joya mayor. Según el guía (y cura a la vez) se trata del breviario de música medieval más importante del mundo. Conocido por los estudiosos como el Códice de Lugo, data del siglo XIII y contiene lecturas históricas y piezas musicales tanto gallegas como internacionales. Según el investigador musical Manuel Rey Olleros, también contiene «piezas que permiten interpretar otras del [ahora más famoso si cabe] Códice Calixtino [de la catedral de Santiago]». Tal es su importancia entre los historiadores de la materia que la Universidad de Indiana lo ha digitalizado y, gracias a ello, se puede consultar en línea.




Este es uno de tantos vínculos entre ambas catedrales que descubrimos durante la visita. Por ejemplo, el insigne arquitecto Domingo Antonio de Andrade, (autor de la torre del reloj de la catedral de Santiago, entre otras cosas) diseñó la sacristía. De hecho, muchas de las obras e innovaciones que se hacían en Lugo se aplicaban después en Santiago y viceversa.

Después de esta primera revelación pasamos al triforio, cuya anchura me dejó perplejo, pues tenía entendido que eran siempre espacios más bien angostos. Pero no en vano el triforio de la catedral de Lugo es uno de los más anchos de España. Desde aquí pudimos hacernos una idea del diseño que presenta la catedral, con el altar al fondo y los famosos retablos de Cornelis de Holanda a ambos extremos del transepto. Esta es otra de las joyas de la catedral: datan del siglo XVI y sufrieron graves daños por el terremoto de Lisboa de 1755. Desde entonces los dos fragmentos conservados se colocaron en una ubicación que suele despertar la curiosidad entre los visitantes, pues muchos afirman que es la primera vez que ven un retablo colocado encima de una puerta.

Aquí se puede apreciar la piedra nueva que hubo que poner a raíz del terremoto.

Nuestra catedral es, en realidad, una suerte de catálogo de arquitectura, porque contiene rasgos estilísticos del románico, barroco, renacentista, neoclásico, gótico... ¡e incluso rococó! Esto se debe a las muchas manos sobre las que descansó la responsabilidad de construir o renovar la catedral. Se atribuye su autoría al maestro Raimundo, en el año 1129, pero quizá sería más exacto afirmar que no fue una construcción en el sentido de empezar desde cero, porque se partía del templo que el obispo Odoario había erigido en el siglo VIII. Su belleza no era nada desdeñable porque, según parece, se utilizó como modelo para la catedral de Oviedo. Lugo le debe mucho al obispo Odoario, que había regresado del norte de África al rendirse a la evidencia ante el auge del islamismo, por su labor repobladora y sus dotes organizativas.



¿Pero era esa realmente la primera iglesia que existió en Lugo? Algunas hipótesis señalan que los restos desenterrados el año pasado en la plaza de Santa María de Lugo no forman parte de un baño público o la piscina de un creso patricio; los motivos cristianos de los mosaicos sugieren que podría tratarse de un baptisterio. Como muchos saben, bajo el suelo de la ciudad de Lugo se encuentran todo tipo de reliquias de su pasado romano, incluyendo un palacio que se extiende desde la plaza de Santa María hasta la plaza de Santo Domingo. Mientras tanto, esos tesoros yacen enterrados bajo la arena. Cada día caminamos sobre tesoros con casi dos milenios de antigüedad.


Para mí, uno de los aspectos más desconocidos de la catedral era que, en realidad, se conservan más detalles de la arquitectura gótica que la románica. Por ejemplo, su característica girola, que alberga varias capillas en su recorrido. En el triforio pudimos contemplar varias esculturas de piedra y madera policromada, estas últimas realizadas mediante un proceso denominado estofado. Algunas formaban parte del famoso retablo y se pueden apreciar pequeños orificios perpetrados por las infames carcomas.


Pero la pieza estrella de este incipiente museo catedralicio es, sin duda, el Crismón de la Hermida (Quiroga), que data probablemente del siglo V y constituye el testimonio más antiguo de la presencia del cristianismo en Galicia. El cura nos decía que la inscripción en latín que presenta hace suponer que su origen es muy culto, porque la leyenda es de tamaña complejidad y belleza que no podría ser un objeto particular, sino que debería formar probablemente de un mausoleo erigido en honor de algún noble romano. Como se dice en la web del Museo Diocesiano Catedralicio:

La inscripción marginal, entre las dos circunferencias concéntri­cas, está formada por dos versos latinos: un exámetro y un pentámetro, que dicen: "AVRVM VILE TIBI EST ARGENTI PONDERA CEDANT PLVS EST QVOD PROPRIA FELICITATE NITES", lo que, traducido al castellano, significa: "EL ORO ES COSA VIL PARA TI; NO DIGAMOS YA LA PLATA; ES MUCHO MÁS LO QUE BRILLAS POR TU PROPIA FELICIDAD".
Tal inscripción sólo tiene sentido si se da por supuesto que el personaje a quien se dedica, era un hombre muy rico, que se convirtió al Cristianismo y mereció ir al Cielo.



Después de este paso por el triforio pudimos disfrutar del atractivo principal que nos sugería la visita: subir a una de las torres sur para poder contemplar vistas nunca vistas. Mucho han cambiado de aspecto las torres desde que estaban tan descuidadas que incluso el cura nos confesaba que se ponía morado de las moras que crecían en las zarzas de las torres. Para ahuyentar las palomas y sus excrementos corrosivos, la catedral cuenta con la inestimable ayuda de dos halcones que anidaron en las torres de forma natural, y algo aún más inaudito: una jineta en cuya existencia reparó uno de los técnicos que repararon las torres. Como es un animal nocturno, resulta difícil avistarla, pero los cadáveres de las palomas desprevenidas dan buena prueba de ello.



Desde aquí tenemos una vista privilegiada de la muralla y es probablemente el único sitio donde uno puede observar el claustro al completo. La única alternativa forma parte de otra de las sorpresas de la visita: desde una de las ventanas del triforio se puede acceder a una terraza que tiene vistas al susodicho claustro, a donde bajamos posteriormente para finalizar esta visita que, por un precio de 5 euros, merece mucho la pena.



martes, 11 de septiembre de 2012

テルマエ・ルクスエ (Thermae Lucus Augusti)


 Ahora que estoy leyendo el cómic de moda en Japón (Termas romanas), sobre un arquitecto romano que viaja en el tiempo al meterse en el agua para aparecer en varios sitios de Japón y aplicar la tecnología que ve en el país nipón en el propio imperio romano, es un buen momento para recordar que a nosotros, los lucenses, esto de las termas nos viene de lejos. En los textos posteriores a cada capítulo, la autora aporta información sobre termas antiguas y otro tipo de información sobre los aspectos de la vida cotidiana en los tiempos del imperio romano. Me quedaría de piedra si hubiese llegado tan lejos en sus investigaciones, pero Lugo bien merece una visita en ese aspecto. ¿Por qué?



Hace pocas semanas mi hermana y yo decidimos por fin aprovechar un hueco libre y perfectamente rellenable con una visita a las termas romanas de Lugo. Recuerdo, por alguna extraña razón haberlas visto en una foto de un periódico con una más que pobre iluminación, por lo que sospechaba que se limitaría a ser un pequeño recoveco en la planta baja del balneario de Lugo. La verdad es que, todo hay que decirlo, era una vergüenza ser de Lugo y no haber pasado nunca por aquí, pero ahora que veo cómo están, la considero una visita obligada.



 La verdad es que nos llevamos una buena sorpresa, porque estaban mejor iluminadas de lo que pensábamos, eran más grandes de lo que nos imaginábamos y, además, se podía caminar por ellas sobre una plataforma de madera. Estas salas que se ven aquí corresponden al vestuario (apodyterium) de los baños públicos de la época romana de nuestra (bi)milenaria ciudad. En estas tres fotografías se aprecian claramente una serie de huecos u hornacinas, en donde los usuarios de las termas guardaban la ropa.



