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miércoles, 1 de enero de 2014

Gastronomía peruana

Cuando visito un país extranjero, me gusta tratar de probar siempre los platos locales, por singulares o incluso poco comestibles que parezcan. En Perú también hubo para todos los gustos. Desconozco el motivo, porque en general me gustó la comida (aunque tampoco me fascinó), pero al final acabé usando todas y cada una de las pastillas de Fortasec de Pablo. En ese sentido, durante el viaje rememoré lo maltrecho que quedó mi estómago a raíz de la nauseabunda gastronomía filipina (siempre a mi juicio y tras haber probado todo tipo de restaurantes en Boracay; seguro que hay sitios buenos). Nunca me he considerado delicado en ese sentido, pero también esté empezando a metamorfosearme para heredar la fragilidad estomacal de mi progenitor.

Esta es una selección de los platos y mi valoración personal.


 Papas a la huancaína: vulgar. De todos modos, en ese restaurante cercano a la plaza de Armas, en el Pasaje de José Olaya, trataron de timarnos poniéndonos una Inca Kola grande, cobrándonos mal... No sé si se llamaba Anita's. No coman en esa calle, amigos. Si quieren ponerse las botas, vayan a los chifas recomendados por la Lonely Planet del barrio chino. Recomiendo los tallarines con salsa ostión (sic). Lo mejor es pedir SOLO un plato por persona, ejem. Las raciones son mastodónticas.


La Inca Kola me llamó la atención, aunque quizás no tenga cabida en este análisis gastronómico. No sé a los demás, pero a mí se sabía a chicle. Me parecía un sabor curioso, simplemente.

 
 Palta rellena: la palta es la palabra quechua para referirse al aguacate (del náhuatl). Para mí no deja de ser una ensaladilla encima de un aguacate. Pero ojo, que aquí los aguacates están de muelte. El vaso con la bebida blanca que está detrás es un jugo de durazno, un fruto muy similar al melocotón en apariencia y sabor.


Arroz con pollo: rico, pero no lo suficientemente exótico.


Tacu tacu: no es plato genuinamente peruano, sino más bien una fusión de la gastronomía peruana y africana, porque al parecer lo inventaron los esclavos africanos que trabajaban en las plantaciones de algodón y azúcar de Perú. Y estas plantaciones estaban en zonas costeras como la ciudad de Ica, donde lo comimos. Personalmente, no me gustó mucho.


Rocoto relleno de carne de alpaca: por lo que respecta a la apariencia, el rocoto parece el resultado de sumar un pimiento morrón rojo y un tomate y dividirlo por dos. No hace solo de recipiente, para la carne, se come todo. Y lo mejor de todo es la incertidumbre de saber si va a picar poco o te va a ser imposible comerlo. Pero el picante está garantizado. Esto es de lo que más me gustó.


Cuy a la brasa: el cuy es el nombre quechua para lo que nosotros llamamos conejillo de Indias. Me gustó, aunque no me pareció una carne especialmente deliciosa. La alpaca es mejor, aunque una alpaca a mi juicio algo rancia fue lo que probablemente perforó mi estómago en Ollantaytanbo. Lo encontré muy crujiente.


 
Chanchito: viene a ser un cerdito, es decir un lechón. No está mal, pero este tipo de carnes tiernas las prefiero sin muchas salsas que desvirtúen su sabor.


Jugo de lúcuma: otra palabra de origen quechua. La lúcuma es un fruto del lúcumo, un árbol que crece en Perú y Chile. ¡Rico!


Galleta de coca: para vencer el mal de altura uno puede recurrir a mascar hojas de coca, pero existen otras opciones que incluyen esta planta como ingrediente fundamental. Probablemente los más comunes son los caramelos de coca y estas ricas galletas de coca. Me recuerda ligeramente a esa dulzura sutil de los productos que llevan té verde japonés. Rica.


 Queso helado: ¡delicioso! Todo un vicio, y encima muy refrescante. Lo tomamos en el convento de Santa Catalina y, francamente, si se tiene tiempo y guita, recomiendo encarecidamente tomarlo aquí. Además, ¡menuda porción! Nos atiborramos cosa mala.


Arcilla: quizá la gran excentridad gastronómica del viaje. La probé en nuestra visita a una de las casas próximas a las tumbas de Sillustani, en la región de Puno. Tal vez os llame mucho la atención, pero yo estoy tan sorprendido como vosotros ante los últimos descubrimientos sobre las propiedades beneficiosas de las arcillas comestibles.


