sábado, 13 de septiembre de 2008

Se acabaron las clases

Pues sí, el viernes fue el último día de clase en la academia. En total han sido 135 horas que me han servido para adquirir unas nociones de la lengua japonesa. Las últimas 30 horas han sido especialmente provechosas, porque yo era el único estudiante de la clase. Por alguna extraña razón, nadie más se apuntó y pagué un precio normal por unas clases que parecían privadas. Hice las preguntas que me daba la gana y trataba de explicarme en japonés. Nunca pensé que sería capaz de hacerlo al llegar aquí, así que he quedado muy contento con la academia Kai. Desde luego, si vuelvo a Tokio ya sé a dónde ir.

El último día fue especialmente divertido. He tenido muchos profesores distintos (unos nueve), pero Morooka-san me ha parecido el mejor. Debido a su condición de traductora EN-JP Maroyama-san siempre podía recurrir a la palabra inglesa, pero Masaharu siempre lograba explicarse sin recurrir a esa lengua. Por otra parte, el nivel de inglés de los profesores no suele ser muy alto, lo cual a fin de cuentas viene que ni pintado para hacer un esfuerzo mayor y tratar de comprenderlos.

¡Gracias por todo, profesores!

Masaharu Morooka (諸岡 正治), mi profesor favorito.

Haciendo el capullo delante del cartel de la escuela :-D.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Vagones para mujeres

Pues sí, cuando cogí el tren el otro día (me encanta este expresión, podría estar hablando de 1925) me di cuenta de que me había metido en el vagón incorrecto. Y es que en algunos trenes de Tokio, al menos, el último vagón está reservado para las mujeres (probablemente sean los vagones de ambos extremos). También pueden disfrutar de este privilegio los niños de hasta la escuela primaria, los minusválidos y aquellos que estén ayudando a estos últimos, sea cual sea su sexo.


La ubicación de los vagones está indicada en el suelo de las estaciones.

¡Lo pone bien clarito!


Detrás de esta puerta se encuentra un auténtico haré... Vaya, pues esos de allí no parecen mujeres.
¿Pero qué hace este tío aquí?

Pues al final resulta que esa limitación solo se aplica entre las 6:57 y las 8:56, entre dos estaciones determinadas. ¡Ya me parecía a mí raro que unos japoneses se saltasen las reglas!

martes, 9 de septiembre de 2008

Definition of cuteness in the Awaodori festival

Many people think that Eastern children rank higher in the worldwide cuteness scale. Well, that might be true, judging by the the sweetness and innocence displayed by the little boys and girls who took part in the Awaodori festival in mid-August. Sometimes you have to be an insider to get wind of this kind of festivals, and what better insider that two Japanese girls who collaborate on the Tokyo Free Guide website? Yes, that's right. The simplest Google search could sometimes lead you to wonderful human beings, such as Chica and Misako, who have the courtesy and kindness to show me what's on in Tokyo and get to places where tourists are scarce and one has the feeling of being totally immersed in the fascinating Japanese culture.

The most famous Awaodori is the one in Tokushima, but the one we went to was located in Shimo-Kitazawa, an area in Tokyo South of Nakano, where I live. Around 10 teams walk and dance along the streets, each one with their personal style, although there are common dances, like the dance of fools. They also play several instruments, such as drums, flutes or shamisens. I particulary liked the red team because they really had his heart on it, increasing the rythm, dancing like crazy and even waving at the bystanders (including me :-D). I must admit I have fallen in love with Japanese festivals, I had already had the time of my life when I visited the Yasukuni Shrine for the Mitama Festival, when I got a first glimpse at the Obon dance, tons of different food specialties and the last Tanabata streamers.

The music I could listen to in the Awaodori festival is somehow so powerful that I couldn't stop tapping my feet and moving around to follow the rhythm.

Children formed the bulk of some of the teams, and it was definitely the pinnacle of cuteness. You could easily spot the children by the drool coming out of the bystanders' mouths, or the gleaming pride of their escorting parents.

Hordes of kids dancing.