Esta posibilidad de contemplar tan de cerca lugares de tamaña importancia histórica y pertenecientes a un pasado tan glorioso como el romano me deja siempre estupefacto. Estas termas datan del siglo I. ¿No resulta increíble pensar que, hace casi 2000 años, esos huecos estaban llenos de las ropas de la gente que poblaba Lucus Augusti? Quizá el hueco de la derecha fue utilizado alguna vez por algún centurión, por Paulo Máximo, por César Augusto... Es elucubrar demasiado, pero la cuestión es que no tiene tanta relevancia por quién haya sido utilizado en concreto, sino que cualquiera de aquellos ciudadanos del imperio llegaron realmente a utilizar este lugar, tan cerca de mi casa. Me parece fascinante.


 En el balneario no solo se conserva alguna zona de los baños termales, sino también la toma de agua original:

 
E incluso aras votivas (pequeños altares de la época romana dedicados a una divinidad en particular), la mayoría de ellas dedicadas a las ninfas, divinidades asociadas a todos los ámbitos de la naturaleza, fundamentalmente el agua, en concreto las aguas mineromedicinales. Aquí hay tres expuestas, y en el vídeo de la pared opuesta se explican las inscripciones que presentan, en donde se pueden encontrar el voto de acción de gracias o la petición concreta y el nombre del oferente.



 La parte superior, llamada foculus, es la reservada para las libaciones. En el campo epigráfico encontramos el texto. Aquí en la foto se puede apreciar claramente el texto Nymphis, así que ya sabemos a quién se ofrece y de parte de quién (aparece más abajo).


A veces tengo la impresión de que en Lugo podrías encontrar restos todos los días si vas armado con una pala. Tengo que admitir, para mi vergüenza de nuevo, que desconocía la posibilidad de observar los restos del acueducto de Lugo. Me lo encontré paseando con mi padre por los bellos jardines de la diputación. Se encuentra concretamente en la propia plaza de San Marcos.



Piscinas, mosaicos, acueductos, murallas, termas... Caminamos cada día sobre un pasado glorioso de otrora que se debe respetar, que conviene apreciar y del que no está de más enorgullecerse.

martes, 30 de noviembre de 2010

Polvo de nieve

Pauliña, tan pura de corazón como la blanca nieve. Sirva esta canción, titulada konayuki (粉雪: kona= (en) polvo, yuki= nieve) como homenaje a la persona que descumple años hoy. ¡Feliz descumpleaños!



Si te ha gustado esta canción, aquí tienes la versión en directo:


domingo, 28 de noviembre de 2010

La efímera vida del diente de león

Los japoneses se pirran por la fugacidad con la que la flor del cerezo se desprende para yacer en el suelo y teñir de blanco los verdes prados de los parques. Su contemplación es una cita ineludible por lo que a la idiosincrasia japonesa se refiere. Pues bien, en este vídeo podemos comprobar cómo se desarrolla este proceso en el caso de un diente de león.

Resulta un poco vergonzoso reconocerlo, pero lo cierto es que mi mente nunca había conectado ambas imágenes, tan dispares ellas.





Bella metáfora para la vida humana. Solo disponemos de una, y tenemos que disfrutarla al máximo. Desde hace un tiempo baso mi día a día en este principio epicúreo, tratando de evitar las obsesiones y preocupaciones excesivas en la medida de lo posible, tratando de ver las cosas por el lado positivo. Sin duda vivimos en unos tiempos duros, pero hay muchas personas que lo pasan mucho peor que nosotros y no debemos de dejar de ser conscientes de ello. Por lo tanto, ¡alegría y a disfrutar de las vacaciones con sus hijos y hermanos favoritos! Esto va lógicamente para don Servando, que cumple años hoy 28, y doña Paula, que lo hace dos días después. ¡Hasta pronto!

lunes, 4 de octubre de 2010

Fauna barraquera 2: San Froilán 2010

Es un panorama sobrecogedor. La migración de anguilas y salmones, ñus y antílopes, gansos y cisnes... Todos ellos recorren grandes distancias con el único objetivo de la supervivencia, la reproducción o ambas cosas. Son los grandes conocidos de la migración animal, pero hoy dedicamos a este espacio a una especie menos conocida, pero cuya hazaña resulta igualmente loable por su tesón, su talante de viajero impenitente que deja atrás su añorada tierra y su bienamado ganado. Son los homo aldeensis, más conocidos como aldeas.

Resulta difícil imaginarse un San Froilán sin estos individuos tan campechanos, de mejillas sonrosadas, piel hirsuta, manos callosas y ceño poblado. Cuando nos deleitan con su presencia en otras épocas del año, se concentran en su lugar predilecto, al amparo de la Marina Española. Noches de impacto, de arrebato y de como se llamen los demás baretos de esa calle.

No nos llevemos a engaño; sin el sacrificado trabajo de sol a sol por parte de muchos miembros pertenecientes a esta especie, nuestras vidas no serían lo mismo. El que carezca de sangre aldeana que fluya por sus venas podrá moverse en la ciudad como pez en el agua, pero se ahogará sin remisión ante la hombrada que se le antoja el matar a un animal. El rostro del ciudadano fuera de su elemento se torna macilento ante la matanza que presencia, y a los ojos del recio labrador ese otrora impasible y voraz consumidor de carne no es más que un lechuguino, un pazguato que, como tal, se pasma ante el milagro que presencia cuando ase la tetilla de una ubre para exprimir sus contenidos. Es entonces cuando el noble hombre del campo esboza la misma sonrisa que merece el hallar su presencia, el reparar en su porte y el escuchar sus palabras. ¿Qué diría un hombre refinado de antaño, un individuo de hogaño y un homus aldeensis ante la misma situación? No he podido evitar mojarme y plasmar mis conjeturas en negro sobre blanco:



—¡Voto a bríos que ese bellaco pagará cara su osadía!
—¡Maldita sea su estampa!
—¡Cajo na cona co pariu!

—Sin palabras me hallo ante tamaño desaguisado.
—Vivir para ver.
—¡Manda carallo!

—¿Me concede este baile vuesa merced?
—¿Quieres bailar conmigo?
—¿Jastas pista, moza?

—¡Ah, de la puerta!
—¿Podría abrirme, por favor?
—¿Abres ou non?

—¡Alabado sea Dios!
—¡Dios mío!
—¡¡Cajondiola!!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Vacaciones estivales 2010 (2)

Mika retratada ante Paulo Máximo y César Augusto, fundadores de la ciudad.

La presencia de Mika en Lugo es algo difícil de olvidar. Se me hace increíble pensar que alguien originario de Taiwán ha venido desde el remoto Japón a una ciudad modesta, pero con muchas cosas que ofrecer. Todos y cada uno de los breves instantes del poco tiempo disponible en Lugo fueron muy especiales, y para mí es difícilmente repetible lograr una ecuación de este calibre. Que se lo pregunten a mi amigo Diego. Que si el dinero, el poder coger vacaciones, el que yo esté en España. Es difícil de conseguir. Pero me alegro de haber mostrado a un extranjero por fin mi ciudad natal. Es la primera experiencia que tengo. Cómo me gustaría poder disfrutar unos cuantos días más, con la sensación tan extraña y novedosa de divertirme yendo de compras: (¡poco a poco lo voy comprendiendo, mujeres!) de hecho, ya lo he disfrutado un par de veces. ¿Será posible? He traicionado los más básicos estereotipos del varón clásico...



