domingo, 17 de noviembre de 2013

Crónica sarda

 El sol entonaba su "hasta mañana" cerniéndose sobre el litoral occidental sardo, tiñendo el mar de rojo en su despedida

Este año hubo Italia para rato. En mi cabeza circulaba la idea de una estancia en Perugia para perfeccionar este bello idioma, pero al final los planes cambiaron hasta visitarla por partida doble e interactuar con los italianos a modo de curso improvisado. El primero de los dos destinos fue un viaje a la isla italiana de Cerdeña, con una breve incursión en el sur de Córcega para visitar Bonifacio. Este fue, grosso modo, el itinerario.


 El primer contratiempo del viaje sucedió incluso antes de empezar. Crende, a priori nuestro conductor oficial, llevaba un añito con el carné caducado, un hecho al que era completamente ajeno hasta que lo comprobó para el viaje. Yo, habida cuenta de mi poca afición por la conducción, nombré entonces a Tista conductor oficial, pero este mostró sus reticencias, motivadas por la inseguridad que le transmitía el hecho de llevar la macchina por tierras ignotas, rodeado de conductores igualmente desconocidos y señales escritas en una lengua extraña, sin duda de significado abstruso y colocadas en emplazamientos elegidos por el mismísimo demonio. Todo esto me llevó a la conclusión de que el menda había sido designado conductor oficial por la divina Providencia, y a ella me encomendé al hacerme con el volante. Por lo visto, mi conducción resultó bastante relajante para algunos.


 

 Reacio al principio, mis remilgos fueron evaporándose a medida que avanzó el viaje. Como mis dos coexpedicionarios prefieren más bien dejarse llevar (al igual que el menda cuando me guían amiguitos extranjeros en sus países), establecimos un itinerario básico sobre el que ir haciendo modificaciones sobre la marcha, debido a la gran disponibilidad de alojamiento. Nos planteábamos qué recorrido podíamos hacer de un día para otro y reservábamos el hotel de esa noche, a veces incluso siendo ya casi de noche y estando en la propia ciudad: la expansión del internet inalámbrico facilita las cosas sobremanera. 



Fieles a nuestro espíritu rastrero, habíamos elegido la opción más económica (un mini), por nuestras bajas exigencias en cuanto a espacio de almacenamiento. Pero, por lo visto, las unidades de ese modelo se habían agotado y nos dejaron un Fiat Panda en su lugar. Nuestro Pandita se convirtió en un compañero inseparable para llegar a los pueblos más recónditos y hacer paradas programadas por el camino para contemplar bellas puestas de sol.


Tanto el vuelo de ida como el de vuelta lo cogimos para Cagliari a un precio bastante módico (125 euracos en total) y fuimos en bus hasta Madrid. Nada más coger el Pandita en el aeropuerto nos dirigimos a nuestra primera parada: Su Nuraxi en Barumini. Para llegar hasta allí fuimos por una autovía bastante sui géneris, con numerosas señales de 50 por el camino sin ton ni son y avisos de "control electrónico de la velocidad".



 Esta era una de las visitas esenciales, según lo que había estado investigando. Esto es lo que la UNESCO dice al respecto:

A finales del segundo milenio a.C., en la Edad de Bronce, se creó en la isla de Cerdeña un tipo de estructura defensiva llamada nuraghi, sin parangón en el mundo. Los nuraghi son torres circulares, en forma de conos truncados, construidas con sillares y provistas de cámaras internas con bóvedas en saledizo. El ejemplo más bello y completo de esta notable construcción arquitectónica prehistórica lo ofrece el conjunto de Barumini, que fue ampliado y reforzado en la primera mitad del primer milenio a.C. ante la presión de los cartagineses.

Llegamos a tiempo para una visita guiada en inglés para las chicas (probablemente alemanas, aunque no lo recuerdo) y en italiano para los dos chicos de la foto y nosotros. Como la chica hablaba despacio y se explicaba bien, no supuso grandes problemas entenderla y a mí, personalmente, me pareció muy interesante la visita. Merece la pena.



El pozo que se ve en la fotografía tiene una profundidad de 12 metros, aunque si se cuentan los sedimentos subyacentes se extiende a 18. Se especula que esta altura es intencional y podría tener un significado, porque es igual a la altura de las torres desde el suelo. La importancia y situación del pozo no es aleatoria, ya que (según la guía) se cree que los miembros de esta civilización no vivían en estas construcciones permanentemente, sino que habían sido creadas para rendir culto al agua, un símbolo muy importante para ellos.


Lo cierto es que un halo de misterio envuelve a esta civilización extinta, como otras que no dejaron testimonio escrito, hasta el punto de que no hay todavía un consenso general sobre la función de estas construcciones. Entre las teorías que se barajan figura la de emplazamientos de control militar, monumentos fúnebres o incluso altares para el dios de la luz. Por lo que a su construcción respecta, llama la atención la falta de cualquier tipo de mortero para unir los sillares de piedra. Este tipo de técnica se denomina "construcción a piedra seca", como la del acueducto de Segovia (sillares de granito sin argamasa entre ellos).



