lunes 21 de diciembre de 2009

La vuelta al Báltico en cinco días ( y 5)

Y terminamos este periplo por el Báltico con un retraso prácticamente sin parangón. A punto de entrar en el 2010 comento un viaje realizado en mayo de 2008... ¡Acabemos con esta singladura!

Después de visitar Tallin en un tiempo récord, cogí el transbordador rumbo a Helsinki, para encontrarme con María, una ex compañera de trabajo de Nintendo. Antes de quedar con ella pude probar reno con puré de patatas.


Después me di un paseo por la plaza del Senado, con la catedral de Helsinki a mis espaldas. Uno de los lugares que más merece la pena visitar. Lo cierto es que me pareció el único interesante, pero tampoco tuve todo el tiempo del mundo para ver la ciudad.


Creo que, de todas formas, lo más interesante de Helsinki es Suomenlinna, no en vano fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991.


La historia de esta fortaleza es, cuando menos, curiosa. En realidad pertenecía originalmente a la corona sueca (ellos la denominan Sveaborg), que encargó su construcción a mediados del siglo XVIII, para poner freno al avance del imperio ruso. Rusia ocupó sin problemas Helsinki en 1808, tardaron más en conquistar este supuesto bastión inexpugnable. Por lo que me contó María, la táctica consistió en lo siguiente:

Parece ser que las tropas rusas desfilaban día sí y día también en Helsinki, haciendo creer a los suecos de Sveaborg que cada día llegaban más refuerzos. Al ver tal despliegue desde la distancia, los suecos se hicieron purrú y decidieron rendirse en 1808.


Los puentes comunican las seis islas de Suomenlinna.

Creo que esta se llamaba la "Puerta del Rey". Por cierto, la gracia de la foto es que realmente no me estoy apoyando, ejem.

Después de tantas aventuras, volví a ese hostal de harto remota ubicación y habitaciones de veinte camas, con la sensación de haber logrado un buen balance para solo cinco días de viaje. Es lo que tienen las visitas relámpago como estas. Y así cogí el bus a Tampere para regresar en avión a Fráncfort, donde todavía vivía por aquel entonces (en mis últimos días).

En Tampere no tuve tiempo para casi nada, pero aún me así me pegué una pateada para ver si encontraba algo interesante. El balance, la curiosa Catedral de Tampere, de reciente construcción (1902-1907), y una rica perca que comí en un restaurante vikingo de esa ciudad. Recomiendo el restaurante, aunque tan solo sea por su maravillosa decoración.

Y así acabó este viaje por cuatro países en 5 días: Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia. Creo que pude ver bastante para disponer de tan poco tiempo :-). Naturalmente, lo que me gusta es quedarme y disfrutar de las culturas locales, como ahora en Japón, pero no siempre se tiene tiempo para eso.

En unas horas parto para Malasia, para después poner rumbo a Camboya (por segundo año consecutivo) e Indonesia. Tampoco tendré todo el tiempo del mundo para disfrutar como quisiera de estas culturas, pero se hará lo que se pueda.

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos! Este blog se va de vacaciones con demasiadas historias pendientes que contar.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Nombres desafortunados: volumen 2

Ya hablé el año pasado sobre los hoteles del amor, aunque los clubes nocturnos en los que pagar por hablar con una supuesta belleza merecen un apartado especial. No voy a hablar de ellos en este momento, pero creo que nos encontramos ante uno de los que mejor explicita la oferta que propone.

Así es, amigos: Laputa, sin más miramientos, acompañado del lema "porque quieres que te hagan feliz". Naturalmente es solo una coincidencia. Me juego veinte duros a que si le preguntas a la mayoría de friquis japonófilos sobre Laputa, te dirán que se refiere a un lugar ficticio de una película de Hayao Miyazaki (El castillo en el cielo), pero se refiere originalmente a la isla flotante de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. No deja de tener su gracia.

martes 8 de diciembre de 2009

Corea: tensión y distensión (7/7)

"¿Cuántos años tienes?". Esta pregunta tiene dos posibles respuestas para un coreano. ¿Por qué? Porque existe una "edad coreana", ligeramente diversa a la edad "internacional", por así decirlo, que se ve reflejada incluso en los formularios. Mis dos amigas tienen 25 años coreanos, pero 23 "reales". ¿Y cómo se come eso? Pues bien, como si de un Rouco Varela asiático se tratase, en la cultura coreana se empiezan a contar los años desde que el bebé está en el vientre de la madre que lo parió, bueno, de la madre que lo parirá. Así pues, el primer cumpleaños del querubín se celebra a los 100 días. Por otra parte, el comienzo de un nuevo año añade otro ídem más a su edad. Es decir, que esto genera casos tan exóticos como que un bebé de 4 meses, nacido a comienzos de septiembre, tendrá nada más y nada menos que 2 años el 1 de enero.