Para alguien de fuera, como lo fue Taiwán para mí, todo resultará exótico y fascinante. Para alguien "de dentro", ver al extranjero de turno comerse una orejilla en A Nosa Terra es una delicia, por un momento parece que estuviésemos haciendo vida aquí, y saliendo una noche como otra cualquiera para tomar un pinchito y el vinito de todos los viernes.

Pero el tour (ojo, palabro que la RAE ha propuesto suprimir) debía continuar, y de la hermosísima catedral neoclásica de Lugo pasamos a la catedralucha de Santiago de Compostela. Parece ser que es bastante famosa, sobre todo este año. Y ahora en serio, para un gallego sobran las palabras ante tal monumento. No solo la atracción principal, sino la siempre bella ciudad compostelana. Esta vez, además, contábamos con un guía turístico de excepción: Pedro, el novio de Ariadna. Nos deleitó con varias anécdotas sobre aspectos que incluso muchos santiagueses a buen seguro desconocerán: sombras misteriosas, aberturas preventivas, árboles proféticos o gárgolas escatológicas. Además de los datos puros y duros que Mika debía conocer.



Jorge nos acompañó durante la visita por Santiago, a todas luces necesaria para alguien que visita Galicia. Creo que con esta visita discriminatoria de otras partes de España más populares (Madrid, Valencia o toda Andalucía, por ejemplo) hemos hecho justicia a una zona del país ibérico en donde las temperaturas te conceden una tregua y que poseen un encanto ciertamente diferente. Sí, es la zona del Cantábrico, hogar de uno de los viajes que con más cariño recuerdo, el del 2007 con Trompi, Borja y Jorge.

De una catedral tiramos para otra, la Playa de las Catedrales. Su nombre auténtico es Praia de Augas Santas, y según una fuente que no quiero revelar (¡aaatxusto!, oigh, ¡qué catarro he pillado!), parece ser que efectivamente los dos sitios más visitados por los turistas en Galicia son dos catedrales.


En fin, lo cierto es que sí había bastantes turistas por allí. Me pregunto si algunos de ellos serían australianos, porque sus doce apóstoles de Victoria guardan un parecido semejante en cuanto a majestuosidad. Después de haber visitado ambos sitios, esta playa de Ribadeo me sigue transmitiendo un mayor encanto.



Qué gusto remojar los pies en esa agua gélida del Cantábrico... El mar acaricia tu piel y te envuelve en su arrastre. A lo lejos, tus oídos se rinden al sosiego que transmite el murmullo de las olas, y a medida que te acercas el embate eólico inicial pasa a ser el fragoroso embate del mar contra las rocas, una placidez abrumadora, y una bruma plácida. La batalla eterna de Poseidón contra Gaia que lleva dejando huellas imperecederas durante siglos, en los acantilados horadados y en las rocas esculpidas. Una obra de arte anónima que nos contempla al mismo tiempo que nosotros la contemplamos. Y cuando una vez más refrescamos los pies en esa agua gélida del Cantábrico, no podemos evitar postrarnos ante el único dios que veneramos en las catedrales: la vida.


Fue un bello comienzo del periplo asturiano, aunque el que escribe estas líneas tuviera que hacerlo prácticamente a la pata coja por la picadura de una faneca brava (Trachinus draco, conocida como escarapocho en Asturias: la muy cabrona se entierra en la arena para cazar a sus presas y ataca a sus depredadores con los radios de su aleta dorsal; por si fuera poco, no es comestible). Disfrutamos de una comida exquisita en La Terraza, como siempre que voy por allí, con los calamares en su tinta, las patatas bravas, el pollo al ajillo y una buena sidra. Después tuvimos tiempo para volver a nuestra más tierna infancia saltando las olas de la playa en esa, para mí, fatídica marea baja. Recuerdo que cuando llegué al puesto de socorrismo le pregunté al socorrista, valga la redundancia:

—Por la forma de caminar, sabrás por qué vengo, ¿no?
—Y tanto, eres el sexto hoy.

Cuando ya estaba acabando con mis curas, le llamaron por el walkie-talkie: una niña de 7 años se había convertido en la séptima víctima del día.



Fue un día bien aprovechado, sin duda, porque después llegamos a tiempo para que Diego y servidor se batiesen sobre el asfalto. Existe la grabación correspondiente, pero ya que he subido el vídeo del posterior duelo con Jorge, aprovecho para ponerlo aquí. Trece minutos insufribles para cualquiera que no sea o bien Jorge o yo, ya que el cámara hace de las suyas y graba unos bellos planos en los momentos más interesantes. Pobre Borja, con lo bien que se lo hubiera pasado tratando de lanzarnos caparazones rojos sobre la pista ;-).



El viaje por el Cantábrico aún daría más de sí :-).

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Feliz cumpleaños

Dizque hay una mujer,
razón de mi esencia primera,
suma hacedora de mi ser,
la prima y vera de todas: primavera.

Pasan en balde los años,
del halo de Cronos se esfuma,
el ojo sucumbe al engaño
que su belleza rezuma.

Su perenne y lozana sonrisa
inunda todas las fotos;
la buena vida pasa deprisa,
las desdichas son para otros.

La venera su alma gemela,
que en su lecho se despierta,
tras varias noches inciertas
en vela sin su damisela.

Sus dos hijos le profesan
la mayor de las devociones,
por su carácter, que embelesa,
por colmarlos de atenciones.

Su llama juvenil aún refulge,
no le invade la pereza,
de su espíritu vivaz no surge
signo alguno de flaqueza.

El reloj de arena se rompe
y ella juega a la rayuela,
no importa el cómo ni el dónde:
a la vejez, viruelas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

El garito del onanista

Como digno representante de una legendaria estirpe de caballeros pajilleros, recuerdo con cariño masoquista las innumerables ocasiones en las que malgastaba mi tiempo y mi dinero cuando la esperanza de mojar el churro ya se había diluido, gasificado y evaporado hacia la atmósfera de Venus. La llama de la diversión se apagaba en el momento de entrar al Garçon del pis; el nombre hace justicia a este lugar en donde comenzaba un tedioso y fútil ritual consistente en canciones y sintonías eternamente inaprensibles aderezadas con conversaciones ininteligibles, un sinfín de asentimientos con la cabeza cuando uno no entiende nada, algo que me ha acompañado desde aquellos tiempos, reforzado por el hándicap de las lenguas extranjeras. Y así, contemplando la entonación ajena de cánticos rebeldes y soñadores le robaba horas a la mañana y las invertía en la madrugada.


Casi allende el recuerdo quedan las veladas lucenses a la tenue luz de las candelas, en un lugar de precario asiento, olores nauseabundos pero debates encendidos, opiniones encontradas y pasiones exaltadas. Pensábamos que el tiempo se paraba, que la noche era tan joven como nosotros. Son momentos que ya nunca volverán, pero aún puedo dibujar el firmamento a través de esa ventana destartalada, aún me parece estar bebiendo ese vodka de pacotilla, aún veo a Fernando meterle mano a ese trasero desprevenido, a Nacho asomando con el gesto de la victoria, Berti siempre ojo avizor por visitas insospechadas, Rafa comentando las jugadas, Andrés luchando por su sitio, Corujo con su bebida inseparable y Carballido quitándome el simbólico carné que me abría unas puertas que se cerraron para siempre.

Caldo de cultivo para un futuro lleno de noches en las que mis salidas nocturnas acababan frecuentemente en una plantación de nabos, lo que en inglés se conoce como sausage party o brodeo, y que Flight of the Conchords me recordaban en este genial vídeo sobre esa lamentable situación de desventaja numérica con el singular título de "Demasiadas pollas".



lunes, 30 de noviembre de 2009

Albor

—Graciñas, Marquiños, prometo darte un respiro este fin de semana. Aunque ya sabes cómo son estas máquinas, no es que dependa mucho de mí.