 La entrada al recinto te permitía acceder asimismo al Centro Giovani Lilliu y a la Casa Zapata. El señor Lilliu fue, además de arqueólogo e historiador, el descubridor de Su Nuraxi y su máximo valedor. El museo en sí era aburridete y no había ni un alma (bueno, solo 3): lo que más comentamos sobre la figura de este señor era su completa incapacidad para mostrar cualquier tipo de rasgo juvenil. Es decir, debió de nacer siendo ya mayor e instruido en el noble arte de la arqueología, porque impresiona ver lo vejete que parecía ya en los años 50 y saber que, en realidad, murió el año pasado, a la nada desdeñable edad de 98 años. ¡Con razón no había forma de encontrar una foto juvenil! La Casa Zapata, una antigua residencia nobiliaria de barones sardo-aragoneses, me pareció más interesante, aunque es una visita de estas fugaces. Una vez despachada, nos dirigimos al primer hotel del viaje.



El primero y seguramente el mejor, porque aunque resultaba un pelín difícil de encontrar y no había ningún local cercano al que poder ir para cenar, la habitación era enorme. De hecho, teníamos más camas de las que necesitábamos: cuatro en total. Se llamaba B&B Sardaferie y estaba regentado por una pareja de alemana + italiano con hija alemanoitaliana. Nada más dejar nuestras cosas cogimos el coche y nos dirigimos al único restaurante con pinta de restaurante que pudimos avistar en Uras, el pueblete más cercano al hotel. Se llamaba Frank's y las pizzas, degustadas en la terraza superior de este local tan remoto, nos supieron a gloria.



A la mañana siguiente desayunamos en el jardín del hotel para reponer fuerzas con vistas a la jornada que nos esperaba. Estábamos cerca de Oristán, el pueblo natal de mi amiga sarda Marta, que regresaba a su patria el 4 de agosto, tan solo unos días después de nuestra partida, y razón por la que no pudimos coincidir muy a mi pesar, ya que me encanta estar acompañado de lugareños, como bien es sabido. De todas formas, aprovechamos sus consejos para los objetivos del día: bañarnos en la playa de Is Arutas, famosa por su arena compuesta de granos de cuarzo, visitar la "fenicia" Tharros, bañarnos en la playa de Bosa Marina y dirigirnos hacia Alguer para dormir allí.



Siempre hay algún elemento gatuno en el viaje, y en este caso, cual Diego, me vi obligado a hacer fotos y vídeos de estos cinco mininos en su lucha denodada por el desayuno. Llegaban a meterse en nuestra habitación, dispuestos a dormir a nuestro lado, pero no queríamos problemas. Como diría Crende: «¡Ay, qué cosiiita!»



 Tenía la impresión de que Tharros era un auténtico vestigio de la civilización fenicia, pero las posteriores llegadas de tanto cartagineses como romanos, así como la ulterior invasión de los sarracenos, limitaron a la mínima expresión la herencia fenicia. Algo parecido sucedió con las nuragas y las posteriores colonizaciones de la civilización púnica y romana.


 Probablemente fue fundada en el siglo VIII a. C. y llegó a ser una de las ciudades más importantes de Cerdeña durante la edad púnica (finales del siglo VI al 238 a. C.). La construcción del tofet, el santuario característico fenicio-púnico a cielo abierto donde se guardaban en urnas de terracota los restos incinerados de niños, a veces acompañados por estelas de arenisca, datan de la edad fenicia. Aunque, como nos dijo la guía, poco de fenicio queda aquí. Cerdeña fue invadida posteriormente por los vándalos, pero solo un siglo después fue rescatada por el imperio bizantino. 



Y hete aquí la foto más famosa de Tharros, las dos columnas con vistas al mar Mediterráneo. Sería una estampa idílica e histórica si no fuera por un pequeño detalle: son de cemento armado (¬_¬). Eso sí, ese dintel de la izquierda sí es auténtico. Su propósito es indicar la presencia de un templo.



 La visita guiada fue muy interesante y muy práctica la información, pero lamentablemente se ha ido desvaneciendo en las inmensidades de mi red neuronal hasta desaparecer casi por completo, y lo de arriba ha sido lo que he podido rescatar, gracias también a mis famosos vídeos, je. De todas formas, para algo está internet. Recuerdo que la chica nos hablaba de esta torre como la torre española. Su función era avistar cualquier posible incursión árabe. 


 No está de más recordar el pasado hispano de Cerdeña, puesto que formó parte de la corona de Aragón durante cuatro siglos (XIV - XVIII) y, de hecho, todavía se puede percibir su influencia: sin ir más lejos, mi amiga se apellida Garau y en Alguer se habla un catalán antiguo denominado alguerés.



Después de la visita pusimos rumbo a la playa de Is Arutas, procurando no sucumbir a la tentación de llevarnos ese cuarzo tan molido y pulido como recuerdo, puesto que las multas por tamaño delito podían ascender a 400 euros, según nos había dicho el dueño del hostal. El tacto era curioso, pero resultaba todo un martirio caminar por la playa por la manera en que te hundías. Comimos en un chiringuito cercano a una playa (rodeados de alguna avispa que Tista esquivaba con astucia mediante su compleja "posición de seguridad") y pusimos rumbo a Bosa Marina, otra de las playas recomendadas por Marta.