 Para preparar esa arcilla, que usábamos como salsa para condimentar las papas (patatas que se comen con la piel, como en las islas Canarias), solo se necesita añadirle sal y agua. En esta foto podemos observar: la arcilla (antes y después), maíz (antes y después de tostar), las patatas y el queso. Desde luego, el sabor no es desagradable. 'Ta bien.


Sopa de quinua: rica. La quinua es otra palabra de origen quechua que da nombre a una planta.


 Lomo de alpaca: este lo tomé en el Mojsa's de Puno. Mojsa es una palabra aimara que significa 'delicioso'. Pablo no podía resistirse a las suculentas pizzas de este restaurante, al que fuimos tres veces para probar todos los platos más típicos. Me gustó, pero la verdad es que tampoco me cautivó.


Chicha morada: la chicha era la bebida sagrada de los incas, que cultivaban mucho maíz. El color depende del tipo de maíz. Es una bebida alcohólica muy suave, de unos 2% (sí, me sigo oponiendo al espacio). Tiene pinta de ser muy peligrosa, por eso de no darte cuenta de que te estás emborrachando poco a poco. Como con la sidra, aunque con esta el alcohol se nota bastante más. Es dulce y tal vez un pelín empalagosa.

 
Lomo saltado, tomado en un restaurante de Cuzco que tenía platos de la gastronomía chifa (así es como se conoce a los restaurantes chinos en Perú, y la palabra es tan famosa que incluso se encuentra en el DRAE).

 
Cebiche de trucha fresca: no estoy seguro, pero juraría que he visto este nombre escrito con v y con b.


Totora: quizá la otra gran excentridad del viaje. Es una especie de junco con el que los uros construyen sus islas flotantes. La parte blanca también es comestible y, en cuanto oí esa palabra, le hinqué el diente, ¿cómo no?

martes, 19 de noviembre de 2013

Dentón al dente

Si bien durante las comidas del viaje a Cerdeña predominó el recato y la modestia en la elección, uno de los días nos dimos un homenaje con uno de los platos típicos. Cuando le pregunté a la señora del hotel Donatella en Posada qué me recomendaba para cenar (¿sería ella la mismísima Donatella?), su respuesta coincidió con la de otros que me habían hablado de las especialidades sardas, coincidiendo siempre en una: el pescado.

El pescado fresco que tenían ese día era el dentone o dentón (dentex dentex es su nombre binomial). Era uno solo, pero llegaba perfectamente para los tres.

 

Fueron en total unos 81 euracos, si no recuerdo mal. Pero la verdad es que estaba delicioso, con una presencia bien notoria de olivas y vino blanco sardo.




 También aprovechamos para probar las famosas seadas sardas, rellenas de miel calentita. Siempre me gusta probar los platos típicos de las regiones a las que voy, y Cerdeña no podía ser una excepción.


jueves, 26 de mayo de 2011

Gastronomía coreana


A los ojos de un occidental, y sobre todo un lucense, la gastronomía coreana es exuberante y toda una fuente de nuevos sabores, que hace honor a su fama de picante por el empleo frecuente de especias.

Probablemente cualquier persona ajena que no haya tenido ningún contacto con esta gastronomía conocerá el dato más llamativo y, por tanto, cogerá la unidad por el todo para llegar a una conclusión de forma silogística:
  1. Los coreanos comen perro.
  2. Comer perro es algo asqueroso.
  3. La comida coreana da asquito (los más maliciosos podrían extraer el silogismo Los coreanos dan asco).
Supongo, astuto lector, que al leer el título de esta entrada habrás pensado inmediatamente que la cacerola de la foto superior contiene carne de perro. ¡Pues no! Ahora estarás pensando "Ya lo sabía, payaso. Puedo distinguir perfectamente esa carne asquerosa". En ese caso, estás equivocado, porque es efectivamente carne de perro. Ya he comentado en las entradas sobre Corea que no pude probar este plato porque tenía el estómago lleno cuando por fin encontré el restaurante. Sin embargo, en Vietnam (entrada en proceso de elaboración) pude probarlo al fin. Tampoco lo pude hacer cuando estuve en Hong Kong, ya que la venta de este tipo de carne está prohibida desde la década de los 50, so pena de multa o arresto. Por otra parte, durante los Juegos Olímpicos de Seúl o Pekín se prohibió temporalmente su disposición o la inclusión en los menús de los restaurantes, por eso de la mala fama que tiene en el extranjero. En coreano se refieren a la carne de perro como gaegogi (개고기). La mayoría de mis amigas coreanas no lo ha probado nunca. Si estas cosas no os revuelven el estómago, aquí tenéis un ejemplo de perrito asado un poco más repulsivo.

Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué tiene de malo? ¿Por qué mostramos repulsión por la muerte de un perro y no tenemos piedad con esos lindos polluelos o esos conejitos tan adorables? Os invito a que veáis Nuestro pan de cada día para ver la forma en la que se sacrifican estos animales y se procesan sin que nosotros seamos tan conscientes como lo somos empero al pensar en un pobre can. Hay que puntualizar ciertas cosas, sobre todo el hecho de que estos perros se crían específicamente para eso, al igual que haríamos nosotros con las gallinas o los cerdos de una granja. En esta entrada sobre Corea se pueden ver dos ejemplos perfectamente diferenciados de perro doméstico y perro comestible.


El kimchi ya son palabras mayores. Este que vemos en la foto no es real, ya que está tomado del National Folk Museum de Seúl, en el que pude ver varios reportajes sobre esta col china tan representativa que se caracteriza por su sabor picante. Cada región de Corea tiene su especialidad, y hay muchas variedades. Al igual que el natto (semillas de soja fermentada) o el miso japonés, se trata de un alimento fermentado. En el caso del kimchi, se conserva en tinajas de barro, que pueden estar enterradas bajo tierra durante incluso 10 años (claro que los que no viven en el campo tienen que utilizar otros métodos, como un refrigerador). La variedad más común es el baechu kimchi, aunque todas parecen tener en común capacidades beneficiosas para el organismo. Según Wikipedia:

Se conoce ampliamente por los beneficios que puede dar a nuestra salud: levanta las defensas de nuestro cuerpo, es antioxidante y ayuda a eliminar el colesterol. Estimula el apetito y limpia los intestinos con su contenido en ácido láctico. Investigaciones recientes han establecido que el kimchi contiene una gran cantidad de vitamina C y carotenos, así como también proteínas, carbohidratos, calcio, y vitaminas A, B1 y B2.

Una amiga coreana me comentaba como prueba la nula repercusión del SARS en Corea, en los años 2002-2003. Y, por lo que parece, no fue un caso aislado. Según leo en Corea Hoy:

El día 29 de abril de 2005, el diario "The Wall Street Journal" informó que el kimchi, plato nacional coreano de vegetales fermentados, era altamente eficaz para prevenir la gripe aviaria, citando los resultados de un experimento científico.

En un experimento separado realizado recientemente por un profesor de microbiología de la Universidad Nacional de Seúl, 11 de 13 pollos atacados por la gripe aviaria se recuperaron totalmente después de habérseles inyectado bacteria extraída del kimchi. El profesor dijo que la bacteria conocida como leuconóstica, un tipo de bacteria láctica, previene la diseminación de gérmenes infecciosos al atacar los virus y fomentar el sistema de inmunidad.

Un pastel de arroz con sabor a calabaza. Una auténtica delicia con la que nos obsequió la madre de Crystal para comer durante la visita a Hwaseong.

He aquí una parrillada a la coreana.



El sikhye es otra bebida tradicional coreana. Este ejemplar en concreto lo preparó la madre de Crystal, aunque el bufé coreano en el que suelo comer a veces lo sirve más bien en forma de postre y con un color rojizo. Como se puede apreciar en la foto, se añaden granos de arroz cocidos.



He aquí la maravillosa cena preparada por la igualmente encantadora madre de Crystal. Pequeños aperitivos, sandía y sikhye para remojar el gaznate, la comida ligera ideal para un día de verano.


Los tres boles de arroz de los comensales están rodeados por numerosos ban-chan (반찬). Se asemeja a otras gastronomías orientales en el sentido de la ausencia de una sucesión de platos propiamente dicha y bien diferenciada: primer plato, segundo plato, etc. Son como pequeños satélites de "tapas" en torno a los platos, por así decirlo, principales.