El empleado, un técnico noblote y campechano, quitó hierro al exceso de horas extra que no parecía mermar su ánimo.

—Nada, Paula, para eso estamos —respondió con una sonrisa que traslucía resignación y bonhomía a partes iguales antes de abandonar la oficina.

Removió los papeles que se amontonaban en la bandeja, como queriendo calcular a ojo de buen cubero el tiempo libre del que iba a disponer el fin de semana. «Otra semana a mil... ¿Cuándo llegará el día en que deje de medir el estrés laboral en potencias de 10 elevado al cubo? No puedo desconectar siquiera la víspera de mi cumpleaños».

Transfirió al llavero USB su tortura sabática con visitas matutinas a parques incluidas, aderezada con informes que prometían acabar con cualquier viso de esperanza para disfrutar de una jornada domenical tranquila y reposada. Recogió a la hora habitual, siendo la única persona presente para dar el relevo a Fermín, el bedel curado de espantos con el que sentía identificada.

Emprendió el camino de vuelta a casa sometiéndose de nuevo a la jungla del asfalto coruñés, donde una jauría anárquica de coches jugaba a enmarañar, donde los intermitentes pierden su significado y los conductores malgastan sus últimas gotas de buen humor.

Respiró aliviada al llegar a casa sana y salva una vez más. Su cansancio era tal que, nada más llegar a la habitación, apenas dispuso del tiempo necesario para activar la alarma y ponerse agónicamente el pijama antes de caer profundamente dormida.

El maldito reloj cumplió desgraciada y robóticamente su función para así levantarse temprano, y adquirir por ciencia infusa la cara de pocos amigos que genera el levantar la persiana y ver qué poco efecto surte en la iluminación de la habitación. «No hay nada más deprimente que esto», pensó. Erguirte y descubrir que aún es de noche te transmite la extraña sensación de que el tiempo no ha pasado, que no has dormido y que todo sigue igual.

Sin apetito suficiente para un desayuno en condiciones, se dirigió como un zombi al coche para poner rumbo al parque de turno. Una de esas visitas prescindibles que con mucho gusto delegaría al primer desconocido que pasase por la calle.

Cuando llegó, se alegró de comprobar la presencia de su compañero Matías. Era una de esas personas dicharacheras y lenguaraces que podían convertir el tedio en un mal menor pasajero. Justo el tipo que necesitaba al lado para trabajar en un día tan especial para ella.

—Hola, Matías, ¿no ha llegado Xusto todavía?
—Pues no estoy seguro... ¿Has probado a mirar en el R-7? Ya sabes que le gusta hacer ejercicio por las mañanas poniendo en marcha las palas de ese aerogenerador a mano.
—Boh... vai rañala.
—De todas formas, creo que deberías subir a la góndola... porque... ¡es el nuevo modelo! ¡Vas a flipar!

Algo había en el entusiasmo de Matías que parecía fingido. Sin embargo, lo cierto es que era una tarea que debía realizar tarde o temprano, aunque solo fuera por la curiosidad propia de la profesión.

Se dirigió al R-7, el modelo más avanzado de entre todos los aerogeneradores de nueva generación que la empresa había acabado de adquirir. Situarse justo delante de él resultaba imponente. Lo cierto es que el paisaje que producían no dejaba de resultar singular: como una parada inmóvil de gigantes en plena algarabía, con sus palas como extremidades y el aire como lenguaje. Poblaban los campos y valles, coronaban montes, afeaban para unos y aliviaban para otros. Pensaba sonriente en aquellas palabras de Matías a modo de lema empresarial: "La energía eólica ha supuesto todo un soplo de aire fresco".

Mientras subía en el ascensor recordó la primera vez que había montado al gigante, la espectacular perspectiva desde la que podía contemplar el verde e idílico paisaje que la rodeaba, la pureza del aire, la insignificancia de las personas desde las alturas.

Una vez en el interior de la góndola, comprobó las características de los dispositivos, y se dio cuenta de que dejaba a la altura del betún la versión anterior. Pese a que carecía de los conocimientos de un experto, las partes como el generador, el multiplicador o el sistema de seguimiento eran visiblemente más avanzados. El nuevo controlador contaba además con una pantalla táctil de alta resolución. ¿Sería esto lo que impresionaría a Matías?

El alba estaba despuntando, y no pudo resistir la tentación de contemplar el proceso, que no por cotidiano dejaba de ser espectacular. Era curioso como los hombres dejaban de admirar aquello que formaba parte de su rutina, ese sol que nos salvaba la vida y nos libraba de la oscuridad, siempre ligada a la tristeza, la umbra, encarnada por Érebo para los griegos, Herulus para los romanos, Ahrimán para los persas...

Allí, agarrada a la línea de vida, se olvidó por un momento de todo y disfrutó con el albor iluminando su cara. Sin embargo, a medida que se fue haciendo la luz sobre la superficie de la góndola, comprobó que había algo escrito encima de ella. Parecía una frase. En un primer momento pensó que era un nuevo lema que acompañaba al logotipo de la empresa, pero resultaba sin duda un lugar extraño para colocarlo. Cuando se giró, reparó asombrada en el resto de líneas que la acompañaban, y se dio cuenta de que eran versos... como en forma de soneto.

Sobre el molino de viento otea,
a la luz del alba una princesa,
de rostro vivo y ojos turquesa,
onírico viso de Dulcinea.

Helios refulge en el horizonte,
trisan las golondrinas a lo lejos,
y el cielo es un mar de espejos
que de un firmamento nos esconde.

Aquí sueñas despierta que quieres ser
dueña de este paraje huérfano,
con bucólicas praderas por doquier.

Será la brisa del amor, empero,
la que te azote cuando te vuelvas,
y descubras que aquí te espero.

Se giró extrañada y otro punto de luz le cegó la vista por un instante. Parecía una conjunción de dos astros con intensidades de radiación solar semejantes. Sin embargo, cuando logró entreabrir los ojos, advirtió una cabeza sobresaliente que la miraba con una sonrisa cómplice.

Comprendió que era él, y esbozó una sonrisa.

sábado, 28 de noviembre de 2009

De padre y muy señor mío

No cabe duda de que algunas de las anécdotas y vicisitudes de tinte cómico que he tenido la desdicha de vivir en mis propias carnes han contribuido a la repetida liberación de endorfinas por parte de la audiencia que se arremolina en torno al narrador de turno. Uno de los alquimistas más duchos en este terreno, de esos que le quitan el prefijo a la desgracia para transformarla en gracia, es mi padre y tocayo.

Esta, en concreto, es una de las más famosas. Por circunstancias de la vida, la escatología siempre aparece como telón de fondo. Suelo olvidar los datos concretos, pero situemos la acción en un centro comercial de Lisboa, hace ya más de 20 años. No recuerdo cuántos tenía yo exactamente, pero espero que fuesen los menos posibles.

Tanto mi madre como mi hermana nos habían dejado solos un momento, por razones que ya he olvidado, pues no soy el narrador oficial de la historia. El pobre padre llevaba un tiempo temiéndose lo peor: concretamente desde esa exótica comida portuguesa de difícil digestión. El apretón era inevitable, tanto como otorgar a su hijo una independencia momentánea: ¿sería capaz de asumir tamaña responsabilidad? ¿Estaría dispuesto a esperar escasos minutos en un mismo punto del espacio? Había llegado el momento de averiguarlo, de que el pequeño Simba se convirtiese en el Rey León. Así, el cabeza de familia habló:

—Pirulo, voy al baño un momentito. ¡NO, repito, NO te muevas te aquí y espera quietecito!