 

La verdad es que esta no me pareció que tuviese nada en especial. Aprovechamos para practicar el noble deporte del disco volador, primero conmigo como participante y luego como fotógrafo. Lo malo es que, pese a mi única intención de retratar los lanzamientos, en mi trayectoria se interponían dos muchachas que no acertaron a adivinar el propósito de mis instantáneas, o al menos al principio. Con esto y un heladito ya estábamos listos para emprender la marcha hacia Alguer.



Naturalmente, dejar para la tarde el recorrido en coche por la costa tenía como objetivo aprovechar la ocasión para retratar la puesta de sol desde todas las ubicaciones posibles y con todos los dispositivos a nuestra disposición, valga la redundancia.



Hm, como veo que se me va acabando el tiempo, me veo obligado a aumentar la velocidad del relato. Pues bien, llegamos a Alguer y fuimos al hotel que habíamos reservado en la ciudad. Se notó el cambio que suponía su situación en cuanto a calidad respecto al rural del día anterior, pero necesitábamos poder desplazarnos a pie y aprovechar esa noche, que coincidía con el fin de semana, para darnos una vuelta nocturna.


 Al día siguiente visitamos la ciudad de forma completamente improvisada, leyendo la información sobre diversos monumentos y desterrándola sin querer de nuestras mentes por arte de magia. ¿Estaré apoyado o no en esa foto de arriba? Es una de mis gilifotos características.



A lo largo del viaje tuvimos la suerte de contar siempre con un tiempo estupendo.





 Después de la visita de rigor había que dirigirse a parajes de mayor belleza. Los que tenía marcados eran el cabo Caccia y la gruta de Neptuno, así que allí fuimos.



 Las vistas eran impresionantes y, aunque el calor apretaba, da gusto pensar en ello ahora en este frío noviembre :-).


 Para ir a la gruta de Neptuno había barcos que partían desde el propio Alguer, pero si no se tiene realmente interés en el propio trayecto y, encima, cuentas con coche propio, lo mejor es ir en coche hasta el cabo y, en vez de bajar para coger el barco desde más cerca, investigando por nuestra cuenta averiguamos que se podía ir andando después de bajar una buena cantidad de escaleras. 



Fue todo un acierto y, de hecho, la subida de la vuelta me pareció incluso más corta que la ida. Las vistas, además, también son bonitas. Y luego está el prurito de ahorrarte un durito y encima hacer algo de deportito.



La visita es guiada por obligación y el guía hablaba varios idiomas. Si la memoria no me falla, eran italiano, francés e inglés. Esperamos un rato para rebajar un poco la temperatura, secar el sudorcillo y... ¡adentro!




El lento desarrollo de la erosión convierte a las estalactitas en estalagmitas hasta el punto de llegarlas a unir en las famosas columnas. Parece solo agua, pero el carbonato cálcico hace maravillas.




 


 Las cuevas es uno de esos clásicos lugares de interés turístico y a mí, personalmente, siempre me llama la atención por el inmenso lapso de tiempo que representan. Si ya resultan impresionantes las construcciones milenarias hechas por el hombre, imagínate lo que supone encontrarte en una gruta en donde diez millones de años te contemplan.


Después de haber visitado Alguer y alrededores, era hora de recorrer el litoral norte de la isla. De nuevo improvisamos nuestras paradas. Primero hicimos un breve alto para un cafelito en el horripilante Puerto Torres, sin nada que contemplar ni visitar pero luego nos detuvimos en Castelsardo, una bella sorpresa porque no nos esperábamos nada a juzgar por el breve espacio dedicado en la guía. En la forma desde la distancia me recordó un poco a Ares del Maestre. 



A primera visita una visita al castillo podía parecer una empresa demasiado ambiciosa, porque tenía otro oscuro plan en mi mente que quería cumplir por la tarde, pero subimos a buen ritmo y al final mereció la pena. Visitamos el castillo y la concatedral de San Antonio Abad. En su práctico sitio web hay información al respecto que no tendría mucho sentido pegar aquí, puesto que el artículo se haría interminable.


 

 El objetivo consistía en ir a darnos unos buenos chapuzones al Aquafantasy de camino a Santa Teresa Gallura. Me confieso un fan acérrimo de estos lugares que proporcionan diversión a la vez que te permiten refrescarte. ¿Qué más se puede pedir? Todo procede del grato recuerdo que me produce siempre el primero de ellos: el Aquacity (lo recuerdo con ese nombre) de Mallorca y el mítico "ai non podo..." de mi padre bajando por uno de esos toboganes donde ir sentado todo el rato implica detenerse en algún momento de la bajada y tener que impulsarte con las manos. Fue una para de unas horas antes de dirigirnos hacia el coqueto poblado de Santa Teresa Gallura, pequeño pero con una plaza resultona.


