sábado, 8 de agosto de 2009

Un enigma residual

A lo largo de mi vida, la exhaustividad del proceso de reciclaje de mi entorno ha crecido de forma paulatina. A lo largo de mi infancia era una palabra que apenas tenía cabida en mi vocabulario. Por otra parte, la considerable distancia que nos separaba de cualquier contenedor especial (esto es, aquellos que no son grises o verdes) imposibilitaba cualquier buena voluntad que tuviésemos a bien desarrollar. Para nosotros pues, y parafraseando una célebre cita de Felipe González, "todo era la misma mierda". Con todo, mi hermana, ecóloga en ciernes, comenzaba a dar los primeros pasos destinando un cajón para el reciclaje de papel. Una tímida iniciativa que se desarrolló exponencialmente cuando alcanzó su independencia y se fue a vivir a La Coruña. Ahí creó un fortín inexpugnable lleno de bolsas y cubos variopintos, cuyo correcto uso nos ha llevado años descifrar, a base de ensayo y error.

Y he aquí que, en una de las etapas más recientes de mi vida, emigré a Alemania, en principio famosa por su ecologismo. Pero este tiene dos caras. Mi primer (y único) compañero de piso era un alemán de pura cepa, homosexual, pulcro, ordenado, aficionado a la buena cocina y la floricultura: en principio el candidato ideal para ser todo un ejemplo del reciclaje a seguir. Pues no, él lo destinaba todo a un solo cubo porque decía "Es para no dejar sin trabajo a esos españoles e italianos inmigrantes que se dedican a separar la basura, ¡jia, jia, jia!". Cuando retorné a Alemania para mi segunda etapa, vivía solo y separaba todo lo posiblemente separable. Allí descubrí un nivel superior a España, puesto que tenía que echar las botellas de color verde, marrón y transparente en sendos cubos. Mi carácter hoy en día también tira al ecologismo (que debería llamarse más bien normalismo o civismo). Hasta aquí era factible.

Pero entonces llegó Japón:

Solo les faltaba poner "JÓDETE" en español, bien clarito. Al menos me hubiera reído en vez de llorar.

El sistema japonés es tan exhaustivo que raya el paroxismo. Los japoneses se pirran por las reglas, yo diría que hasta las necesitan porque no son buenos improvisadores, y para el reciclaje hay que seguir un montón de ellas. Para reciclar un simple cartón de leche hay que lavarlo, desmontarlo hasta dejarlo plano y... ¡dejarlo a secar! Después hay que llevarlo a un supermercado que tenga un cubo destinado a tal efecto. Lo mismo hay que hacer con las bandejas de plástico de los productos que se encuentran en los refrigeradores del supermercado. En España o Alemania, que yo sepa, basta con echarlo a los plásticos.

Pues nada, todo será cuestión de separar en esas clásicas bolsas negras de la basura... Así que, después de una ardua tarea de separación, nos dirigimos al contenedor de turno y...

Y estamos jodidos, porque nos podremos pasar horas para encontrar uno por la calle. De hecho, las horas que necesitásemos para montar uno por nuestra propia cuenta, porque en esta puñetera ciudad la figura del contenedor o el cubo de la basura es una utopía, un ente que permanece en el mundo de las ideas, de las ideas que harían maravillosa y normal la vida aquí. Porque cuando acabas de comer un chicle y quieres tirarlo en la papelera más próxima... lo mejor será que vayas pensando en tragártelo con envoltorio. Me han dicho que la carencia se debe a que podrían usarse para depositar bombas, lo cual me parece una soberana gilipollez (¿acaso en Madrid las han quitado?), pero típico del alarmismo japonés y la obsesión por la seguridad. Así que, ¿dónde tirar mi preciada bolsa negra de la basura? Pues aquí:


Francamente, a mí me parece mucho menos seguro este sistema, porque los cuervos no pueden acceder a la basura de un contenedor, pero si pueden destrozar sin piedad un simple plástico si huelen comida. Y como te acerques a uno que esté comiendo, igual no le parece muy bien.