Me imagino los pros y los contras que tendrá esto: desde excusas del tipo "Eh, ya puedo fumar, que tengo x años" o lo que yo llamo el "trauma doble". Pongamos por caso a una mujer que va a cumplir los 30 años coreanos: el día de su cumple reflexiona sobre lo sola que se siente, y que el arroz ya se le está empezando a pasar, que no tiene novio ni visos en el horizonte. Pues bien, ¿se repetirá la escena cuando cumpla 30 años occidentales? ¿Qué pensará?

Dios mío, antes estaba sola, pero por lo menos solo a nivel coreano. ¡Ahora mi soledad ha alcanzado cotas internacionales!

La verdad es que, tocando de paso el tema "matrimonio", Corea parece un país algo más chapado a la antigua en este sentido. Me refiero a que, hace tan solo una o dos generaciones todavía eran habituales los matrimonios arreglados, ¡en algunos casos extremos hasta antes incluso del propio nacimiento del individuo! En el caso de Minji, el padre de su novio la llama habitualmente, como si quisiera tenerla controlada, ¡ja, ja!. Afortunadamente, hay amor.

El último día fui a ver otro de los lugares de Corea catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La fortaleza de Hwaseong, en la localidad de Suwon (que integra el área metropolitana de Seúl).

La visita comenzó en Hwaseong Haenggung, una muestra muy representativa (hablo como si fuera un erudito en la materia, pese a no tener ni pajolera idea) de la arquitectura de la dinastía Joseon. Construido en 1789, era la residencia del rey Jeongjo, todo un ejemplo a seguir en cuanto a piedad filial se refiere. Por lo que parece, profesaba por sus padres una devoción sin igual... Bueno, prácticamente igual que el desprecio que sentía por su hijo, al parecer aquejado de cierto retraso mental. El rey, ni corto ni perezoso, lo encerró en una caja de madera hasta que el pobre murió de inanición. ¡Con dos cojones!

Minji en la espaciosa vivienda del hijo del rey. ¡Todo un lujo para alguien que vive en Tokio!


La entrada principal de Haenggung recibe el nombre de Sinpungnu (significa 'nueva ciudad natal', lo cual refleja el cariño del rey por Suwon). Allí se mudó para estar cerca de la tumba de su padre, que veneraba 13 veces al día, y construyó la fortaleza de Hwaseong para proteger su tumba. En la puerta vemos el famoso símbolo del yin (la parte roja, que representa la luz y el calor) y el yan (símbolo del frío y la oscuridad), que forma parte de la bandera de Corea, llamada Taegeukgi.


La fortaleza de Hwaseong se construyó entre 1794 y 1796. El rey Jeongjo trasladó la tumba de su padre, el príncipe Jangheon desde el monte Baebong de Yangju al monte Hwa de Suwon y fundó el templo de Yongjusa con el fin de rezar por las almas de los difuntos.

Paldalmun, la entrada meridional

Minji en el estanque de Yongyeon, con el Dongbukgangnu al fondo, captada en el trágico momento en que su móvil decidió darse un bañito. Después comprar una red para tratar de cogerlo, uno de los coreanos que pululaba por allí se ofreció a cogerlo por el módico precio de 50.000 wones, unos 30 euros. Como la red fue un intento infructuoso, el coreano acabó metiéndose en el estanque para encontrar el teléfono, y servidor apoquinó. El tiempo invertido por estas dos chicas para mostrarme su ciudad y su cultura, además de acogerme en su casa, bien lo merecía.


Minji se sorprendía por el interés con el que examinaba cada una de las inscripciones y letreros informativos sobre las características y funciones de cada uno de los puestos, torretas o las puertas secretas por las que llegaba el armamento o los víveres. Lo cierto es que hay mucho que comentar al respecto, pero entonces esto acabaría convirtiéndose en un mero panfleto turístico, y ahora que reviso esta entrada para publicarla (8 de diciembre), mi memoria falla cual escopeta de feria al recordar la información. No tendría mucho sentido copiar y pegar de la Wikipedia (a la que debo recurrir de todas formas numerosas veces, pero pa eso he donado 20 dólares x-D).



Ya habíamos comido el piscolabis que nos había preparado la maravillosa madre de Crystal, por lo que no pude probar la comida de perro cuando Minji avistó el restaurante de esa foto. Los caracteres coreanos así lo indican.