En esa plaza nos tomamos unas birras y aprovechamos su wi-fi para reservar el hotel, que no estaba excesivamente alejado del coche, aunque hubo que caminar unos minutillos. Dejamos nuestros enseres y disfrutamos de una noche agradable, con la mente puesta en nuestra visita fugaz a Córcega del día siguiente.



Cogimos el transbordador y realizamos una visita al pueblo costero de Bonifacio, donde atracaba nuestro medio de transporte. La foto más famosa probablemente es la de estas casas oteando su isla vecina en el mismo borde.



La comida fue modesta: sándwiches de supermercado y agua. Una vez saciada el hambre nos pusimos a caminar y fuimos dejando las casas cada vez más lejos, como se puede ver en esta sucesión de imágenes.





 El Crende tenía tanta cuerda que llegamos a perderlo de vista y decidimos esperarlo a la sombra. Como estaba todo al descubierto, a mí no me hacía mucha gracia la idea de una insolación o alguna que otra quemadura. Como tampoco veía ningún lugar de interés a lo lejos, me parecía que lo más indicado era volver a Bonifacio e investigar el pueblo. Así lo hicimos.




Salió alguna foto de esas que siempre se me parecen a la portada de un disco por la distribución de los objetos representados. La señora es la batería.


Después del paseo tomamos de nuevo el ferry para dormir una noche más en Santa Teresa Gallura y partir al día siguiente hacia la costa este de la isla. A nuestro parecer, el rimbombante nombre de Costa Smeralda no le hace mucha justicia si uno no dispone de los medios necesarios para explorar este litoral. En coche se hace difícil acceder a ciertas calas, pero supongo que su acceso más intrincado la hace más atractiva para los que disponen de su propio yate: si te puedes permitir el lujo de acceder a calas con una presencia de turistas o incluso lugareños meramente testimonial, te parecerá ser su propio dueño. A nosotros nos pasó algo curioso: dejamos el coche donde acababa el asfalto y comenzamos a caminar en busca de una de esas calas remotas. En algunos momentos estuvimos a punto de rendirnos y volver con el rabo entre las piernas, pero decidimos no cejar en nuestro empeño hasta que el camino nos llevase a un punto muerto. De hecho, nos cruzamos a otros turistas que volvían de ese camino y habían decidido rendirse a la evidencia. Nos preguntaron si sabíamos por dónde se iba y les dijimos que estábamos en la misma situación. Nos lo jugamos a una carta: ¿acabaríamos perdiendo el tiempo para regresar como esa pareja o descubriríamos alguna cala? Pues sucedió lo segundo y lo celebramos bañándonos, aunque el agua estaba saladísima y Crende sufrió algunas irritaciones en la piel que le empezaron a transformar en un auténtico walker con el paso del tiempo.



 

 No está hecha la miel para la boca del asno y está claro que costa Esmeralda no era el sitio apropiado para unos pordioseros como nosotros. Comimos en Olbia, un pueblo sin mayor atractivo que pasó sin pena ni gloria, y decidimos seguir nuestro recorrido de vuelta hacia el sur para quedarnos en el hotel que habíamos reservado el día anterior en un pueblecillo llamado Posada. ¿Qué mejor nombre para el pueblo de un hotel?


 El emplazamiento del hotel no podía ser mejor por lo que al pueblo respecta, pero también era el peor con respecto a la situación del coche, que había dejado abajo para no meterme por estas calles, ante el desconocimiento de la disponibilidad de aparcamiento e incluso la circulación por estos lares. El Tista pensaba que nos habíamos confabulado para reservar el hotel en la posición más alta posible y su tragicomédico enfado con posterior reconciliación resultó curiosa. La verdad sea dicha: desconocíamos la altitud a la que se encontraba el hotel.


Después de cenar en la propia posada, salimos a tomar unas cervecillas en un bareto cercano y a disfrutar contemplando el firmamento en otro pueblo perdido del interior de Cerdeña. Tista batió su plusmarca personal de cervezas, cinco, sin dar muestras de embriaguez: uno de los temas de conversación de la noche.
Al día siguiente continuamos nuestro regreso al punto de partida: Cagliari.



¡Madre mía, qué precios! Y que lo digas.


 El día y medio que quedaba lo dedicamos a Cagliari, probablemente el lugar de Italia con las mujeres más bellas, por lo menos en mi experiencia personal. Sin haberle prestado demasiada atención a las demás durante el viaje, en una plaza vi a una que me cautivó a la vieja usanza, como ese modelo Natalie-Imbrugliano en mi cabeza. Por la noche, cuando buscábamos un sitio para cenar sin tener especial preferencia, me dejé seducir lamentablemente por los ojos y sonrisa de una camarera de belleza despampanante (a nuestro juicio). Tocó la flauta y me hizo levitar hasta ponerme en una de las sillas, forzando a mis vasallos a seguirme. Unas semanas después, el curso de Perugia para el que había solicitado información me dijo que este año el curso de 4 semanas tendría lugar en Perugia y en otra ciudad. ¿Cuál? Pues Cagliari, curiosamente. 