Hordes of parents right behind them hoping that their children don't break a leg.


domingo, 7 de septiembre de 2008

El festival de Mitama / Mitama Matsuri / みたま祭り (y 2)

Para complementar la entrada relativa al festival, he aquí dos vídeos que muestran dos bailes totalmente distintos. El primero es el Obon, bailado al compás de los taikos tocados por los talentosos percusionistas. Un placer para la vista y el oído. Algunos de ellos eran ciertamente espectaculares.




Debido a mis limitadas nociones sobre la cultura japonesa, no estoy muy seguro de cuál es la procedencia de este segundo. Y si Chica me lo dijo durante la actuación, ya me he olvidado. Este grupo estuvo bailando sin parar durante un buen rato, y con ese calorcito que hacía tiene mucho mérito. ¿Se trata de una versión moderna del Sōran Bushi (ソーラン節)? Lo digo porque parecen gritar Yaren soran entre tanto brinco.


viernes, 5 de septiembre de 2008

日光 - Nikko, belleza ácrona (2)

Acabamos la primera parte de nuestro periplo por Nikko con el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO allí presente ya visto para sentencia. Tras abandonar el puente de Shinkyo cogimos un bus con destino a la zona del lago Chuzenji, en donde se encontraba nuestro hotel, que recomiendo encarecidamente por su buen precio y estilo oriental. Antes de irnos a la cama como buenos niños, hubo tiempo para dar un último paseo nocturno hasta el Futarasan Chugushi Shrine ('el santuario medio'), situado al pie del monte Nantai, al norte del lago Chuzenji, que aquella noche adquiría un bello aspecto por las hileras de linternas flotantes que se iban iluminando sucesivamente, un bonito espectáculo que presenciamos desde el balcón de la habitación. Después del paseo decidimos (es decir, decidí, porque las japonesas no andan muy sobradas en esto de tomar decisiones, prefiriendo aceptarlas) ir a un restaurante de la zona para cenar un buen plato de udon.


Aquí podemos observar los tres tipos de udon servidos, con su sopa de miso y su tempura incluidos.

Tras saciar nuestra hambre y sed nos encaminamos al hotel para probar el onsen (温泉) interior del que disponía. La verdad es que esperaba encontrarme con un receptáculo de agua caliente penetrable y disfrutable, pero en cuanto mi dedo gordo entró en contacto con el líquido elemento, me di cuenta de que nunca jamás podría adentrarme en esa auténtica caldera infernal. Me quedé atónito y atontado al tener que renunciar al relajante placer de las aguas termales, y me dispuse a aguardar la llegada de un japonés cualquiera que pudiera ilustrarme el secreto de tan calinosa piscinita, pues no había nadie en ese momento. Al cabo de un rato llegó un indio que, a falta de lugareño, bien me serviría para aprender cómo demonios se las apaña uno para descender a las aguas del averno. Sin embargo, el forastero en cuestión se dedicó simplemente a recrearse en su eterna ducha y abandonó el recinto sin tan siquiera oler de cerca el agua. Así que me resigné y opté por imitar al efímero visitante: ducha al canto y a la cama, que mañana será otro día.

Y qué día me esperaba... Nos levantamos por la mañana y desayunamos en un restaurante cercano antes de realizar nuestra primera visita: las cataratas de Kegon.




Conforman una bella instantánea, pero lo cierto es que hasta en el propio Japón existen varias que la superan en altitud, siendo las de Hannoki las más altas. Esta cascada en concreto presenta una altitud de 97 metros, y desgraciadamente es famosa por el alto número de suicidios que se han producido allí.

Esta zona no anda escasa de cascadas, y en nuestro viaje encontramos otros dos bellos ejemplares. Probablemente esta sea mi favorita, Yudaki, por la proximidad desde la que se puede observar y el ambiente alrededor. No hace falta batir plusmarcas mundiales de altitud para disfrutar plenamente del placentero sonido del agua corriente.