El padre pareció vislumbrar cierto gesto de pavor en el rostro del retoño, pero ante la falta de desacuerdo oral tácito y la amenaza de una evacuación en ciernes, lo abandonó y se dirigió presto al baño. A partir de aquí, no está muy claro lo que sucedió. Yo lo recuerdo así:

Oteaba el horizonte con la vana esperanza de avistar a mi padre. Los minutos que habían pasado me parecían siglos. Hallábame vacío como una isla sin Robinson, perdido como un quinto en día de permiso, me invadía la congoja y el desconsuelo: así estaba yo sin la presencia paterna. Dirigime pues al mingitorio con la fundada esperanza de hallar su presencia. Una vez dentro, como los tres pares de pies que asomaban por debajo de sendas puertas me eran desconocidos, pregunté a los allí presentes:

—Disculpen las molestias, caballeros. No quisiera importunarles en la afanosa y delicada tarea que tienen pendiente, pero, ¡oh, cuitado de mí!, atribulado me hallo ante la aciaga ausencia de mi progenitor. ¡Ah de la puertas! Heme aquí a sus pies, estimados excretores, les ruego que se apiaden de mí y pongan fin al martirio de esta soledad. ¿Quién de ustedes responde al nombre de don Servando?
—¡PIRULOOOOOOOOOOOORRGHHH! —bramó una voz iracunda detrás de una de las puertas.

Sin embargo, mi padre lo recuerda así:

Qué alivio para el intestino,
arribar al baño como destino.
Limpiemos el trasero con brío,
pues el niño espera a su albedrío.

Arriesgada licencia me he tomado,
partiendo cual centella al excusado.
En un mundo extraño, sin cobijo,
aguarda el capullo de mi hijo.

¿Será capaz, por ventura,
de mantener la compostura?
¿Acaso difícil o inaudito
es mantenerse quietecito?

Mientras componía mentalmente estos humildes versos, advertí como la puerta del baño se abría lentamente, emitiendo un "crrieec" que hasta parecía destilar un tono inquisitivo. Aprecié la voz gemebunda de un niño que, entre sollozos, acertó a decir con notable discreción:

—¿ESTÁ AHÍ MI PAPÁ CAGANDO?

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Hay un momento de la vida en que uno tiene que escoger entre las ciencias y las letras. Las ventajas de la segunda elección son innumerables: entre ellas, el quedar absuelto de realizar cálculos y reparaciones caseras. A pesar de devorar novelas a un ritmo endiablado (para un número total de libros vergonzosamente superior al de servidor), no cabe duda de que tiene la suerte de ser un hombre de ciencias. Esas personas que reparan cualquier cosa y discurren de forma analítica. ¿Alguna vez han probado a darle un abrelatas clásico a uno de letras? Yo hice el experimento conmigo mismo y la profesora de inglés que vive en mi piso. Será mejor que no vean las posiciones absurdas en las que la pobre herramienta llegó a ser colocada antes de que su simiesco usuario exclamase "¡eureka!". Hay que aceptar el destino, a pesar de que mi interés por la ciencia sea genuino, y responde a mi curiosidad por lo desconocido (siempre que tenga un rigor científico o valor histórico).

Los hombres de ciencia son capaces de rescatar esos conocimientos oxidados y ponerlos en práctica para, por ejemplo, explicar a sus hijos la lógica de las ecuaciones y el despeje de incógnitas. ¿Pero qué hacer cuándo tu hijo ya ha cogido el camino de las letras y no acaba de comprender las ecuaciones de primer y segundo grado? No les puedo asegurar que funcione, pero algó estimuló mis neuronas cuando mi padre, desesperado, golpeó dos veces la mesa de la cocina a la voz de:
—SÍ AQUÍ TIENES UN HOSTIÓN, Y AQUÍ OTRO, ¿QUÉ TE QUEDA?

De repente, vi la luz. Su forma de representar las dos "x" de la ecuación con sendos puños activó algo en mi cerebro. En el siguiente examen de Matemáticas saqué el único 10 que recuerdo haber conseguido en tal materia. Mano(s) de santo.

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Estos son unos padres muy especiales. Esta es la generación que convirtió la pobreza en el bienestar que ahora tengo la fortuna de disfrutar. Estar aquí, y ahora, es más fácil si has contado siempre con el apoyo paterno para dar rienda suelta a tus aventuras en países ajenos. Esta generación, esta juventud, ha quedado sin anécdotas de la mili que relatar, y la siguiente sin poder escucharlas. Por eso no me importa recordar cómo el vasco se reía del recluta ignorante, o que el padre Díaz resucite constantemente para echar sin despeinarse al bostezador. Si me reencarnase, seguiría haciendo el salto de la rana al aprender a conducir o contaría en voz alta para aumentar el hándicap de la paella.

Por eso, aunque siga prefiriendo que coma él las lentejas, no ha cambiado un ápice mi respeto y admiración por la figura de ese padre... y muy señor mío.

¡Feliz cumpleaños!

lunes, 5 de octubre de 2009

Fauna barraquera

¡Ave, César! Los que van a morir... ¡que se jodan!
- Martes y 13


Los perspicaces lectores de este humilde y genial blog conocerán mi lugar de nacimiento. En efecto, se trata de un hospital, así que tengo mucho en común con muchos de vosotros. Pero siendo menos específico, la ciudad en donde se encontraba el paritorio era Lugo, por todos conocida debido a la muralla romana, su pulpo (así como los pulpos nocturnos que estiran sus tentáculos para atrapar a la dama de turno) y, ¡cómo no!: San Froilán.

Heráclito de Éfeso decía aquello de todo cambia, nada permanece, y que no nos bañamos dos veces en el mismo río. Está claro que este ingenuo filósofo nunca ha estado en San Froilán, en donde nada cambia y todo permanece. Si trasladásemos nuesta festividad a la antigua Grecia, veríamos a Parménides montado todos los días en el Saltamontes, rasgando las cartas de la Tómbola del Cubo o partiéndose la crisma en el eterno Grand Prix. Estamos ante el eterno retorno de lo mismo. Nuevas barracas, pero la mismas formas de revolvernos el estómago, mojarnos en pleno octubre, pegarnos unos graciosos batacazos y reírnos del pavor ajeno. ¿Pero quién está detrás de todo esto? Estos son los personajes que hacen nuestra diversión realidad: los barraqueros, a examen.

  • Locutor del saltamontes. Hay una leyenda urbana según la cual el locutor del saltamontes es siempre la misma persona. Curiosamente, es la primera leyenda urbana totalmente real. Paquito Fernández labró su fama grabando innumerables cintas con todas las combinaciones posibles para los adverbios "arriba" y "abajo", además de utilizar con gran profusión los sustantivos con diminutivos del tipo saltito y meneíto. Ejemplos de su creatividad, que podréis comprobar en cualquier barraca de este tipo, son:
    • Arriba... ¡y abajo!
    • ¡Saltito/meneíto para arriba!... y... ¡saltito/meneíto para abajo!
Como si hubiese adquirido el don de la ubicuidad, sus considerablemente obvios y simplistas comentarios sobre el funcionamiento hidráulico del artilugio y el movimiento vertical resultante se repiten sin cesar por toda España. No os llevéis a engaño, los actuales locutores (que no taquilleros) se limitan a poner la cinta y mover los labios al compás de los animados comentarios. ¿Cómo es posible sino que siempre tengan la misma voz?