En el centro tenemos el okonomiyaki coreano, llamado chijimi. Puede ser de ese color, parecido a una tortilla, o bien rojo y de sabor más picantillo. Este último se consigue añadiendo kimchi, aunque en ese caso he leído que se llama kimchijon (el pajon es parecido al chijimi, pero con muchas cebollas verdes). A su derecha se halla la salsa de soja, situada encima de una sopa de soja, que a su vez se encuentra a la derecha de esas tres corvinas. Lo que hay a la derecha de ellas es probablemente bulgogi, ternera marinada. Encima de esos tres pececillos se encuentra el deodeok, como se le llama en coreano a la raíz de la codonopsis lanceolata. Sobre ella se encuentra el kkae nnip: curiosamente se suele traducir como "hoja de sésamo" (así se encuentra en muchos libros de recetas coreanos), pero en realidad son hojas de la perilla, un género de plantas. A su derecha reposan los restos de una berenjena, debajo de la cual hay unas raíces picantes y rojas. El plato debajo de ellas contiene ternera con cebolla y sésamo, y en la parte del extremo inferior derecho hay... medusa.

Debajo del okomiyaki se encuentran los tallos de rábano (¡qué ricos!), a su izquierda cangrejo picante, a la izquierda de este tallos de ajo. Encima del cangrejillo había... ¡gelatina de bellota! Son los trozos marrones. Muy interesante. A su izquierda un simple pepino, a la derecha del pepino unos evidentes brotes de soja, encima de los cuales hay rábano de nuevo. Creo que los dos restantes son tallos por una parte y tiras de alga por otra.



Muchos pueden pensar que el licor tradicional de Corea por excelencia es el soju (imagen superior), lo cual es un craso error, dado que su historia se remonta a tan sólo 600 años. Tal honor corresponde al makgeolli (막걸리).


Esto es gopchang (곱창), una parrilladita de intestinos de buey, estómago y corazón, además de pasteles de arroz coreanos (los trozos verdes), llamados Tteok (떡).


El bibimbap ('arroz mezclado') es, probablemente junto al kimchi, uno de los platos estrella de la gastronomía coreana. En esta imagen se aprecian los ingredientes básicos: carne, verduras, arroz hervido, salsa gochujang y un huevecillo (solo la yema). Una vez, servido, todo es cuestión de revolver. En Japón también está rico (sin llegar al de Corea), pero lo curioso es que suelen ponerlo sin carne.



Es probable que me falle la memoria, pero lo siguiente se llama tteokbokki. Lo que está claro es que esa especie de macarrones son pasteles de arroz coreanos, que no se utilizan solo como postre, sino también en comidas. Me parece un plato delicioso y una sabia elección a la hora de presentar la comida coreana a los estómagos más delicados y conservadores. En Japón también solía comerlo en un restaurante coreano. Por desgracia, tenía un sabor mucho más dulce, lejos de la exquisitez del coreano. La regla se cumple también con la comida coreana: la que comas en el propio país poco tiene que ver con la que pruebes en el extranjero.



El makgeolli es el vino de arroz coreano, una aunténtica delicia cuyo mayor peligro estriba en que es tan fácil de beber que te pones piripi sin darte cuenta, a pesar de que su graduación es baja (6,5%). Tiene una tradición de milenios; en este sentido, se podría decir que el makgeolli es para los coreanos lo que la cerveza es para los alemanes o el sake para los japoneses. Este denso vino blanco de arroz tiene un aroma fresco y afrutado, que hizo que durante la Dinastía Goryeo (918~1392 d.C.) fuera considerado no solo como una bebida alcohólica, sino también como un refresco saciante, convirtiéndose en la bebida favorita de los granjeros, lo que le valió el sobrenombre de nongju (농주) o 'licor de granjeros'.

Pero lo que comenzó siendo el licor de la clase trabajadora se ha transformado en nuestros días en la bebida favorita de todo tipo de personas, traspasando incluso las fronteras de la nación y convirtiéndose en un éxito sin precedentes en los países vecinos, como Japón.

El makgeolli se elabora básicamente con arroz glutinoso, cebada, harina y trigo, cocidos al vapor y mezclados con levadura y agua. El líquido resultante se deja fermentar de forma natural y, dependiendo del tipo, recibe nombres diferentes, como tak-ju, en referencia a su color blanco mate. Actualmente en Corea hay más de 700 productores de makgeolli, cada uno con sabores diferentes.