A todo esto, no sé si os habréis fijado en la foto, pero nuestra bolsa de la basura negra cantaría un poco entre tanta "raza blanca". ¿Qué racistas, no? Pues a joderse, porque hay que utilizar bolsas transparentes. ¿Querías utilizar una negra para que no se viera la mezcla criminal que lleva dentro, eh? Pues tu gozo en un pozo. Y tómatelo en serio, porque no cumplir las reglas puede acarrear penas de hasta 5 años de prisión o multas de 100 millones de yenes (745.000 eurillos de nada), ¡o ambas cosas!

Naturalmente, espero que no se te ocurra tirarla cuando te dé la gana. Cada grupo tiene su día, y hay que echarlo antes de las 8 de la mañana. En la foto aparece en verde el ideograma de 'jueves' para los plásticos, los ideogramas en rojo de 'martes' y 'viernes' para los "combustibles" (que conocemos como orgánicos en España) y en azul
el kanji de 'sábado' para las latas. Pero no todo es tan sencillo. Para empezar, el mensaje en japonés encima de la parte verde no me lo han sabido explicar ni los propios japoneses, y en otras zonas me parece haber visto más colores...

Por si fuera poco, el sistema no es uniforme. En abril de 2008 se introdujeron ciertos cambios, reduciendo el porcentaje de desechos inorgánicos (o "incombustibles"). Es decir, que ahora las cintas de vídeo, los bolígrafos, los cepillos de dientes, los cubos de plástico o hasta un CD se convierten por arte de magia en burnable (combustible). ¿PERO QUIÉN COÑO ENTIENDE ESTE SISTEMA?

Basura por el día, basura por la noche. No es una visión muy agradable, y francamente le da Tokio y Japón en general un toque tercermundista y cutre.

Me acuerdo de leer en un libro de Michael Moore que una vez había seguido por curiosidad a los camiones que recogían la basura reciclada, y al final lo quemaban todo a la vez, con un par. Estoy de acuerdo con el reciclaje, me parece algo necesario y útil, pero me he dado casi por vencido con este sistema japonés. Tendría que haber una cierta permisividad. Pongamos un ejemplo práctico:
Estoy en mi habitación, tratando de escribir una redacción en japonés mientras como unas galletas (con su envoltorio de plástico) y me hurgo la nariz, uno de mis pasatiempos favoritos ya desde antes de la Primera Comunión (referencia que solo mi familia puede entender :-D). Así que, como no me gusta la redacción que estoy escribiendo, empiezo otra y tiro el papel a la papelera "unisex". Por otra parte, mis excavaciones nasales han vuelto a proporcionar pingües resultados, por lo que debo desechar las carrañas en el mismo cubo, y hacer lo propio con el envoltorio de la galleta. Pues no, debería amontonar los envoltorios para llevarlos después al cubo correspondiente y andar por toda la casa con una "cacona" hasta depositarla en su justo recipiente, o pensar seriamente en imitar a los niños esos de "Vídeos de primera" que se comían su propio producto nasal. ¿Y el papel, dónde lo tiro? Pues, en el colmo ya de la confusión (y para seguir haciendo las cosas al revés que nosotros) debería echarlo en el cubo de los orgánicos, porque aquí no se recicla (al menos en esta casa). Lo dicho, ¡ME RINDO!

El cubo de "otros", un auténtico tesoro en este país por su escasez y porque para la picaresca ibérica, aquí se permite todo.

martes, 4 de agosto de 2009

Corea: tensión y distensión (3/7)

Si bien Gyeongbokgung es el palacio principal de Seúl, Changdeokgung forma parte Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1997. ¿Por qué será? Probablemente porque constituía la residencia principal de muchos reyes y acabó por convertirse en el lugar principal. Se construyó en el año 1405 y, al igual que el otro, fue reducido a cenizas por los japoneses en ese fatídico año de 1592. Y los coreanos no ganaban para desgracias, porque tras la reconstrucción en el año 1610, la mayoría de las estructuras del palacio fueron pasto de las llamas en 1623 al producirse una sublevación en favor del Rey Injo. Pero nada puede con la voluntad y el tesón de los coreanos, que volvieron a restaurarlo en 1647.