Dongbukgangnu (Banghwasuryujeong)


Corea ha sido una sorpresa muy agradable que no me esperaba, aunque todo se debe a las guías y su disponibilidad. Si bien Seúl es una ciudad en la que uno se puede manejar (aunque no tuve la necesidad de hacerlo por mí mismo), lo cierto es que la experiencia de la sauna, la planificación para ver lo máximo posible, aprender tanto sobre la gastronomía (que desglosaré en dos entradas el próximo año), las costumbres y la vida de los coreanos en un tiempo tan limitado me resulta muy enriquecedor. Seguramente me he dejado muchas cosas en el tintero, aspectos que me hubiese gustado mencionar por resultar curiosos para nosotros. Hace poco hice un hueco para aprender coreano y me gustaría leer sin dificultades para poder llegar a adquirir un vocabulario y una conversación básicas.

Quizás sea Corea un país minusvalorado como destino, pero con dos buenas amigas como guías, toda tensión con el norte se convierte en distensión.

Crystal y Minji, dos guías maravillosas.

lunes 30 de noviembre de 2009

Albor

-Graciñas, Marquiños, prometo darte un respiro este fin de semana. Aunque ya sabes cómo son estas máquinas, no es que dependa mucho de mí.

El empleado, un técnico noblote y campechano, quitó hierro al exceso de horas extra que no parecía mermar su ánimo.

-Nada, Paula, para eso estamos -respondió con una sonrisa que traslucía resignación y bonhomía a partes iguales antes de abandonar la oficina.

Removió los papeles que se amontonaban en la bandeja, como queriendo calcular a ojo de buen cubero el tiempo libre del que iba a disponer el fin de semana. "Otra semana a mil... ¿Cuándo llegará el día en que deje de medir el estrés laboral en potencias de 10 elevado al cubo? No puedo desconectar siquiera la víspera de mi cumpleaños."

Transfirió al llavero USB su tortura sabática con visitas matutinas a parques incluidas, aderezada con informes que prometían acabar con cualquier viso de esperanza para disfrutar de una jornada domenical tranquila y reposada. Recogió a la hora habitual, siendo la única persona presente para dar el relevo a Fermín, el bedel curado de espantos con el que sentía identificada.

Emprendió el camino de vuelta a casa sometiéndose de nuevo a la jungla del asfalto coruñés, donde una jauría anárquica de coches jugaba a enmarañar, donde los intermitentes pierden su significado y los conductores malgastan sus últimas gotas de buen humor.

Respiró aliviada al llegar a casa sana y salva una vez más. Su cansancio era tal que, nada más llegar a la habitación, apenas dispuso del tiempo necesario para activar la alarma y ponerse agónicamente el pijama antes de caer profundamente dormida.

El maldito reloj cumplió desgraciada y robóticamente su función para así levantarse temprano, y adquirir por ciencia infusa la cara de pocos amigos que genera el levantar la persiana y ver qué poco efecto surte en la iluminación de la habitación. "No hay nada más deprimente que esto", pensó. Erguirte y descubrir que aún es de noche te transmite la extraña sensación de que el tiempo no ha pasado, que no has dormido y que todo sigue igual.

Sin apetito suficiente para un desayuno en condiciones, se dirigió como un zombi al coche para poner rumbo al parque de turno. Una de esas visitas prescindibles que con mucho gusto delegaría al primer desconocido que pasase por la calle.

Cuando llegó, se alegró de comprobar la presencia de su compañero Matías. Era una de esas personas dicharacheras y lenguaraces que podían convertir el tedio en un mal menor pasajero. Justo el tipo que necesitaba al lado para trabajar en un día tan especial para ella.

-Hola, Matías, ¿no ha llegado Xusto todavía?
-Pues no estoy seguro... ¿Has probado a mirar en el R-7? Ya sabes que le gusta hacer ejercicio por las mañanas poniendo en marcha las palas de ese aerogenerador a mano.
-Boh... vai rañala.
-De todas formas, creo que deberías subir a la góndola... porque... ¡es el nuevo modelo! ¡Vas a flipar!

Algo había en el entusiasmo de Matías que parecía fingido. Sin embargo, lo cierto es que era una tarea que debía realizar tarde o temprano, aunque solo fuera por la curiosidad propia de la profesión.