Al día siguiente visitaríamos la torre del elefante y nos meteríamos uno de nuestros paseos improvisados para recorrer los recovecos de la ciudad antes de regresar a la patria. Nos dejamos lugares en el tintero, como Pula o Arbatax, pero como dice Diego: «Así tenemos una razón para volver».








martes, 12 de noviembre de 2013

Crónica: Gorrodisea en Castellón




 Catedral de Santa María de Valencia

Francamente, no sé a veces cómo se las arreglan los blogueros más viajeros para tener el tiempo suficiente de escribir crónicas de todos sus viajes con todo lujo de detalles. Yo, que me nutro de la información tan útil que muchos comparten con mimo y pasión, les estoy eternamente agradecido y expreso aquí mi pesar por no poder estar a la altura. Como con otro tipo de cosas, en muchas ocasiones me gustaría ser capaz de detener el tiempo y plasmar por escrito los viajes y experiencias en los cincuenta y pico países en los que he estado, una cifra modesta en comparación con currículos viajeros ajenos, pero lo cierto es que yo nunca me he considerado digno de ser incluido en tan legendaria estirpe.

Catedral de Santa María de Valencia

La verdad es que, echando la vista atrás, aun tengo la sinvergüenza de estar satisfecho con las entradas que he escrito, porque al menos esas experiencias han quedado en negro sobre blanco para siempre, salvo que esta página desaparezca por oscuras circunstancias. He aquí el quid de la cuestión: la primera motivación para el blog fue escribir para que la familia estuviese al tanto de algunas de mis andanzas, pero también tenía la ¿aviesa? intención de emplearlo para practicar mi pobre redacción. ¡Pobre de mí!


Centro Arqueológico L'Almoina

Al traducir, uno no se ve constantemente en la tesitura de tener que crear, que redactar a partir de cero, salvo esos casos de adaptaciones, traducción de humor, poesía, etc. Bueno, no es ahora el momento de profundizar en el tema, pero lo que yo quería practicar era el proceso de creación, de descripción de sitios, experiencias y sentimientos. Y hacerlo a vuela pluma, tratando de invertir el menor tiempo posible, para no tener que robárselo a otras labores a las que, por necesidad, me veo abocado a prestar más atención (especialmente el aprendizaje y consolidación constante de idiomas). Debería, empero, subsanar este error, porque no me gusta ver erratas en mis textos, por tontas que sean. Pero el considerar este blog un mero divertimento me ha impedido ser tan escrupuloso como con mi labor traductoril profesional.

 Vistas desde las Torres de Serranos

 La cuestión es que el factor que últimamente ha pasado a tener más importancia para la continuación del blog es la precariedad de mi memoria, hasta el punto de ser incapaz de rememorar a veces ciertas anécdotas de algún viaje que he compartido con otras personas. Y cuando llega el momento de desempolvar el baúl de los recuerdos, me doy cuenta de que cada vez necesito más dejar constancia de ellos por escrito o utilizar algún tipo de técnica que me permita hilvanar unas determinadas vivencias.
 


Vistas desde las Torres de Serranos

 Va a resultar imposible a estas alturas ponerme al día de todos los viajes, pero al menos podemos intentarlo con los más recientes. Otra de las razones para no esforzarme más es que no tengo ninguna intención de que este blog sea famoso y que, así, todo el mundo esté al corriente de lo que ha hecho el señorito. Para eso no hay más que preguntarle al señor Obama o a la NSA.
 

 
Lonja de la seda

 ¡Ahora sí empiezo! Hace unos mesecillos decidí pasarme por Castellón para visitar a mis queridos amigos Ramón y Jessica, a los que no veía desde que me pasé por Barcelona con Mika en el 2010. Aproveché para practicar un deporte de escaso riesgo por el que tanto Diego como yo sentimos una especial predilección, el "gorroneting" o gorroneo de casa ajena. Así que he denominado a este viajecillo "gorrodisea". ¡Espero que sea el primero de muchos! Pero debido a poca constancia bloguera, es probable que quede huérfano (ahí está esa crónica de Vietnam para demostrarlo; ¡parece que solo haya visto Hanói y Sapa cuando estuve en realidad dos semanas allí!).   



Lonja de la seda

Habíamos quedado en Valencia, pero como llegué por la mañana tuve tiempo para hacer una visita turística a mi propio albedrío. Ya había estado aquí dos veces hacía unos diez y doce años, con lo cual algunos lugares quedaban descartados, como el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. Me compré la Valencia Tourist Card y me dispuse a visitar el mayor número de lugares de atracción turística incluidos con la tarjeta.



Lonja de la seda

 Así pues, empecé por la plaza del Ayuntamiento y me fui internando hacia el centro. Pasé de largo al llegar a la catedral de Valencia (perdóneme, señor), porque no estaba incluido con la tarjeta y quería dar prioridad a esos otros sitios. Así que comencé por el museo arqueológico de L'Almoina, que me pareció harto interesante.