En la foto superior puede observarse lo que comentábamos con anterioridad: el camino hacia Injeongjeon (la sala del trono) tiene una parte central destinada exclusivamente al rey. En esos pequeños bloques de piedra a ambos lados aparecen inscritos los nombres de los oficiales de la época. Por supuesto, el más cercano al palacio corresponde al de rango más alto.


En el corazón del llamado Jardín Secreto se encuentra Buyongji, con este pequeño estanque cuya forma cuadrada representa a la Tierra en la antigua filosofía china (según la guía, la confuciana en concreto), mientras que el espacio central del árbol hace el papel de cielo.


Esta es la "puerta de la eterna juventud". Una vez atravesada, uno ya no puede hacerse viejo. Yo lo hice, así que supongo que estaré siempre en la flor de la vida. ¡Bravo!

Mucho se podría decir de este palacio, pero de nuevo no hay tiempo para más. Así que nos dirigimos a otro lugar de interés turístico que mi amiga visitaba también por primera vez: Bukchon.


Bukchon
significa "aldea septentrional", nombre proveniente de su ubicación al norte de Cheonggaecheony Jongno. Seiscientos años de historia contemplan esta zona, con más de 900 casas al estilo tradicional coreano (hanok); toda una mirilla al pasado desde la que imaginar cómo era la vida otrora en el corazón del Seúl actual. Aquí residía la flor y la nata de la sociedad coreana de aquel entonces: oficiales del gobierno, generales y aristócratas. No en vano, Bukchon era el centro político y administrativo de la capital. Entre las residencias más ilustres se encuentran las de las familias Yun Bo-Seon, Baek In-Jae o Baek Hong-Beom. La primera de ellas es la que más importancia histórica tiene, pues es la única mansión aristocrática que se conserva, pero no está abierta al público porque pertenece aún a la familia Yun. Aquí vive con su familia el hijo de Yun Bo-seon, presidente de Corea del Sur entre 1960 y 1962.

En Bukchon encontramos un local de lo más apacible en donde tomar un "té de 5 sabores". Se llama así porque era dulce, salado, amargo, ácido y picante. La verdad es que, debido a mi desmesurada afición por los remansos de paz y quietud, podría haberme quedado aquí un buen par de horas meditando, o más bien sin pensar en nada. Un lugar ideal para reposar.

Tras Insadong y Hongdae le llegó el turno a Myeongdong, la zona comercial por excelencia de Seúl, o al menos la frecuentada por mi amiga Minji.


La Catedral de la Inmaculada Concepción de Myeongdong no tendría mayor importancia si no fuese porque, como occidental, me extrañó ver iglesias por estos lares. Pero lo que me reveló mi otra amiga coreana, Jasmin, me dejó de piedra.



Durante la dinastía Joseon, el cristianismo fue objeto de una dura represión, pero primero por el esfuerzo de los misioneros franceses (cuya persecución fue motivo de la invasión francesa de 1886) y después por la curiosidad académica que despertaban las nuevas corrientes, la popularidad del cristianismo ha ido aumentando exponencialmente hasta alcanzar cotas inauditas. Tanto es así que la iglesia con más fieles del mundo se encuentra precisamente en Seúl: la Iglesia del Evangelio Completo de Yoido agrupa a más de 830.000 feligreses. De hecho, uno de cada 20 habitantes de Seúl es miembro de esta congregación, que recibe a tres mil nuevos fieles mes. Y no es un caso único, ya que cinco de las diez iglesias con más devotos de todo el mundo se encuentran aquí, en Corea del Sur. Increíble pero cierto.



Después de tan terrible impresión, lo mejor será dejar la continuación de nuestro periplo coreano para otra entrada de esta larga serie.

sábado, 1 de agosto de 2009

Visita familiar

Estos últimos días he tratado de mostrar a mis más allegados (padres y hermana) las cosas que merecen la pena aquí en Japón. Mi familia ha estado aquí desde el 19 hasta el 31, y en esos días he tratado de condensar lugares que ver, experiencias que vivir y gastronomía que degustar. Es tan difícil elegir entre los millones de fotos que prefiero limitarme a mencionar brevemente el itinerario seguido y que ellos disfruten del material fotográfico.