Al pie de las Yudaki Falls comenzaba la ruta de senderismo más deleitosa que servidor haya disfrutado. A lo largo de este paseo la naturaleza se siente más viva que nunca. Se ven serpientes, cuervos o mariposas que casi se pueden tocar con la mano, y uno se da cuenta del placer que proporcionan las cosas más simples. Hay una extraña simbiosis con la naturaleza y una grata complicidad con los demás transeúntes, con los que cruzamos numerosos "konnichiwa" en nuestro caminar. Uno no espera saludar a un desconocido cuando caminar por las calles de una gran urbe, pero sin embargo todo cambia en el campo. Según Minako, los saludos son espontáneos e indefectibles, y sirven para asegurarse de que el interlocutor se encuentre bien. Como diría Jim Carrey en Man on the Moon: "¡Cuánta amabilidad!".

Estas son algunas fotos del paseo realizado. Probablemente no hagan justicia a las sensaciones que uno experimenta cuando tiene la fortuna de vivirlo in situ.



Tres mariposas que se posan grácilmente sobre un mapa de la zona. La foto está hecha sin zoom, me acerqué hasta ellas prácticamente hasta tocarlas con la cámara. Como detalle curioso y pueril, mariposa se dice chōchō en japonés (蝶々, el segundo kanji sirve para marcar la repetición del kanji anterior). Se podría decir, entonces, que estuve a punto de tocar un chōchō, lo cual no es moco de pavo en los tiempos que corren. La barra encima de la o denota vocal alargada (es decir, debe pronunciarse /choochoo/). En fin, corramos un estúpido velo.


Es reconfortante ver que no soy el único que siente una imperiosa necesidad de detenerse ante imágenes como esta. Mi compañera de viaje también se quedaba admirada ante el tronco más suave de la historia.


Un lugar repleto de cuervos en el que hacer un alto en el camino, como diría un afamado locutor.


Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”


Edgar Allan Poe


Paseando a orillas del río Daiya.




Mi rincón favorito de Nikko. Podría haberme quedado aquí durante horas, limitándome a contemplar el paisaje y escuchar el relajante ruido del agua que fluía entre las rocas.

La cascada de Ryuzu, la última de la ruta.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Shinjuku Gyoen / 新宿御苑 / Jardín nacional de Shinjuku

Pues sí, me pirro por los parques. Aprovechando el escampo del viernes, decidí aprovechar la ocasión para darme una vuelta por uno de los parques más famosos de Tokio: el jardín/parque nacional de Shinjuku, todo un pulmón para oxigenar el corazón de esta zona repleta de rascacielos. ¿Cómo llegar? Lo único que sabía era que había que coger la salida sur en la estación de JR Shinjuku, así que me limité a cumplir esa instrucción y después tirar recto y "to palante", como los de Lugo (chínchense, alicantinos). Al final resultó ser la dirección adecuada, así que me limité a consultar las señales de tráfico para alcanzar mi destino.

El parque era antiguamente la residencia de la familia Naito durante el período Edo. Posteriormente pasó a manos de la familia real, por si no llegaba ya con el jardín exterior o el oriental del palacio imperial. Sin embargo, tras ser arrasado en los bombardeos de 1945, se abrió al público en 1949.

El valor de la entrada preceptiva asciende a 200 yenes (50 para los niños). En él se mezcla el estilo tradicional japonés (el que más me llama la atención por razones obvias) junto con los europeos. Tiene más de 20.000 árboles, un césped impoluto y sus buenos 1.500 cerezos para celebrar como dios manda el hanami (花見): la simple contemplación del florecimiento de la flor del cerezo.

Al entrar en el parque uno se olvida de la vorágine urbana que rodea a esta zona, aunque los rascacielos acechan desde muchas partes del recinto, recordándonos la inevitable presencia de la modernidad, en un claro contraste con el paisaje más tradicional. Es un lugar ideal para descansar, dar un paseo con una persona especial o estirar las piernas de lo lindo con un simple reproductor de MP3 en ristre.


Ningún claro en el césped, todo cuidado al máximo detalle.

Primera parada: jardín de estilo japonés.