Lonja de la seda

 Después fue el turno de las Torres de Quart y las Torres de Serranos. Y aquí fue donde encajé una de las piezas del puzle mental que tenía sobre la ciudad. Como ya he dicho, la memoria de algunos viajes se va evaporando de tal manera que en ocasiones solo alcanzo a conservar algunos retazos del pasado, y las Torres de Serrano era una de las imágenes que habían impregnado mi retina lo suficiente como para permanecer. Al viajar esta vez en solitario y ahora plasmarlo por escrito, espero recordar más tiempo el nombre de este sitio. 



Ibis en el Oceanográfico

Después de tomarme una horchata, como mandan los cánones, en el mercado central, visité la lonja de la seda, patrimonio mundial de la UNESCO. Esto, francamente, no lo recordaba. Me pareció curioso que el vídeo explicativo de la lonja solo estuviese en español, porque los franceses que me acompañaron en su visionado pueees... no parecían enterarse de mucho. Esta es la breve descripción de la UNESCO, a modo de referencia:

Construido entre 1482 y 1533, este conjunto de edificios se destinó desde un principio al comercio de la seda y desde entonces ha venido desempeñando funciones mercantiles. Obra maestra del gótico flamígero, la lonja y su grandiosa Sala de Contratación ilustran el poderío y la riqueza de una gran ciudad mercantil mediterránea en los siglos XV y XVI.


Pajarracus ignotus en el Oceanográfico

 Aunque había visitado el museo de las ciencias (por aquel entonces de reciente construcción todavía), no había estado en el oceanográfico, así que allí me fui. Cerraban demasiado pronto, a mi parecer, pero me pude pasar unas tres horitas recorriendo los diferentes hábitats en los que se divide el museo. También asistí al espectáculo de los delfines, al igual que había hecho con el de los leones marinos de Cabárceno. Y así hasta que fui de los últimos en pirarme y en sorprenderme al ver la escasez de autobuses que hay desde el oceanográfico hasta el centro de la ciudad. ¿Dónde se habían metido los demás visitantes? ¿Es que volvían andando o cogían taxis? 




Desayuno en Benicasim

 La cuestión es que volví a la plaza del Ayuntamiento y allí me reencontré con mis dos amiguitos. Después de un paseo y una cenica con Ramón, Jessica y otros amigos suyos cuyo nombre me es imposible recordar, nos fuimos a Castellón, donde viven, y empezamos un recorrido turístico al día siguiente con un buen desayuno en Benicasim.


Ares del Maestre

Nos internamos en la comarca del Alto Maestrazgo para hacer nuestra primera parada fue Ares del Maestre.


Ares del Maestre

Esta zona interior del Mediterráneo es conocida por el cultivo en terrazas, aprovechando la piedra caliza, tan abundante por estos lares que su color evocó en mí la imagen de los picos de Europa y la maravillosa excursión por la ruta del Cares de 2012. Pero aquello es otra historia que solo Dios sabe si contaré aquí algún día (naaah).



Ares del Maestre

La altitud desde la cima no es nada desdeñable, unos 1300 metros, y por ende las vistas merecen la pena.

Ares del Maestre

 También hubo tiempo para callejear por este pueblecillo.
 
Ares del Maestre

 Me encanta perderme por calles angostas y poco transitadas de pueblecillos remotos, y la verdad es que en el viaje a la Toscana tuve para dar y tomar.

Morella

 El ya desaparecido Vázquez Montalbán era todo un gastrónomo y las disputas entre las preferencias culinarias dentro de los propios valencianos no le eran desconocidas. Para demostrarlo, Ramón me enseñó un fragmento de Los mares del Sur, considerada la novela más famosa de la serie dedicada al detective Pepe Carvalho.

«En la cocina, Fuster inspeccionó como un sargento de intendencia la labor de Beser. Había trinchado poco los componentes del sofrito. Rugió como herido por una invisible saeta.
   -¿Qué es eso?
   -Cebolla.
   -¿Cebolla a la paella?¿De dónde has sacado eso? La cebolla ablanda el grano.
   -Eso es una majadería. En mi pueblo siempre ponen cebolla.
   -En tu pueblo hacéis cualquier cosa para significaros. se puede poner cebolla a un arroz de pescado o de bacalao y hecho a la cazuela, a la cazuela, ¿entiendes?
   Beser salió de estampida y volvió con tres libro bajo el brazo: Diccionario gastrosófico valenciano, Gastronomía de la provincia de Valencia y Cien recetas de arroz típicas de la región valenciana.
   -No me vengas con libros de gente que no es de Villores. Morellano de mierda. Yo me guío sólo por la memoria popular.
 
Morella

 Por morellano se entiende habitante de Morella, uno de los pueblos que tenía apuntados para la visita. El otro era Peñíscola, pero quedaba demasiado a desmano. Ambas localidades pertenecen a la subjetiva red de Los pueblos más bonitos de España. Lo más curioso de esta asociación es que te permite darte cuenta de que Teruel, efectivamente, existe. ¡Vaya que sí! De hecho, 5 de los 15 pueblos registrados son de esa provincia. Buena forma de promocionarse y demostrar su existencia. De hecho, es una de las provincias en donde no he estado nunca hasta ahora y Albarracín fue elegido como «el pueblo más bello de España» allá por el año 2005 por un grupo de expertos. No sé cuán expertos serán, pero entre los cinco de Teruel en esa lista y los tres de Huesca en el top 10 de la lista del 2005... ¡Algún día habrá que visitarlos!