Día 19: llegada a Narita con un buen jet lag. El día solo dio para visitar la Torre de Tokio y comer en un kaiten sushi, es decir, un restaurante en el que el sushi va girando por una cinta, aunque llegamos a una hora tan intempestiva que había que pedir "manualmente".

Día 20: Al día siguiente visitamos los jardines nacionales (anteriormente jardines imperiales) de Shinjuku Gyoen (probando el té verde original en la casa de té), comimos todo tipo de productos ballenáceos con Chika y Masako, comprobamos in situ el famoso cruce de Shibuya (transitado por una media de 5 millones de personas al día), visitamos el santuario Meiji, el parque de Yoyogi, la famosa calle Takeshita en Harajuku y terminamos el día con una vista nocturna de Tokio desde la torre Mori de Roppongi Hills. Cenamos en un Za-Watami (una típica taberna o izakaya japonesa)

Día 21-24: siguiendo unas instrucciones básicas, la familia emprendió la aventura por el centro y el sur de Japón. Se desplazaron a Hiroshima y sufrieron las consecuencias de un tifón, visitaron Miyajima, nombre popular de Itsukushima, una de las tres vistas de Japón. Al igual que el menda, pudieron disfrutar de la belleza del castillo de Himeji y la grandiosidad del buda del Todaiji, en Nara: la estatua de Buda más grande de Japón.

Día 25: tocó levantarse temprano para ir a la lonja de Tsukiji, el mercado de pescado más grande del mundo. Una vez terminada la subasta, nos paseamos por los alrededores, hicimos migas con un estadounidense y visitamos el barrio de Ginza, lujo puro de Tokio, donde el precio del metro cuadrado se cifra en 32 milloncejos. Comimos shabu-shabu (carne hervida). Visitamos el centro comercial Mitsukoshi y nos volvimos al hotel (yo a mi casita) para descansar. No teníamos mucho tiempo antes de los fuegos artificiales del río Sumida.

Día 26-28: partimos para Kioto, en donde visitamos el Pabellón Dorado, el Ídem Plateado, el Kyomizudera, el Palacio Imperial, el jardín zen de Ryoanji y el Sanjusangendo, con sus mil estatuas de Guan Yin (Kannon en japonés), la diosa/bodhisattva de la misericordia. El primer intento de kawadoko (la cena al lado del río) fue un sonoro fracaso debido a la lluvia (en lo que a la intención inicial respecta, porque la cena fue excelente). Sin embargo, el segundo hotel de la estancia fue una agradable sorpresa, y pudimos cenar al lado del río, así como disfrutar de la presencia de tres geiko. Dicho sea de paso, maiko o geiko son dos términos para designar a la aprendiz de geisha. La diferencia estriba en que geiko es el término originario de Kioto, la ciudad con más tradición actualmente en lo que al arte de las geishas se refiere. Después de investigar, pude averiguar lo que decían cuando se iban: "ookini!" (大きに). Significa 'Muchas gracias' y es una palabra muy formal. Gracias al hotel pude mostrarles cosas que Japón tiene que ofrecer, como estar en un rotenburo (baño al aire libre) en medio de un bosque y ver pasar un hurón por la noche, como Pedro por su casa.

Día 29: Vimos la zona de Asakusa, comimos en un restaurante de tempura famoso, frecuentado por locales, visitamos brevemente Shimokitazawa (ya no quedaba mucho por mostrar de Tokio, aunque siempre habrá algo) y volvimos a Shibuya para otro paseo y ver cómo nuestro padre se desmelenaba (nunca peor dicho) en el karaoke.

Día 30: Aún teníamos algo interesante que ver cerca de Tokio: Nikko. El día 29 en realidad debíamos reservarlo para Kamakura, la otra visita que merece la pena cerca de Tokio. Pero el tute habría sido colosal. El Toshogu y la puerta Yamaimon de Nikko fueron otro de los lugares favoritos de la familia en este viaje.