Se dirigió al R-7, el modelo más avanzado de entre todos los aerogeneradores de nueva generación que la empresa había acabado de adquirir. Situarse justo delante de él resultaba imponente. Lo cierto es que el paisaje que producían no dejaba de resultar singular: como una parada inmóvil de gigantes en plena algarabía, con sus palas como extremidades y el aire como lenguaje. Poblaban los campos y valles, coronaban montes, afeaban para unos y aliviaban para otros. Pensaba sonriente en aquellas palabras de Matías a modo de lema empresarial: "La energía eólica ha supuesto todo un soplo de aire fresco".

Mientras subía en el ascensor recordó la primera vez que había montado al gigante, la espectacular perspectiva desde la que podía contemplar el verde e idílico paisaje que la rodeaba, la pureza del aire, la insignificancia de las personas desde las alturas.

Una vez en el interior de la góndola, comprobó las características de los dispositivos, y se dio cuenta de que dejaba a la altura del betún la versión anterior. Pese a que carecía de los conocimientos de un experto, las partes como el generador, el multiplicador o el sistema de seguimiento eran visiblemente más avanzados. El nuevo controlador contaba además con una pantalla táctil de alta resolución. ¿Sería esto lo que impresionaría a Matías?

El alba estaba despuntando, y no pudo resistir la tentación de contemplar el proceso, que no por cotidiano dejaba de ser espectacular. Era curioso como los hombres dejaban de admirar aquello que formaba parte de su rutina, ese sol que nos salvaba la vida y nos libraba de la oscuridad, siempre ligada a la tristeza, la umbra, encarnada por Érebo para los griegos, Herulus para los romanos, Ahrimán para los persas...

Allí, agarrada a la línea de vida, se olvidó por un momento de todo y disfrutó con el albor iluminando su cara. Sin embargo, a medida que se fue haciendo la luz sobre la superficie de la góndola, comprobó que había algo escrito encima de ella. Parecía una frase. En un primer momento pensó que era un nuevo lema que acompañaba al logotipo de la empresa, pero resultaba sin duda un lugar extraño para colocarlo. Cuando se giró, reparó asombrada en el resto de líneas que la acompañaban, y se dio cuenta de que eran versos... como en forma de soneto.

Sobre el molino de viento otea,
a la luz del alba una princesa,
de rostro vivo y ojos turquesa,
onírico viso de Dulcinea.

Helios refulge en el horizonte,
trisan las golondrinas a lo lejos,
y el cielo es un mar de espejos
que de un firmamento nos esconde.

Aquí sueñas despierta que quieres ser
dueña de este paraje huérfano,
con bucólicas praderas por doquier.

Será la brisa del amor, empero,
la que te azote cuando te vuelvas,
y descubras que aquí te espero.

Se giró extrañada y otro punto de luz le cegó la vista por un instante. Parecía una conjunción de dos astros con intensidades de radiación solar semejantes. Sin embargo, cuando logró entreabrir los ojos, advirtió una cabeza sobresaliente que la miraba con una sonrisa cómplice.

Comprendió que era él, y esbozó una sonrisa.

sábado 28 de noviembre de 2009

De padre y muy señor mío

No cabe duda de que algunas de las anécdotas y vicisitudes de tinte cómico que he tenido la desdicha de vivir en mis propias carnes han contribuido a la repetida liberación de endorfinas por parte de la audiencia que se arremolina en torno al narrador de turno. Uno de los alquimistas más duchos en este terreno, de esos que le quitan el prefijo a la desgracia para transformarla en gracia, es mi padre y tocayo.

Esta, en concreto, es una de las más famosas. Por circunstancias de la vida, la escatología siempre aparece como telón de fondo. Suelo olvidar los datos concretos, pero situemos la acción en un centro comercial de Lisboa, hace ya más de 20 años. No recuerdo cuántos tenía yo exactamente, pero espero que fuesen los menos posibles.

Tanto mi madre como mi hermana nos habían dejado solos un momento, por razones que ya he olvidado, pues no soy el narrador oficial de la historia. El pobre padre llevaba un tiempo temiéndose lo peor: concretamente desde esa exótica comida portuguesa de difícil digestión. El apretón era inevitable, tanto como otorgar a su hijo una independencia momentánea: ¿sería capaz de asumir tamaña responsabilidad? ¿Estaría dispuesto a esperar escasos minutos en un mismo punto del espacio? Había llegado el momento de averiguarlo, de que el pequeño Simba se convirtiese en el Rey León. Así, el cabeza de familia habló:

-Pirulo, voy al baño un momentito. ¡NO, repito, NO te muevas te aquí y espera quietecito!