El espíritu de Paquito, ya fenecido, nos sigue acompañando en cada festividad en honor al patrón local. Se dice que si juntas tres saltamontes y los liberas en la plaza de España de Lugo una noche de luna llena... habrás hecho el gilipollas y perdido tu precioso tiempo, porque por supuesto no pasará nada, pardillo.
  • El de las carreras de camellos. Posiblemente no estará presente en tu localidad, amigo, pero el regente de este puesto en donde los participantes impulsan a los camellos metiendo las bolitas en varios agujeros, posee una habilidad innata, fruto de años de práctica con los monjes shaolin. ¿En qué consiste? En que tú oyes "¡¡¡Guau!!! ¡¡Elnúmerosieteadelantaporlaizquierdaaldos!! ¡¡Va fuerte hoy!! ¡Esto es increíbleacojonante, lamejorcarreradelaño, cualquierapuedeganarquéemociónfdsfdsGRTX!! Con tamaño nivel de emoción y expresividad, debemos estar ante un auténtico fanático de las carreras de caballos, poseído por el diablo y por el espíritu de Joan Gaspart, como si una de las jorobadas figuras portase una camiseta azulgrana. Y sin embargo, la sorpresa llega cuando observas su careto. Mientras que tú piensas que debería estar fuera de sí, en realidad esto es lo que ves: (-_-) o a lo sumo (·_·). Su pericia para narrar con furia visigoda manteniendo una total compostura es... inenarrable.
  • El "facha", el "DGT" o el guardia de tráfico encubierto. Estos son algunos de los sobrenombres del individuo que gobierna con puño de hierro los coches eléctricos, también conocidos como coches de choque para los puritanos y choques de coches para los disléxicos. ¿Por qué le tildan de ultraconservador o lo adscriben a un organismo regulador de tráfico? Por su frase más manida: "Siempre por la dereeeeeecha". Siempre me pregunté el porqué. ¿Será un mitin encubierto del PP más añejo? ¿Moriría toda su familia en un accidente de tráfico? ¿Haría un pacto secreto de educación vial con los organismos reguladores para aprobar el examen teórico o pagar con favores una multa? Nunca sabremos la respuesta, pero este pobre hombre no ha cejado en su empeño de insistir una y otra vez en la conveniencia y probable diversión de ejecutar giros robóticos en la pista, siempre en la misma dirección y con sumo cuidado, so pena de ser amonestado verbalmente por el regente. Huelga decir que un servidor, siempre transgresor desde los 9 hasta los 9 años y medio, no perdía ocasión de violar las reglas de este auténtico dictador automovilístico, y a la mínima embestía frontal o lateralmente a cualquier desgraciado o desgraciada que osase interponerse en su camino.
En esta atracción y sus alrededores en donde podemos encontrar otros ejemplares de esta variopinta fauna que mora este tipo de eventos. Hay una especie que me llama especialmente la atención y que creía extinguida hace tiempo: el chuleta. Por increíble que parezca, aun en nuestros días es posible toparse con un tipo ataviado con chupa negra de cuero al volante del cochecito eléctrico (no precisamente una joya en cuanto a diseño y prestaciones) conduciendo con... ¡ATENCIÓN!... ¡una sola mano y hacia atrás! Este Schumacher frustrado es el amo y señor de la pista, las muchachas del barrio se pirran por sus huesos mientras él se muestra indiferente al sinnúmero de corazones que acaban partidos por la mitad debido al desprecio con que él las trata. En su propio mundo de fantasía y coches ecológicos, claro.

  • El de la tómbola. Aquí hay tres variedades.
    • El tombolero feliz. He aquí un cantautor frustrado, y un tipo de naturaleza prácticamente sobrehumana. Una persona capaz de hablar en verso durante horas sin beber la menor cantidad de líquido. Este hombre invierte su tiempo libre en hacer rimas como Si en la tómbola quieres ganar, un boleto tendrás que comprar. Eso sí, la melodía es siempre la misma. Los hay que comienzan con composiciones risueñas (Otro premio que vuelve a caer, y lo fácil que es para usted) y acaban algo desesperados por no hacer caja debido a la incesante lluvia lucense (Mañana nos vamos a Aranjuez, comprad boletos de una **** vez). De todas formas, este tombolero (con su voz característica también) suele darle vidilla al cotarro y su éxito es encomiable y merecido.
    • El tombolero del jamón. Este señor profesa una devoción sin parangón por el pernil del cerdo. Su "Y o-tro Jamón" (con sinalefa entre o e y) es una de las vociferaciones más familiares de las fiestas. Si te toca un jamón, no esperes que te felicite con un "¡Coño! ¡Felicidades, macho!". Te espera un "¡Y otro jamón!" de tomo y lomo (o de tomo y jamón en este caso). El éxito de su tómbola consiste precisamente en propagar a los cuatro vientos los premios conseguidos. Puede que esos jamones lleven ahí colgados desde hace diez años, ¿pero qué más da? ¡El tipo es entrañable! Además, piensa en la pobre vida doméstica que debe llevar este hombre: cuando su mujer se olvide de su profesión por un momento y le ponga jamón de cenar, él exclamará: Y... ¿¿otro jamón??
    • El tombolero desdichado. Mismamente al lado del mirador de Rosalía de Castro, en las fiestas de Lugo, está la tómbola más depresiva que uno se pueda imaginar, cuyo dueño canta los números con la alegría propia de un hereje debatiendo con Torquemada al calor de la chimenea. A veces parece musitar algo tras leer los números en alto.
      • "¡69!... Je, lo que siempre quise hacer con mi mujer pero claro le duele la cabez ¡08! horas que tengo que estar aquí pringando con todos estos payasos mirándome y ¡45! minutos del partido del Barça que me estoy perdiendo aquí ¡37! minutos para pegarme un tiro definitivamente.
La fauna barraquera es rica y variada. Estos son tan solo algunos ejemplos. La próxima vez que acudan a su fiesta local, no pierdan detalle de estos sujetos, a cual más interesante.

martes, 8 de septiembre de 2009

La madre que me parió


Supermercado Cemar
Connecticut, Garabolos 12:23 AM

Doña Gervasia contemplaba con regocijo y hasta cierta vanagloria las estanterías en donde reposaban los alimentos del supermercado que ella tenía casi por su propio hogar. Su dilatado historial como clienta, heredado de la generación anterior, le hacían pasearse cual doña Vita Corleone por los recovecos de su Nápoles particular. La sección de pescadería era su bastión inexpugnable, un lugar en donde nadie osaba interponerse en su compra diaria, ejercida en el momento que a ella se le antojaba, haciendo caso omiso de los turnos en forma de papel que el dispensador de color carmín escupía sin cesar para el resto de los plebeyos. "Una mera modernez sin uso particular", a juicio de la reina del percal.

Aquel parecía un día como cualquier otro. Doña Gervasia, ávida de abadejo, se coló ni corta ni perezosa entre las demás clientas, a fin de poder expresar con orgullo y cierta petulancia cuál sería el pescado elegido aquel día:

-Hola, Martita. Mira, hoy me vas a poner...

Y entonces sucedió lo inesperado.

-Perdona... Pero estaba yo primero.

De entre las sombras surgió la fulgurante figura e inesperada queja oral de una intrépida clienta, a primera vista una profesora de inglés en un centro de enseñanza secundaria en Cospeito, a segunda vista una mujer de armas tomar con un tesón que resultaban insólitos para doña Gervasia. Tras un silencio de unos pocos segundos, la mirada penetrante y llena de determinación de Pilar decantó la balanza y doña Gervasia se vio obligada a rendirse ante la evidencia: había sido derrotada en su propio feudo por una jovencita insolente.

-Ah, sí, claro. Perdone...

Ni los más viejos del lugar recuerdan una derrota sin paliativos de tal calibre. Lo cual demuestra que los viejos pierden el tiempo recordando auténticas banalidades.