Espero que os haya gustado el viaje y hayáis podido disfrutar de lo que este país tiene que ofrecer. Ha habido que luchar contra algunos prejuicios típicos ("¿karaoke? ¡venga ya! / ¿comida picante coreana? ¡paso!"), pero creo que al final habéis aprendido bastante. Estar por aquí, y con aquí me refiero no solo a Japón, sino a Asia, es una experiencia apasionante en donde se aprende cada día. Eso es lo que busco y lo que me motiva a seguir por aquí hasta que deje de ser novedoso. Entonces llegará el momento de volver a aprender en otro sitio. Siempre seré un eterno ignorante, pero siempre tendré curiosidad por lo desconocido. ¿Ha sido una experiencia enriquecedora? Yo diría que ha merecido la pena. ¡Hasta pronto!

VHF / THF

viernes, 17 de julio de 2009

Shiman-rokusen nichi (四万六千日)

Pagoda de cinco pisos perteneciente al período Edo, Asakusa.
- Arriba, Felipito, que tienes que ir a rezar.
- Jo momó... Tengo sueño... ¿No puedo faltar hoy?
- ¡De eso nada! Tienes que asegurarte tu plaza en el cielo, ya que no hay dinero para pagarte la de la Pontificia de Comillas.
- Bueno, entre comillas, porque estáis forrados, cabronazos.
- ¿Para qué serviría? ¡Eres un vago redomado! Por no hablar de tu ignorancia supina. Ya que no das un palo al agua, al menos reza por el bien de tu eternidad.
- ¡Estoy harto de rezar! Ya verás, ya, seguro que alguna vez inventan un día cuyas oraciones valgan por mil... ¿Qué digo mil? ¡Cuarenta y seis mil!

Felipito Pérez Oso murió sin saber que estaba en lo cierto. Shiman-rokusen nichi ('46.000 días') es un día muy señalado para aprovechar al máximo tu oración. Este 10 de julio fui con Chika y Masako para comprobarlo por mí mismo.


El houzuki es omnipresente. No sabía el nombre de esta planta en español; y después de investigar descubrí que tenía muchos nombres: alquequenje, vejiga de ferro, farolillo chino... Al parecer su nombre binomial es Physalis alkekengi.


Aquí lo vemos mejor, en esta foto saqueada en cualquier lugar de la web.

Al parecer, cuando llega verano es muy popular tener esta planta en las casas, con una pequeña bola de cristal, porque se supone que el sonido de la campanilla transmite frescor. ¿Por qué? Porque el sonido implica que está soplando esa brisa fresca tan rica.

Durante el paseo probé una especialidad algo cutre: los pepinos con sal y miso. La verdad es que estaba saladísimo y no me gustó mucho.



La noche terminó con una buena ración de tempura en el restaurante de esta especialidad más famoso de Asakusa.

Este es un vídeo del templo de Asakusa, Senso-ji (浅草寺), haciendo caja. Si alguna vez vais a rezar, tened presentes las cantidades ideales de yenes para tirar. Una moneda de cinco trae buena suerte, mientras que una moneda de diez es la peor combinación. ¿Y cuál es la mejor? Si queréis una respuesta rápida: 15. ¿Pero cuál es la razón?

Pues bien, el tirar 5 yenes es positivo, porque la pronunciación de "cinco yenes" (goen 五円, go es 'cinco' y en, 'yen') en japonés coincide con 'buenas relaciones/vínculos/lazos afectivos' (goen 御縁) en el sentido budista. En el caso de la última palabra, está formada por go (prefijo honorífico) y en, un vocablo extremadamente polisémico: 'parentesco, alianza, afinidad, destino, conexión...'

¿Y por qué 15 yenes es la mejor cantidad? Pues se trata de un juego de palabras. "15 yenes" se dice en japonés juu-go en (juu: 'diez'). Pero hete aquí que la palabra juubun significa 'suficiente/abundante'. Por lo tanto, al combinar la moneda de cinco con la de 10 implica abundancia de goen, es decir, de buen karma.