No podía faltar la linterna de piedra.

Y después cruzamos ese estanque lleno de carpas.

Instrucciones para la foto: colocar la cámara encima de un travesaño e inclinarla ligeramente usando la correa para que no saliera solo el techo. Usar el temporizador, correr cual gacela en celo cuesta abajo y pararse durante unos segundos como si uno llevase un buen tiempo en ese sitio.


El Goryotei, también conocido como Taiwan-kaku (台湾閣) o pabellón de Taiwán, se construyó en 1927 y es un obsequio de expatriados nipones en Taiwán en conmemoración de la boda del príncipe Hirohito, ya que por aquel entonces este país pertenecía a Japón. El único edificio que quedó en pie tras los bombardeos de 1945.

Japoneses tumbados a la bartola.


lunes, 1 de septiembre de 2008

El festival de Mitama / Mitama Matsuri / みたま祭り (1)

Debo confesar una cosa: adoro los festivales japoneses. Será por lo extravagantes que resultan para un simple occidental como yo, o porque realmente contagian a uno el entusiasmo que ponen en sus bailes, la pericia que demuestran al tocar los instrumentos o la alegría que parece rezumar en el ambiente. Probablemente por ser el primero, nunca olvidaré el festival de Mitama, al que acudí el 15 de julio y el día siguiente, porque me había gustado tanto que merecía una segunda visita. Acompañado de mi guía japonesa, nos dirigimos al santuario de Yasukuni, un bello lugar, no exento de polémica empero. La cuestión es que el santuario no era probablemente lo más importante este día.

Ahora mismo llueve casi todos los días, pero por aquel entonces el tiempo era propicio para este tipo de fiestas. Nada más llegar a la calle que lleva hasta el santuario nos encontramos con un monumental tori, y una vez atravesado transitamos un gran pasillo flanqueado a ambos lados por choochin (提灯), nombre de esas linternas de papel que no se debe traducir mocosuena por su vaginal denotación en castellano. En el festival había puestos con todo tipo de comidas, dulces, bebidas, granizados, y también las clásicas barracas. Había una de "miedo" que, pese a lo artesanal de sus árdides para asustar al personal, causaba furor entre los presentes. Pero sin duda, lo mejor de todo fue presenciar por primera vez el bon-odori (盆踊り). En este baile tradicional, de origen budista, se celebra el advenimiento de las almas de los ancestros. La gente danza por la noche (cuando se supone que llegan las almas) al compás del taiko, tocado por varios percusionistas que se van turnando a cada poco. No solo tocan bien, sino que sus movimientos resultan asimismo muy llamativos. Los sonidos que producen son distintos, según la parte del tambor que golpeen. Merece la pena verlo, y de hecho subiré un vídeo en la próxima entrada para mostrar este noble arte.

He aquí pues algunas fotos del festival.


Vista general del festival. A ambos lados cuelgan faroles con nombres de gente pudiente (según Chica pagan 5000 yenes por escribir tu nombre en ellos).

Preisgünstigere Laterne für Preisbewusste! Einfach den Namen drauf malen und berühmt werden... 3 Tage lang. Esta es la versión más asequible de las linternas. Enfrente de ellas había una exposición de ikebana (arreglo floral).

Aquí vemos a los nipones en pleno baile bon. Los "baterías" eran auténticos especialistas, y el sonido que producían era vibrante y conmovedor. Algunas personas, sobre todo las de edad avanzada, corrían el riesgo de mearse de la emoción, razón por la cual el abuelo de la izquierda lleva unos maxipañales. A todo esto, él era el más espectacular y experimentado de aquellos que tocaban el taiko.

Dos samuráis frente a frente.

Festival de Mitama. Esa es la distancia real que a la que colocaban la escopeta de feria del premio en cuestión cuando apuntaban. Supongo que en Japón las escopetas de feria que deben fallar como tales. No creo que un japonés se atreva a hacer lo mismo en una feria de España, so pena de llevarse una galleta (no comestible) por parte del feriante. Otra de esas diferencias entre países que tanto me gustan.