Normalmente se toma acompañado de pequeños aperitivos, como el pajeon (파전), una especie de panqueque elaborado principalmente de huevo y harina, con cebolleta. Por cierto, este que nos sirvieron traía un bichito de regalo (puede que una pequeña cucaracha), por lo que no nos lo cobraron. El detalle fue que tampoco nos cobraron el makgeolli, por lo que salimos medio borrachos y sin haber gastado un duro. Además, el chico salió todo atento para hacernos la foto delante del local.



Por último tenemos el Jjimdak, pollo hervido aderezado con pimiento rojo picante, champiñones, zanahoria, y verduras varias, dangmyeon (fideos finos de almidón) y la salsa ganjang (salsa de soja) coreana.



Bueno, espero que esta entrada haya servido para daros a conocer una pequeñíiisima porción de los suculentos manjares que podréis catar si se os ocurre ir por Corea.

lunes, 14 de junio de 2010

Paella 2: el retonno

El 6 de junio se celebró, poco más de un año después, la segunda fiesta de la paella, por ponerle ese nombre a uno de los fracasos culinarios más estrepitosos de los últimos tiempos, con la consiguiente mancilla para el honor y reputación de la gastronomía española. Si bien los ingredientes podían haber estado a la altura, no ocurrió lo mismo con el fuego necesario para respetar a rajatabla la regla paterna de los 17 minutos de cocción y los 20 posteriores de reposo. El fuego era tan pequeñito que el arroz del centro de la paellera, de tamaño estándar para este tipo de finalidad, llegaba en su punto, al contrario que el situado en torno a esa zona, prácticamente crudo. Este es el esperpento final, una paella de costilla de gorrino con habas.



Al final, después de mucho arreglar, rellenar con agua y hervir de nuevo, se pudo hacer comestible. Lección aprendida, un buen fuego es indispensable. De todas formas, la gente se puso a comer a dos carrillos y acabaron zampándosela en un santiamén. Eric, el compañero de piso francés, pudo usar un fuego más grande y le quedó algo mejor. Esta es de marisco.


Afortunadamente, el trabajo titánico que supuso preparar la ensaladilla rusa el día anterior mereció la pena, ya que fue incluso el plato más popular del día: se acabó en un visto y no visto. De este sí que estoy orgulloso. Siempre me gusta aportar algún ingrediente inédito. En esta ocasión fue un aguacate.




He aquí un pequeño vídeo para mostrar el ambiente general, así como otras viandas y bebercios preparados para la ocasión: natillas, tiramisú y sangría. Todo ello obra de Eric.




Los que nos honraron con su presencia hasta bien avanzada la tarde, es decir, los que no hubo forma de echar a patadas, obtuvieron una jugosa recompensa en forma de plátano flameado y la mayor de las sonrisas al entonar un:

-Pues nada, amigos, ya sabéis dónde está vuestra casa. Porque como no lo sepáis, estáis jodidos. ¡Ahí está la puerta!

Nota: El copyright de la frase anterior pertenece a mi tío Luis. Yo simplemente añado la exhortación posterior.




viernes, 26 de febrero de 2010

Últimos despropósitos culinarios

Una vez dominado el noble arte de la tortilla y demás cocina fácil, he empezado a adentrarme en el apasionante mundo de la gastronomía desconocida, con discretos resultados hasta el momento.
Lo cierto es que los platos no lucen nada bien, pero estaban ricos.


Komatsuna (espinaca japonesa) con nabo japonés, gambas (me quedaron algo crudas, ejem), romero, un tomate, un poco de ajo, dou ban jiang (salsa picante de habas fermentadas, soja, sal arroz y especias)

Trufas, basada en la receta de mi compañero de piso francés. ¡Cojonudas!


Toppoki, un plato coreano, con un poco de cebolla.


Mapo doufu, tofu con la susodicha dou ban jiang (para el komatsuna lo utilicé porque me dio la gana, aquí forma parte de la receta), cebolla, carne picada, shiitake (seta japonesa) y puerro.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El poder de la leche de soja / 豆乳の力

(Entrada dedicada a Ariadna, que cumple años hoy. ¡Un beso!)