Pues nada, amigos. Mi familia llega el domingo aquí, así que durante ese tiempo este blog se pillará sus bien merecidas vacaciones. ¡Volveremos en agosto!

martes, 14 de julio de 2009

Tanabata y la leyenda del conejo

En la foto superior se puede apreciar el fondo de pantalla animado de mi móvil japonés. En una singular afrenta a Softbank (mi compañía telefónica), me descargué un fondo cuyo protagonista es la mascota de la marca Docomo, rival de Softbank. Los fondos de pantalla animados no son algo desconocido en nuestro país, pero este resulta bastante especial. ¿Por qué? Pues porque las acciones de la ardilla varían en función de la hora del día. Sin embargo, lo más interesante es que también tiene en cuenta la fecha. Por eso estos días pasados se podían ver ciertos detalles nuevos. ¿Podéis encontrarlos?

1) Las tiras de papel que cuelgan de las ramas de bambú. Esto hace referencia al llamado Tanabata (七夕), que tiene lugar el 7 de julio. En esa especie de marbetes o tanzaku (短冊) se escriben deseos o peticiones ("quiero una novia", "quiero que el abuelo se mejore" o "quiero que el abuelo la palme, que hay mucho por repartir"). Mucho se podría escribir sobre esta llamada "festividad de las estrellas", pero ya lo han hecho muchos otros, así que lo mejor es echarle un vistazo al propio artículo de la Wikipedia que pongo como enlace.

2) Las ardillas en la luna. Esto hace referencia a una fábula escrita por el monje Taigu Ryokan (良寛大愚; 1758-1831). Fuente: Yamasa.

En tiempos de Maricastaña vivían un conejo, un zorro y un mono que creían haber sido pecadores en sus vidas pasadas. Como castigo, se habían reencarnado en forma de animales. Decididos a enmendar sus anteriores pecados, se reunieron un día y se prometieron mutuamente ser bondadosos y profesarse un amor fraternal.

Desde el cielo, Taishakuten, una de las deidades del país de los dioses, les contemplaba con incredulidad. Pensó para sus adentros: «¡Imposible! ¡Este mundo está lleno de rencor! Incluso los hermanos serían capaces de odiarse, robarse o incluso matarse entre ellos. Los humanos ya no sienten compasión ni remordimientos, ¿y me vas a decir que estas BESTIAS sí?»

Para comprobar la veracidad de su fe, Taishakuten se transformó en un débil anciano y descendió al mundo de los pecadores, donde vivían los tres animales. Se echó en un camino, haciendo ver que estaba gravemente enfermo. Los tres animales no tardaron en pasar cerca del hombre, aparentemente moribundo.

«Misericordia... por favor, ayudad a este pobre hombre»- rogó a los tres animales con una voz frágil-. «Tengo un camino por recorrer ante mí, pero me han superado el hambre y la sed... Que alguien o algo le ofrezca por favor a este viejo hombre la salvación...».

Viendo que era la ocasión perfecta para demostrar la determinación de su bondad, el mono salió corriendo hacia el bosque y trajo frutas y plantas; el zorro fue a un cementerio y trajo de vuelta ofrendas que habían dejado a los muertos: pasteles de arroz, pescado, bebidas y otras cosas.

El conejo, por su parte, al ser pequeño y débil tenía que mantenerse alejado de los cazadores y los niños traviesos que se divierten abusando de los animales miedosos. Por eso no pudo encontrar nada para salvar al hombre moribundo.

Lleno de vergüenza, se dirigió al hombre viejo. «Lo siento pero aún no he podido encontrar nada; voy a ir a buscar a otro sitio. Por favor, encended una pequeña hoguera y esperad a que vuelva», les pidió.

De pie al lado del viejo, el zorro y el mono se impacientaban. «El conejo no ha traído nada, ¿y encima nos pide que encendamos una hoguera y esperemos a que vuelva? ¡Qué inútil!»- se quejaron, disgustados.

El conejo regresó al poco con las manos vacías. Se quedó mirando el fuego... y saltó hacia sus llamas, para servir al viejo de comida.

Taishakuten quedó muy impresionado y conmovido por este acto de entrega tan sacrificado y proclamó que el conejo debía ascender a la luna para que los humanos recordaran eternamente al conejo y su acto desinteresado.