Morella

 Este tipo de localidades te demuestra la poca distancia que puedes recorrer para llegar a sitios que merezca la pena visitar. Para muestra, un botón: solo he estado en dos de esas quince localidades: Santillana del Mar y, ahora, Morella. ¡Aún me falta!


Morella


Fue una visita muy agradable, que coronamos con el ascenso al castillo.


Castillo de Morella

 Allí nos pudimos informar de la historia relativa a él. Como siempre me pasa en estos casos, una información de este tipo, leída solo una vez, tiene una permanencia efímera en mi memoria. De hecho, creo que ya me había olvidado de todo a la comida. Es una pena, pero ya no hay muchos gigabytes disponibles donde almacenar este tipo de datos. Podría recuperarlos investigando en la web para ordenarlos aquí, pero el tiempo apremia de nuevo.



Maqueta del castillo de Morella


 Después de informarnos, hicimos unas fotos del paisaje que nos rodeaba desde las alturas.

Punto más alto del castillo de Morella

Vista panorámica desde el castillico 

 
Vista panorámica desde el castillico


Vista panorámica desde el castillico 

Como se puede ver en las fotos, el tiempo fue cambiando para peor progresivamente, hasta que empezó a llover tímidamente, la primera señal para marcharnos. Pero después arreció y nos pilló cuesta abajo, sin posible cobijo. Cuando llegamos a la entrada del castillo nos refugiamos un rato, esperando a que escampase. No cayó esa breva, pero sí que amainó lo suficiente como para empezar a buscar un sitio para comer.

 

En busca de manduca

Fuimos a un restaurante recomendado por un familiar de Ramón que yo paso, a su vez, a recomendar encarecidamente: Daluan. Ahora veo que está en primera posición de los restaurantes de Morella en tripadvisor y no me extraña nadita. Tomamos como entrante, entre otras cosas, carpaccio de trufa (tuber aestivium) con aceite de oliva farga, y luego paletilla de cordero, pierna de cordero... esas cosas.



Trufas, montones de sales


Crujiente de queso tierno, brotes, miel y frutos secos


El día siguiente ya me tenía que marchar y lo tomamos más relajadamente, con un paseo por Benicasim, pasándonos antes por casa de los padres de él para presentarles mis respetos a don Ramón y esposa y Carlos, el hermano. Hace 8 años había estado justo allí tras volver de Ibiza con las amígdalas más inflamadas que yo que sé. Decidimos darnos por un paseo por el llamado desierto de Las Palmas.

Desierto de Las Palmas

Y después comimos en "Casa Jessica" un arroz al horno especactular. Decidí grabar su preparación para tratar de quedarme con la copla y hacerlo yo algún día.

Arroz al horno


Arroz al horno


 Alboraya

 Antes de coger el avión, por la tarde, hubo tiempo de dar un paseo por Alboraya y visitar la celebérrima horchatería Daniel, a donde personajes ilustres han acudido, acuden y acudirán para saciar su sed de esta deliciosa bebida. 

Alboraya


De camino al Daniel


Clientes ilustres

 La fama estaba justificada porque, aunque no soy un experto en la materia ni mucho menos, estaba tan rica que me la habría bebido de dos sorbos. Buf, ¡qué vicio! Aquí no se viene a beber ninguna otra cosa. Para hacerlo más castizo, mojamos los denominados fartons en la horchata. Son unos bollos esponjosos donde casi todo es aire y están diseñados a medida para tomarlos con la horchata, porque tomarlo solo no debe de tener ningún sentido: absorben el líquido que da gusto. Pensaba que era algo valenciano en general, pero he leído que es típico precisamente de este municipio. 

Fartándonos de fartons

viernes, 8 de noviembre de 2013

Gilipoema: «Todo me importa un huevo caducado del Gadis»

Antes de aprovechar estos momentos de asueto para tratar de retomar el género de las crónicas de viajes, he aquí una composición cutre y lamentable, sin ton ni son, finalidad ni motivación.

Dicen que, si te acosa la duda,
elegir debes a la más tetuda.
Aunque mejor adquiere cultura
sumergiéndote en la literatura.
Igual te da por leer a Quevedo,
lo cual me importaría un bledo.
Pero si prefieres leer a Cernuda,
a mí, francamente, me la suda.
Que no te venza la congoja,
aunque a mí me la traiga floja.
Pero si prefieres ahuecar el ala,
a mí, francamente, me resbala.
Si ves que tu ánimo se desinfla,
no acudas a mí: ¡me la reflanflinfla!
Pensarás que con mi actitud te desairo,
¡a mí plim, porque me la trae al pairo!

lunes, 4 de noviembre de 2013

Curiosidades de "China, tercer milenio"

Estas son los datos que he apuntado en la lectura del libro de Ramón Tamames y Felipe Debasa.