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Universidad de Vigo
Campus de Lagoas Marcosende, Katmandú (o si no, poco le falta) 12:59 AM

-Bueeeeno, aquí acaba otro día laboral más de mi insignificante vida como funcionario en esta universidad de dudosa reputación y futuro poco halagüe...
-¡Un momento!
-Oiga, señora, que ya vamos a cerrar.
-¡Se trata de un asunto urgente! Es el tan esperado título de mi hijo, que después de cinco años no puede venir a recoger personalmente porque ahora mismo le pilla un poco a desmano. Es que está en Japón.
-Pues no se puede hacer nada, señora. Tiene que venir él mismo.
-¡Pobrecito, hombre! Mire, mire, es este de aquí.

La madre muestra una foto al funcionario. En ella se puede ver perfectamente a un niñito de muy corta edad, con una cabeza de tamaño descomunal, haciendo todo lo posible por hacer... de vientre en un receptáculo minúsculo sobre el que apoya el trasero. La gemebunda cara del niño, sabedor de la notoria adversidad y el cruel sino de sus vanos esfuerzos por excretar, denota el amargo sabor de la derrota y la impotencia ante la espartana y recalcitrante insistencia paterna en el noble e infravalorado acto de hacer popó.

La patética imagen conmueve al funcionario, que exclama:
-Esto es amor y lo demás son tonterías. ¡No se hable más! Mañana mismo se lo enviamos a Japón, señora.

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Lamento no poder estar ahí en este momento con las tres personas más importantes para mí, pero el entendimiento mutuo es tan fluido y el cariño tan metafísico que a veces siento tener mi culo pegado a la silla de mi habitación lucense. Es difícil ser padre, y más cuando la generación anterior ha puesto el listón tan alto con tamaña sucesión de decisiones acertadas: hacerme aprender a nadar por narices, mandarme a campamentos, animarme en mis viajes de interraíl por Europa... Aquel niño alelado con la lamentable y semiautística afición de ver aparcar autobuses se ha convertido en... un muchacho igual de alelado y olvidadizo pero un poco más despierto y curioso.

"Madre no hay más que una" es una frase muy manida por todos aquellos que no sean unos hijos de puta, en el sentido más literal de la palabra. Y es que el orgullo filial es una condición inherente al ser humano. Todos hemos escuchado esta frase:

-Este plato está bien, pero mi madre/abuela lo prepara mucho mejor.

Y sin embargo, ¿quién ha escuchado esto?

-Este plato está bien. Desde luego, mi madre/abuela no tiene ni puta idea de lo que es la buena cocina.

Lo mismo que nadie recomienda a su médico con las palabras "Vete a la consulta del Dr. Martínez, es un auténtico matasanos", nuestros lazos desvirtúan la objetividad de nuestras valoraciones. Pero como este es mi blog y aquí escribo lo que me da la gana, yo digo que objetivamente mi madre es la mejor. Publico estas líneas en un día como otro cualquiera, puesto que ella quedó atrapada antaño en un vórtice temporal que le impide cumplir primaveras y, por consiguiente, envejecer. Siempre joven y jovial, siempre guapa y especial.

¿Se puede ser más ñoño? Ñoños engañemos; al fin y al cabo, estamos hablando de la madre que me parió.

domingo, 26 de abril de 2009

Recuerdos de España: karts y Las Médulas

Japón tiene muchas cosas que ver, pero la verdad es que a veces uno no tiene por qué irse muy lejos para pasar un día entrañable con los más allegados. Una de las ideas más acertadas de los últimos meses en España fue ir a los karts y rematar la jornada con un paseo por Las Médulas de León.

Lo mío con los automóviles siempre ha sido una relación de amor-odio. En mi más tierna infancia solía quedarme horas en la sala de la casa de mi abuela, cuyas ventanas daban a la estación de autobuses, para contemplar cómo entraban y salían los autocares, así como sus correspondientes aparcamientos. Me quedaba tan extasiado ante tan singular y anodino acontecimiento que era necesario llevarme la comida allí. Cuando mi abuela relataba mi desmedida pasión por los autobuses, mi padre se planteaba una dicotomía, esto es, un dilema con dos posibles soluciones:

1) Mi hijo será camionero.
2) Mi hijo es tonto perdido.

La vida ha acabado por demostrar que me encontraba muchísimo más cerca de la segunda opción. Detesto conducir por lo que implica: prestar muchísima atención (me encanta estar en Babia), buscar aparcamiento a la vez que conduces (puedo traducir, estudiar kanjis y ver una carrera de fondo, pero me es imposible mantener una conversación coherente al conducir mientras busco aparcamiento en territorio desconocido). Puedo comprender que sea un gran placer si estás viendo un hermoso paisaje por una carretera sin apenas tráfico, pero la situación normal es la circulación banal por ciudad.

Servidor cogiendo ventaja.

Pero los karts ya es harina de otro costal. Aquí hay emoción, entretenimiento, deporte, rivalidad fingida, piques graciosos, velocidad y hasta un poco de liberación de adrenalina. Aquí los mejores conductores o con más experiencia en coches de verdad no tienen por qué ser los mejores, y aquí es donde los torpones al volante como yo pueden liberarse.

Era la segunda vez que acudía a este circuito de karts próximo a Ponferrada. Mi bautismo de fuego fue iniciativa de colegas lucenses (vamos a atribuirle el mérito a Carballido, porque ahora no me acuerdo de quién había sido), y en esta ocasión acudí con la familia y los amigos de mis padres. Lógicamente contaba con demasiada ventaja, así que mientras ellos le cogían el tranquillo al circuito, yo pude grabar este vídeo.



Coche 1: mi hermana Paula - 5: mi tío Luis - sin número: mi prima Andrea - 2: mi padre.

Después de una sesión de clasificación de 15 minutos se formó la parrilla de salida. Aquí vemos a mi tío Luis (5) y mi hermana (1) en primer plano y momó con el número 3.


Hubo dos carreras, y en las dos me tuve que conformar con el papel de segundón que me persigue desde mi primera participación. Cuando uno adquiere una cierta destreza, esto se parece mucho a la fórmula 1, en el sentido de que es muy difícil adelantar a alguien, a no ser que lo embistas o el otro cometa algún error. En este caso yo disponía de ventaja por conocer el circuito y me paré a abrochar la cazadora para descender posiciones y tratar de recuperar. Pero claro, Diego aprendió rápido y en la primera carrera me fue imposible recuperar desde el final. En la segunda, por fin, hubo algo de emoción, pero cuando lo estaba pasando nos tocamos y yo me llevé la peor parte: un trompito. Sin embargo, esas dos vueltas de intentar encontrar el hueco son mucho más divertidas que tirar uno solo durante 10 vueltas para ganar. Estoy planeando ir a un circuito de karts en Japón, y si voy haré lo mismo. ¡Es la leche de divertido!

En mi mente esperaba un duelo en la cumbre con mi progenitor, pero su pilotaje se asemeja bastante al de Hamilton en que es muy "agresivo". De tan agresivo que es, se cargó el tubito de la dirección y tuvo que pasar por boxes. Lástima. Al final, el que mejor le pilló el tranquillo de la familia, en cuanto a tiempos respecta, fue mi tío Luis, a la postre tercero. En las declaraciones tras la carrera afirmó: "Así son las carreras. Lamentablemente los neumáticos se degradaron en la séptima vuelta y a partir de ahí se acabó la carrera para mí. Aun con todo eso quedamos de terceros y bueno, esperemos que en el circuito de Rábade lo podamos hacer bien".


Heme aquí asumiendo mi derrota con entereza y deportividad, que contrasta con el orgullo de mi tío.

La madre del campeón, Concha, se llevó la medalla a la conducción segura.

