Desde luego, nada comparable a Borobudur o Prambanan. Quizá el palacio del sultán (foto superior), la curiosa mezquita subterránea o el castillo del agua (Taman Sari). Del palacio del sultán recuerdo detalles como esa especie de sincretismo religioso, que se puede apreciar en detalles como esa columna de la foto:
- Islamismo: el color verde es el color del islam. Según leo en un sitio web, las almas de los mártires del islam entrarán al paraíso bajo la forma de aves de color verde. También leo que se debe a su asociación con la naturaleza.
- Budismo: la flor de loto roja, que hace las veces de trono para el Buda, es un símbolo de divinidad. A pesar de no ser exclusivo del budismo (dioses egipcios como Ra también están asociados a esta flor), se suele relacionar con él.
- Hinduismo: el color azul debajo de la flor de loto representa a esta religión, pero ahora mismo no me acuerdo por qué, ja, ja.
En otra ocasión, buscando desesperados el palacio del agua, quien parecía un indonesio cualquiera nos indicó cómo llegar. Cuando arribamos a nuestro destino, este gran conocedor de todos los recovecos y atajos de la ciudad ya estaba allí, como por arte de magia. Él mismo fue quien nos guió a la mezquita subterránea que aparece retratada en la siguiente foto. La verdad es que era un buen material para fotos curiosas. Aquí esperamos a que escampara durante al menos una hora. Y cuando nos decidimos a salir, aún sin haber amainado el temporal, el pobre hombre seguía esperando allí. Al final le dijimos que nos llevase a Jalan Malioboro (calle Malioboro), para poder iniciar un sinfín de regates en pos de la baratija o camiseta de turno.
Una vez más, creo que sería una pérdida de tiempo empezar a enumerar todos los datos relativos a esta estupa budista, pudiendo acudir inmediatamente a Wikipedia u otras fuentes más profesionales. Quedémonos con los datos básicos: data del siglo VIII-IX y es el monumento budista más grande del mundo (Angkor Wat es la "mayor estructura religiosa", aunque en este caso es mayormente hinduista). Al igual que sucedió con Angkor Wat, fue redescubierto siglos más tarde. Concretamente por el británico Thomas Stamford Raffles, figura muy importante para la isla de Java e ilustre fundador de Singapur.
No hay mal que por bien no venga. El mal tiempo nos permitió detenernos en otros aspectos interesantes: pudimos fijarnos en un árbol del apestoso durian o contemplar el curioso mecanismo de defensa de la planta conocida con el nombre de sensitiva o Mimosa pudica: simular estar muerta para ver si le dejan de tocar los peciolos.
Y, para rematar la visita, Prambanan. Ni uno, ni dos, ni tres: 240 templos dedicados a la deidad hinduista Shivá. Lamentablemente hubo que verlo a toda prisa, pero merece la pena visitarlo e investigar la historia y, en definitiva la simbología hinduista para poder apreciarlo en todo su esplendor. Los que hemos llegado a la capacidad máxima de la tarjeta de memoria cerebral y ya no podemos retener más datos, mientras tanto, nos conformamos con un buen kopi luwak servido con una sonrisa indonesia marca de la casa.