  • Shanghái y Pekín restringen el número de vehículos en circulación. En Pekín, desde enero de 2011 solo pueden ponerse en circulación 18 000 coches al mes; mediante un sorteo por internet se decide quiénes pueden adquirir la matrícula, sin que nadie pueda tener más de una.
  • El puerto de Shanghái es el tercero del mundo, solo por detrás de Singapur y Hong Kong. Sin embargo, en la página web del World Shipping Council encuentro que los cinco primeros son Shanghái, Singapur, Hong Kong, Shenzhen y Busán (Corea del Sur), tanto en 2011 como en 2012.
  • Pekín es el segundo aeropuerto mundial por tráfico de pasajeros (el primero es Atlanta y después están Chicago, Londres y Tokio; siendo Madrid el único español en el top 50 [posición 12]).
  • La tercera mayor empresa de internet por capitalización bursátil es la china Tencent, solo por detrás de Google y Amazon. La quinta es Baidu, china también.
  • La diferencia entre el clásico Mao Tse-Tung y Mao Zedong es el sistema de transcripción. El primero se rige por el sistema Wade-Giles, el empleado hasta la generalización del pinyin, por el que se rige la segunda versión del nombre.
  • La intrépida cruzada contra los censores de Bill Xia.
  • China es el primer productor mundial de series de televisión.
  • Esto ya lo sabía y siempre me lo preguntaba cuando lo leía. La muralla china (de 21 196,18 km de longitud) no es la única construcción humana visible desde el espacio, las pirámides de Giza son mucho más fáciles de ver, pero tal vez la más visible de todas es el vertedero de Fresh Kills. Triste.
  • Su banca es la mayor del mundo, con un volumen de crédito que supera el 180 % del PIB.
  • Es el país con mayores reservas de divisas internacionales (más de 3000 billones de dólares), justo por delante de Japón y toda la Eurozona. 
  • En 1820, a comienzos de la era industrial, Asia todavía generaba 3/5 de la producción mundial. En 1940 había pasado a 1/5. En el 2004 esa cifra se situaba en los 2/5. Estas cifras tan interesantes se pueden consultar aquí.
  • El famoso portaaviones Liaoning que fue abandonado en su astillero en el mar Negro en 1992 pasó a manos de Ucrania y China se lo compró, aduciendo como propósito el convertirlo en un casino flotante en Macao (pfff, claro, claro…). Los turcos pusieron muchas trabas para que pasase los estrechos de salida del Mediterráneo, pero finalmente pasó y se completó su construcción hasta que en noviembre de 2012 un caza J-15 realizó el primer aterrizaje en él. Seamos serios, ¿realmente hace falta mentir de esa forma descarada con respecto a la finalidad que le vas a dar al portaaviones?
  • Un pequeño error de apreciación muy extendido. Cito:
    «El posicionamiento de China sobre la culpa de los líderes y la inocencia del pueblo [en la segunda guerra mundial] cambió después, por el entierro de criminales de guerra en el santuario de Yasukuni en 1978». ¿Desde cuándo se entierra a gente en los santuarios sintoístas? Eso solo lo puede haber en los templos budistas. He razonado esto un poco más y le he escrito al autor, a ver qué opina. Es posible que mande a freír espárragos por repelente x-D. En ese caso redactaré una entrada en el blog de todas formas, porque veo que está muy extendido ese concepto erróneo.
  • La mayoría de los emigrantes chinos en España procede de la provincia de Zhejiang y, más concretamente, del distrito de Qingtian.
  • Muchas veces hablamos de que los chinos nos parecen todos iguales. Pues, curiosamente, este caso también puede darse a la inversa, por mucho que a nosotros nos parezca extraño. Hong Huang Yugao, vocal de la Cámara de Comercio de Madrid, afirma que al llegar a España «los españoles me parecían todos iguales, y solo podía diferenciar a hombres de mujeres y calvos de melenudos».
  • El Gobierno chino está tratando de poner freno a la corrupción con diversas medidas, alguna tan singular como la creación de la cuenta número 35 581 (en pinyin san wu wu ba yao), en el Banco Industrial y Comercial de China. Lo curioso es que la pronunciación del número se asemeja a la frase sai wo wo bu yao, que significa literalmente ‘me meten (dinero o soborno), pero no lo acepto’, o también song wo wo bu yao, que significa ‘me lo regalan, pero no lo acepto’. Quizá bu yao se pueda traducir como ‘no lo acepto’ por contexto, pero yo quizá lo traduciría como ‘no quiero’, porque en esta situación no lo acepto sería más bien wo bu jieshou. Bueno, eso hasta donde alcanza mi chino.
  • La observación ingenua de Chávez: «Necesitamos a China, país que está demostrando que se puede ser grande sin ser imperio, gracias a la gran revolución del camarada Mao Tse-tung».
  • El célebre Henry Kissinger consideraba a Nixon el más preparado de todos los presidentes norteamericanos que conoció, por mucho que sufriera su imagen pública por el escándalo Watergate. Fue a partir de aquella época cuando realmente EE. UU. y China empezaron a limar asperezas y, de hecho, fue en 1971 cuando China entró en la ONU, reemplazando a la República de China (Taiwán) como miembro permanente del Consejo de Seguridad.