¿Y qué hacen en la luna? Pues los japoneses creen que los conejos que viven allí pasan el tiempo preparando mochi. Sí, en este caso son ardillas, pero eso es tan solo para hacer la gracia y por la propia mascota de la compañía.

3) De esto ya no estoy tan seguro, pero la planta que se ve a la izquierda es probablemente un alquequenje, también increíblemente llamada "vejiga de perro". Pero dejemos eso para la siguiente entrada sobre nuestra visita a Asakusa.

viernes, 10 de julio de 2009

Japón, la otra vía: volumen 3

La RAE define el concepto de canasta de la siguiente forma:

5. f. En baloncesto, aro metálico sujeto horizontalmente a un tablero vertical, y del que pende una red tubular sin fondo en la que es necesario introducir el balón para el enceste.

Sin embargo, todos sabemos que en las típicas pistas públicas repartidas por la geografía española, la sobredicha red es un bien escaso, a pesar de que existen ciertas leyendas y mitos sobre pistas municipales con redes aún intactas.

Lo malo de no haber red es que, por increíble que parezca, uno a veces no se entera de si la pelota ha entrado o no (por ejemplo en algún tiro lateral que entra limpio). Problema para el que, como no podía ser de otra otra, los japoneses han hallado solución a la vez que se mantienen fieles al espíritu ratero de no gastarse un puñetero duro en una simple red.


Canasta de la pista enfrente de mi casa, normalmente utilizada por los chavales para jugar al béisbol el fin de semana, por supuesto.

sábado, 4 de julio de 2009

Corea: tensión y distensión (2/7)

Casa hanok coreana.

Leo en las noticias que Corea del Norte vuelve a las andadas y continúa con sus lanzamientos de misiles. Pues a esto me refiero con el título de esta serie sobre Corea: la tensión que existe entre norte y sur desde el armisticio (que no tratado de paz) de 1953 contrasta con la distensión de mi experiencia en Seúl y alrededores. En cierta forma me recuerda al alarmismo que cundía en el extranjero durante mi estancia en Bangkok, mientras que en la propia ciudad se respiraba una calma cotidiana, por así decirlo.

Este billete es toda una novedad en Corea, de hecho la mayoría de amigos y conocidos coreanos no lo había visto en la vida. Siendo el más valioso, os imaginaréis que equivale al Bin Laden (el billete de 500 euros de cuya existencia todo el mundo sabe, pero nadie ha visto). Pues nada más lejos de la realidad, porque solo vale 28 euros. ¿Cómo pagan los coreanos? Pues, como en Francia, con cheques. De hecho, mi amiga compró las entradas del palacio con un cheque de 100.000 wones (50 euros). Si tratase de hacerlo en un museo español, probablemente las risas del empleado se oirían en su país natal.

Pero hay otra dualidad que también da título a estas entradas, y es la propia rigidez del pensamiento confucionista, sufrida por aquel que se integre (o intente integrarse) en el día a día coreano, pero invisible a los ojos de un turista que solo está de paso. Ya comenté aspectos como la obligación de usar un sufijo concreto para dirigirse a una persona mayor o, en definitiva, a alguien que se encuentre en un nivel más elevado en la escala social, ya sea por edad u otras circunstancias. Otra de las reglas que me chocaron consiste en que, por ejemplo, mis amigas coreanas no pueden beber mirando a los ojos de sus padres, sino que deben apartar la vista en dicho momento. Aparentemente, esta especie de regla poco común solo se aplica a las bebidas alcohólicas.