Todavía me acuerdo de aquel anuncio en el que la marca Don Simón la emprendía sin ton ni son (o, ya puestos, sin comerlo ni beberlo) contra Minute Maid, en una especie de guerra sucia basada en datos supuestamente objetivos (lo contrario está penado por la ley) que mi mente mezquina y tergiversadora ha ido cambiando, cual juego de teléfono roto, hasta acabar convertida más o menos en esto:

En el frigorífico de su tienda de alimentación usted podrá encontrar: Minute Maid, esa especie de orina acuosa más falsa que el carné de conducir de Farruquito, o Don Simón, una auténtica delicia 100% natural, cuya marca de vino nunca se ha usado en ningún kalimotxo.

A todo esto, un respeto a Don Simón. Ahí donde lo veis, es el vino que más se vende en España. Semos unos auténticos sumilleres.

El mundo de los anuncios subjetivos relativos a los supermercados no volvió a ser el mismo hasta la irrupción de un ilustre calvorota, grabado por sorpresa en un día laboral cualquiera durante su denodado afán por enviar al supermercado única y exclusivamente los productos de la mejor calidad. Desgraciadamente, he aquí otro ejemplo de anuncio fácilmente parodiable, bien cambiando radicalmente los diálogos hasta convertir al protagonista en un ser mezquino y deslenguado:

- ¡Joder, ese queso huele a mierda! ¡A LIDL!
- Déjame probar ese vino... Mmm, sabe a hostias en vinagre. ¡A LIDL! Total, esas marujas de pacotilla tienen el gusto en el culo.
- A ver el pescado ese... Puaj, más rancio que una reposición de Cine de Barrio. Marchando para LIDL, que con la crisis la gente ya no se puede permitir ni tener paladar.

O bien más elaboradamente en forma de vídeo.




Pues bien, por lo que respecta al frigorífico de su tienda de alimentación japonesa, desde luego usted PUEDE encontrar leche de soja de mil y un sabores, a no ser que se apellide Rompetechos.


Sabores de izquierda a derecha, empezando por arriba: café, cacao, té verde, té negro (inglés), plátano, "extra espesa", sésamo negro, aojiro (bebida vegetal a base de col verde), multifrutas, albaricoque y fresa. El verde de debajo es simplemente leche de soja normal y el amarillo de la derecha solo alcanzo a leer "delicioso".

Mi último descubrimiento. El sabor de este es boniato (o batata: patata dulce para entendernos) frito.

Habrá que probarlos todos...

domingo, 14 de junio de 2009

El poder del té verde / 抹茶の力

De un tiempo a esta parte he desarrollado una especie de pasión cegadora por todos los productos relacionados con el té verde. No me refiero al propio té en sí, sino especialmente a los dulces que se venden aquí en Japón relacionados con ese producto tan nipón.

En realidad todo se remonta al año 2006, en el cual viajé con Diego por este país durante una semana y, durante nuestra estancia en Himeji, me encontré por casualidad en un supermercado un Kit Kat especial. La verdad es que no suelo comer este tipo de chucherías habitualmente en España, pero me llamó la atención el envoltorio, porque era totalmente verde. "¿Kit Kat con sabor a té verde? ¡Qué gracioso! Voy a probarlo". Sin lugar a dudas mi vida cambió por completo después de la primera degustación. La mezcla de té verde y chocolate me resultó tan espectacular que fue una de las primeras cosas que busqué en mi retorno a la isla. Sin embargo, la búsqueda resultó infructuosa, y al final me dijeron que ese Kit Kat representaba una edición especial que solo se vendía en Kioto.

Los japoneses se pirran por esto de las ediciones especiales. Con todo, ¿cuál sería mi sorpresa al encontrar un paquete de Kit Kat verdes el otro día en el supermercado? Pues grande. Curiosamente es una especie de mezcla, porque el paquete contiene 9 Kit Kat normales y 4 de té verde. Ni que fuera caviar...

En la foto se pueden ver los tres tipos de Kit Kat que venden por aquí (en Tokio al menos): con sabor a flan, a té verde y el normal.


Los de la izquierda son los rollitos españoles, rellenos de chocolate y con una capa externa de té verde. A la derecha, galletas de té verde con trocitos de chocolate.

Estos dos me encantan: un gofre con 小豆 (azuki, judías rojas) y leche de soja con té verde. ¡Muy sano todo!

Este fue un sonoro fracaso, porque la crema de dentro es asquerosilla.


Aquí está la caja del Kit Kat (de nada por la publicidad) y otras galletitas con té verde. Estos dos están muy buenos también. Ya no sé qué no habré probado, la verdad.