jueves 13 de octubre de 2011

A-mei

A-mei es una cantante taiwanesa aborigen que últimamente escucho con profusión. Todo empezó viendo una canción de A-mei en un karaoke taiwanés que me dejó anonadado for su fuerza (todo hay que decirlo: estar en ese sitio con la música a tope impresiona mucho más). Tengo conocimientos de chino muy limitados, por no decir nulos, pero eso no supuso óbice ninguno para disfrutar con la música. De cualquier forma, esta canción en concreto es una que no entienden tampoco muchos taiwaneses, ya que está cantada en su lengua aborigen. 





Alguien me la comparó con Mónica Naranjo, pero la verdad es que no hay ni punto de comparación. Ya no solo por las cualidades de ambas como artista, sino por la variedad de registros y de estilos musicales de A-mei, que he ido descubriendo a través de varios álbumes. Quien solo haya visto esta canción, donde hace gala de un poderoso torrente de voz, es posible que piense así. Pero entonces se pierde otras canciones que nada tienen que ver. Esta otra es de las pegadizas y también viejunas, como bien muestra el estilo del vídeo. Forma parte de su primer álbum, Sisters (1996).



Esta otra tiene un toque incluso más rumbero: la famosa Bad Boy, que da título a su segundo álbum (1997). A-Mei suele rodearse de algunas de sus hermanas en sus vídeos.



 

Las dos siguientes pertenecen a su penúltimo álbum, Amit, que cosechó un gran éxito de crítica y ventas. El tercero lo he puesto porque me gusta el vídeo, aunque no he investigado de qué álbum es esa canción. 


Si os negáis a ver todos los vídeos, al menos ved el siguiente (diao le). Una pedazo de canción.







 

Ha sido un grato descubrimiento y una música que, al menos para mí, me era totalmente desconocida. Lástima que cantarla sea harina de otro costal.

viernes 16 de septiembre de 2011

Los kanjis más enrevesados

¿Alguna vez os habéis preguntado cuáles son los ideogramas japoneses más complicados? Seguro que no. Yo tampoco, pero siempre hay una primera vez. 

Lo cierto es que, desde un punto de vista estricto, no se trata de los kanjis más complicados, sino de los que poseen un mayor número de trazos. A mi juicio debería haber una primera clasificación con aquellos kanjis con el mayor número de trazos que, a su vez, no contuviesen ninguna o las menos repeticiones posibles. Este sería el caso del chino nàng.
 



Después estarían aquellos con mayor número de trazos, incluyan o no repeticiones internas. Estos son los 3 con más trazos:

 

Se lee kagami y significa lo mismo que 鏡 ('espejo'). Aparece en la obra 岩手軽便鉄道の一月 de Kenji Miyazawa.



Se necesitan nada más y nada menos que 79 trazos para dibujar el kanji que ocupa la segunda posición de nuestro ranking. Se lee ooichiza おういちざ y significa algo así como 'escupir/vomitar delante de mucha gente', por lo que he averiguado. ¡Que alguien me corrija!


Y el kanji que corona nuestra lista es Taito:



He leído que los dos últimos se han utilizado en alguna obra de teatro en el período Edo y que Taito también ha sido empleado como parte del nombre de una persona. Menuda gracia tener que escribirlo cada vez que rellenas un formulario...


 Sin embargo, el kanji objetivamente más complicado que yo haya visto (lo he encontrado investigando esta entrada, ya que los tres anteriores aparecen en mi libro de The Best House) es el chino biáng, que se refiere a un tipo de fideo (noodle) de la provincia de Shaanxi en China. Ver para creer.

miércoles 31 de agosto de 2011

Experimentos físicos: el vaso

Siempre me han encantado los programas del tipo El mundo de Beakman, donde te instruyen sobre las leyes de la física u otras ciencias a base de experimentos. Estando en Japón me dio por probar alguno de los más interesantes, sobre todo para el ojo no entrenado. Yo, como fiel representante del bando catalogado como "los de letras", me maravillo ante lo que parece estar engañando mi sentido común.