Tener amigos coreanos me ha permitido aprender esta serie de cosas, ¿pero qué es lo que veo yo como simple turista? Pues que los coreanos (siempre refiriéndome a los surcoreanos, puesto que poca gente tiene la suerte de conocer a un norcoreano) se han revelado como uno de los pueblos más amables con los que me he topado en mis viajes, superando incluso a los propios nipones. ¿Por qué? Porque la amabilidad japonesa a veces tiene otra cara (guardar las apariencias) de la que hablaré en otro artículo, pero la coreana, a los ojos de un extranjero, parece más sincera. Así, en el metro me habló una vez un anciano, preguntándome en inglés de donde era (algo impensable en Japón), otro me dijo que me sentara a su lado porque yo estaba cargando con la mochila y una bolsa, y otro me puso en el taxi correcto nada más bajar del autobús: me dijo "Where are you going?" y preguntó a varios taxis hasta que encontró uno que no tenía inconveniente en ir. ¡Parecía que estuviesen trabajando para mí! ¡Hasta los normalmente lacónicos empleados del aeropuerto eran amables! A uno de ellos le hizo gracia mi camiseta souvenir de Corea ("¿Te gusta Corea, eh?"), y otra chica se rio cuando le dije gracias en mi lamentable coreano. Por no hablar del camarero que no nos cobró la bebida ni la comida la primera noche por encontrar un bicho en los aperitivos (en España puede que no hubiese cobrado la comida, pero la bebida sí), y después se ofreció a sacarnos fotos delante del restaurante nada más intuir mis intenciones. Por no hablar de la experiencia del templo budista que comentaré posteriormente. La única excepción en todo el viaje fue una señora mayor. Yo tenía la planta de los pies agotada, y mientras subía en las escaleras mecánicas levanté el pie ligeramente para descansarlo. Aquello no le gustó nada a la ínclita, que nada más salir del metro realizó unas durísimas declaraciones, como diría Jose María García. Me espetó lo siguiente:

Your foot is bad!!!

Pero nos estamos yendo por los cerros de Úbeda. Volvamos al viaje.

El primer día me encontré con Minji y Crystal, mis amigas coreanas, para dar simplemente una vuelta por Hongdae, un barrio de artistas muy animado cercano a la Universidad de Hongik. Fue allí donde pudimos disfrutar de esa cena gratuita (comentaré el resto de anécdotas gastronómicas en una entrada destinada especialmente a tal efecto, por ser muy numerosas, pero hoy escribiré sobre algunas chucherías), el día siguiente comenzamos con el mencionado palacio de Gyeongbokchung y, después de la comida, dimos un paseo por una zona comercial de Seúl llamada Insa-dong, en donde se pueden encontrar delicias como estas:

Un toffee gigante o larvas, ¿qué preferís?

También parece ser bastante famoso el Kkultarae, un dulce compuesto principalmente de miel y malta, con nueces de relleno. ¿Queréis ver cómo se hace, partiendo de un simple trozo de miel, más duro que una piedra? Pues he aquí el proceso (ablandar la piedra de miel hasta hacer miles de hilillos):



Nos dirigimos a Hanok Village, una recreación de las casas hanok tradicionales de Corea. Aquí se encuentra la casa de la Reina Yun, esposa del Rey Sunjong (el 27º en la dinastía Joseon), aunque la auténtica estaba en Okin-dong, Jongno-gu, dato tremendamente intrascendente. Lo importante es que en este lugar pudimos disfrutar ver in situ casas tradicionales, juegos con solera como el Yut, una especie de parchís coreano, con cuatro tablillas con dos caras que se lanzan como dados:


Todo ello culminado con mi solo de batería para imitar la noble y ancestral labor del planchado.



Después de esta agradable experiencia, seguimos el destino lógico, puesto que la Torre de Seúl se encontraba a una distancia asequible. Para llegar hasta ella recorrimos un paseo destinado exclusivamente a viandantes y bicicletas. El teleférico nos llevó hasta la torre en sí, desde la que se podía divisar perfectamente la ciudad de Seúl. Y eso no es moco de pavo, no en vano el núcleo metropolitano de Seúl (conformado por Seúl, Anyang, Bucheon, Inchon, Pocheon, Seongnam y Suwon) es el segundo más poblado del mundo, solo superado por Tokio y seguido de Ciudad de México. ¿Os interesa conocer el top 100?


En toda gran ciudad hay un observatorio en forma de torre o gran edificio. Tokio cuenta con varios, las Torres Metropolitanas de Shinjuku (gratuito, caso raro en Japón), la Torre de Tokio, la Torre Landmark de Yokohama, Roppongi Hills...

Su altura es de 479 metros, y al caer la noche se puede disfrutar del espectáculo de luces del artista francés Alexandre Kolinka. Y con esto terminó otro completo día en este país tan fabuloso ;-D.