Ya sabemos cómo suelen terminar estas jornadas en Galicia: con una comilona en condiciones. Así que fuimos a una casa rural cercana para comer y prepararnos para nuestra excursión a Las Médulas.

La matriarca en plena siesta, sobre un acebo en primer plano.

Las Médulas, patrimonio de la Humanidad, fueron la mayor mina a cielo abierto de todo el Imperio Romano (los desmontes mineros alcanzaron los 3 km de extensión máxima y más de 100 m de profundidad).


Conforman un paisaje único y son un interesante exponente sobre los cambios que produjo la minería de oro romana en las comunidades del noroeste peninsular. ¿Cuáles?

A través de las llanuras artificiales conformadas por los estériles de la mina se crearon nuevas vías de acceso a la zona. El Lago de Carucedo, producido por el taponamiento de un valle de esos vertidos, fue más tarde un valioso recurso piscícola y hoy es un humedal protegido. Los antiguos cauces de los canales que conducían el agua utilizada en el proceso de explotación del oro han sido reutilizados como "carriles" o caminos de comunicación y trasiego de ganado por los habitantes de la zona. Los cultivos introducidos en época romana, particularmente el castaño, han pervivido y se han convertido en una seña de identidad inseparable de Las Médulas. Incluso la misma superficie dejada por los desmontes mineros antiguos ha dado paso a nuevas formas de explotación del suelo.







martes, 27 de enero de 2009

Oda a la mesa de plástico de la terraza

El temporal que azotó el pasado fin de semana el litoral en particular, y las provincias de Lugo y La Coruña en general, se llevó algunas vidas, volcó corazones y contenedores, causó destrozos materiales y hundimientos imprevistos. Aprovecho la ocasión para cibersolidarizarme con los fallecidos en Sant Boi, pero aun a riesgo de parecer frívolo, quiero llorar la desaparición de uno de nuestros más preciados e inertes allegados.

La mesa de plástico de la terraza nos dejó el viernes, harta de ser tratada como un objeto para el soporte de viandas, bebercios y cubertería variada. Ni corta ni perezosa, decidió que la ocasión la pintaban calva. Había llegado el momento de poner patas en polvorosa y perderse rumbo al horizonte, en busca de una terraza mejor. El precio que debía pagar no era moco de pavo: todos los planes de huida que había urdido implicaban la amputación de tres de sus patas. No había otra forma, pero su bizarro y emprendedor carácter la animó hasta el punto de cometer tal sacrificio.

Cuando el temporal amainó, todo lo que quedó de ella fueron sus tres extremidades, dispuestas sin orden ni concierto en la terraza, una de ellas hecha añicos, probablemente la más reticente a la idea de la fuga. Su denodada lucha resultó en vano ante el tesón de una mesa que ya había decidido su futuro. «Al menos tendrás que huir a la pata coja, cabrona», pensaría la estoica extremidad.

No encontramos ni rastro en el pinar circundante, el destino más lógico de su vuelo sin reactor. Desconocemos su paradero, pero queremos hacerle saber que no la olvidamos, que la trataremos mejor cuando vuelva, que más le vale volver pronto o se queda sin la última pata, y valga este humilde planto como homenaje.


En aquellas tardes veraniegas,
en aquellas reuniones estivales,
cuando por estos humildes lares
se prodigaban presencias solariegas.

Tardes de dicha y tardes bellas,
tardes de asueto en estos páramos,
tardes en que sobre ti depositábamos
nuestra confianza y nuestras paellas.

Ahora sin despedirte nos has dejado
compuestos y sin mesa este verano.
Tarea de gran enjundia se augura
encontrar un sustituto a tu altura.

¡Oh, vulgar mas esbelto paralelogramo!
¡Oh, cuadrípedo de dudosa alcurnia!
¿Acaso no debías lealtad a tu amo?
¿Acaso en ti no gastamos pecunia?

A tu vuelo no ponemos óbice ni cortapisa,
a tu anhelo de libertad no ponemos reparo.
Para reparos los que necesita el coche
sobre el que se desplomó la cornisa.

En acabando el poema recuerdo
aquellas tardes de asueto,
tardes de vino y risas;
mesa que hodierno es mi musa
mesa que bien valía una misa.

Ahora estos ríos de tinta
evocan esos ríos de sidra,
imposible nos es hallar consuelo,
de ti huérfano ha quedado el suelo,
por tu ausencia lloramos riachuelos.


Nunca te olvidaremos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La dulce muerte del patito

Daba igual el tema. Por aquel entonces, siempre me parecía que tenía algo interesante que aportar a la clase cuando la profesora formulaba la pregunta en cuestión (lógicamente, ¿qué otra forma hay de preguntar algo?). Esta vez el tema giraba en torno al nerviosismo previo a los venideros exámenes de junio. ¿Cómo se siente la gente en esas horas, días y momentos en definitiva de tensión neuronal?

He aquí que tenía aún reciente en mi mente la imagen de mi hermana: su cara desconsolada reemplazaba el habitual carácter arisco y taciturno del que hacía gala en no pocas ocasiones en tan complicada época de su vida. Muy probablemente se trataba de la asignatura de Lengua o Literatura Espanola, y me jugaría medio dedo anular (actualmente semilesionado) a que la profesora era la tristemente ilustre Figueruelo. "¡Qué buen ejemplo para participar en este animado coloquio!", pensé. Así que alcé la mano. En cuanto los ojos de Encarna se depositaron en mí, me sentí con pleno derecho participativo y comencé mi exposición con una frase famosa, a la vez que incomprensible.


-Mi hermana, que sacó todo sobresaliente en quinto...


Recuerdo perfectamente el rostro de Encarna, una mezcla entre indiferencia y desprecio, mientras interrumpía mi intervención con un seco "¿Y qué?".

Aun a día de hoy desconozco el motivo que me llevó a mostrar públicamente esa especie de orgullo fraterno, pero sí recuerdo bucear entre las notas de cursos pasados y encontrar ese expediente inmaculado lleno de sobresalientes.

Aquellos eran años difíciles, lidiar con una hermana mayor de entre 12 y 18 años no es moco de pavo, por algo le llaman la edad del ídem. Puede que mi cerebro tienda a borrar todos aquellos momentos en los que yo me haya portado mal, ya que por alguna extraña razón recuerdo perfectamente esa noche en la que estábamos preparando la cena y ella me pidió un plato hondo. Se trataba, todo hay que decirlo, de una vajilla traicionera, puesto que el plato llano tiraba más a hondo que a llano. Así que, en mi labor de ayudante de cocina, le pasé dicho plato con el orgullo y satisfacción de estar haciendo mi deber de buen hermano. Como respuesta me llevé un grito bestial que, si se viese desde la perspectiva de Mortadelo y Filemón, podrían apreciarse tornillos y gusanos saliendo de mis oídos, seguida de una inmediata corrección.

"¡¡TE DIJE LLANO...!! Ah, este es llano."

Para ser justos, hay que decir que este tipo de anécdotas son las únicas que recuerdo y no hacen justicia a la verdadera personalidad de mi hermana, que después de superar esa edad tan complicada se convirtió en un ser angelical y atento, llegando incluso a afirmar frecuentemente que servidor es su hermano favorito, una opinión ciertamente objetiva y que no hiere sensibilidades, ya que somos únicamente dos hermanos.

Este 30 de noviembre hay un cambio de cifra muy significativo, pero la edad al fin y al cabo solo es un concepto inventado por el hombre. No dejes que esa futesa te aflija, el espíritu sigue siendo joven y lo será por mucho tiempo. Has convivido con el patito 10 hermosos años: ha llegado la hora de dejar que se lo lleve la corriente del tiempo.

Requiescat in pace... y gracias por todo.