video


¿Qué ha pasado aquí pues? Toda esa agua queriendo salir y una miserable carta se lo impide.

viernes 26 de agosto de 2011

Del autor al lector: coste de un libro

En uno de mis programas favoritos que he visto el otro día, analizaban lo que se llevaba cada una de las partes implicadas en la producción de un libro cualquier de 1000 yenes en Japón. Estos son los resultados:

Autor: 100 yenes
Editorial: 300 yenes
Imprenta: 300 yenes
Distribución: 80 yenes
Librería: 220 yenes

Pásese el ratón por las cifras para verlo con más claridad.

miércoles 17 de agosto de 2011

Sustos animales de carallo (2): el tigre

Ese tigre es un auténtico aficionado a los baños termales japoneses, como bien demuestra el vídeo. Sin embargo, su baño se ve interrumpido por la llegada de invitados inesperados. Ni los depredadores más voraces se pueden tomar un respiro entre presa y presa...




martes 9 de agosto de 2011

Popo, el búho mascota

Ya he hablado en alguna ocasión del programa The Best House, pero creo que no he mencionado nunca a su más que entrañable mascota: Popo, o Popo-chan (ポポちゃん) para los japoneses. Se trata de la especie Otus lempiji, originaria de África. La característica más llamativa de esta adorable ave es su metamorfosis: en función de la enjundia del enemigo, es capaz de adquirir un aspecto más atemorizador o encogerse hasta el punto de parecer una rama gorda (o al menos es la suposición del narrador sobre lo que percibirá el enemigo).





En este segundo vídeo de otra ocasión se puede ver un punto intermedio. Cuando aparece un ave de una fuerza similar (en este caso él mismo), pasa olímpicamente (en japonés pone 無視 mushi, 'hacer caso omiso'). En esta ocasión los miembros del programa observan en vivo y en directo sus adorables transformaciones. ¡Qué monada!

lunes 18 de julio de 2011

Vietnam: Sapa (2/2)


El segundo día en Sapa fue cuando me enamoré de este lugar. Emprendimos el camino por la mañana y Danny nos llevó desde lo alto de las colinas hasta la propia vaguada, con una parada en el río para un masaje de pies relajante y balsámico. En cuanto vi aparecer las terrazas de arroz, supe que había merecido la pena llegar hasta aquí.



En nuestro recorrido pasamos por muchas de estas terrazas, acompañados de numerosos miembros de la tribu de los hmong negros, que aprovechaban la ocasión para ofrecernos su ayuda como expertos en el descenso a cambio de comprar algunas de sus baratijas al final del periplo (cosa que no sabes hasta el final, pero que se puede intuir). La verdad es que, de todas formas, es entrañable ver cómo cuidan de los niños extranjeros mientras estos se aferran a su mano.



Mi amigo Jorge (don Foto) se habría quedado extasiado ante estas vistas, disparando sin parar, en una sucesión interminable de instantáneas con las que tratar de capturar tan singular paisaje. Sin embargo, las fotos no le hacen justicia. La quietud se conjuga con la abrumadora superposición de terrazas que adorna los valles. Las de Banaue (Filipinas) son también famosas, y creo que empiezo a entender la devoción que suscitan por cómo impresionan y cómo se quedan impregnadas en la retina, cómo pasan a engrosar esa serie de imágenes de tu memoria.






Al final del camino visitamos un colegio y nos hicimos una foto con los alumnos y nuestro guía, Danny. La verdad es que los chavales apenas se inmutaron ante nuestra presencia.


El programa era apretado, por lo que después de comer a la vuelta (la mejor sopa de verduras que he probado jamás y otros platos riquísimos) pusimos rumbo a Hanói de nuevo, no sin antes deleitarnos con el omnipresente café vietnamita.