El padre pareció vislumbrar cierto gesto de pavor en el rostro del retoño, pero ante la falta de desacuerdo oral tácito y la amenaza de una evacuación en ciernes, lo abandonó y se dirigió presto al baño. A partir de aquí, no está muy claro lo que sucedió. Yo lo recuerdo así:

Oteaba el horizonte con la vana esperanza de avistar a mi padre. Los minutos que habían pasado me parecían siglos. Hallábame vacío como una isla sin Robinson, perdido como un quinto en día de permiso, me invadía la congoja y el desconsuelo: así estaba yo sin la presencia paterna. Dirigime pues al mingitorio con la fundada esperanza de hallar su presencia. Una vez dentro, como los tres pares de pies que asomaban por debajo de sendas puertas me eran desconocidos, pregunté a los allí presentes:

-Disculpen las molestias, caballeros. No quisiera importunarles en la afanosa y delicada tarea que tienen pendiente, pero, ¡oh, cuitado de mí!, atribulado me hallo ante la aciaga ausencia de mi progenitor. ¡Ah de la puertas! Heme aquí a sus pies, estimados excretores, les ruego que se apiaden de mí y pongan fin al martirio de esta soledad. ¿Quién de ustedes responde al nombre de don Servando?
-¡PIRULOOOOOOOOOOOORRGHHH! -bramó una voz iracunda detrás de una de las puertas.

Sin embargo, mi padre lo recuerda así:

Qué alivio para el intestino,
arribar al baño como destino.
Limpiemos el trasero con brío,
pues el niño espera a su albedrío.

Arriesgada licencia me he tomado,
partiendo cual centella al excusado.
En un mundo extraño, sin cobijo,
aguarda el capullo de mi hijo.

¿Será capaz, por ventura,
de mantener la compostura?
¿Acaso difícil o inaudito
es mantenerse quietecito?

Mientras componía mentalmente estos humildes versos, advertí cómo la puerta del baño se abría lentamente, emitiendo un "crrieec" que hasta parecía destilar un tono inquisitivo. Aprecié la voz gemebunda de un niño que, entre sollozos, acertó a decir con notable discreción:

-¿ESTÁ AHÍ MI PAPÁ CAGANDO?

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Hay un momento de la vida en que uno tiene que escoger entre las ciencias y las letras. Las ventajas de la segunda elección son innumerables: entre ellas, el quedar absuelto de realizar cálculos y reparaciones caseras. A pesar de devorar novelas a un ritmo endiablado (para un número total de libros vergonzosamente superior al de servidor), no cabe duda de que tiene la suerte de ser un hombre de ciencias. Esas personas que reparan cualquier cosa y discurren de forma analítica. ¿Alguna vez han probado a darle un abrelatas clásico a uno de letras? Yo hice el experimento conmigo mismo y la profesora de inglés que vive en mi piso. Será mejor que no vean las posiciones absurdas en las que la pobre herramienta llegó a ser colocada antes de que su simiesco usuario exclamase "¡eureka!". Hay que aceptar el destino, a pesar de que mi interés por la ciencia sea genuino, y responde a mi curiosidad por lo desconocido (siempre que tenga un rigor científico o valor histórico).

Los hombres de ciencia son capaces de rescatar esos conocimientos oxidados y ponerlos en práctica para, por ejemplo, explicar a sus hijos la lógica de las ecuaciones y el despeje de incógnitas. ¿Pero qué hacer cuándo tu hijo ya ha cogido el camino de las letras y no acaba de comprender las ecuaciones de primer y segundo grado? No les puedo asegurar que funcione, pero algó estimuló mis neuronas cuando mi padre, desesperado, golpeó dos veces la mesa de la cocina a la voz de:
-SÍ AQUÍ TIENES UN HOSTIÓN, Y AQUÍ OTRO, ¿QUÉ TE QUEDA?

De repente, vi la luz. Su forma de representar las dos "x" de la ecuación con sendos puños activó algo en mi cerebro. En el siguiente examen de Matemáticas saqué el único 10 que recuerdo haber conseguido en tal materia. Mano(s) de santo.

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Estos son unos padres muy especiales. Esta es la generación que convirtió la pobreza en el bienestar que ahora tengo la fortuna de disfrutar. Estar aquí, y ahora, es más fácil si has contado siempre con el apoyo paterno para dar rienda suelta a tus aventuras en países ajenos. Esta generación, esta juventud, ha quedado sin anécdotas de la mili que relatar, y la siguiente sin poder escucharlas. Por eso no me importa recordar cómo el vasco se ría del recluta ignorante, o que el padre Díaz resucite constantemente para echar sin despeinarse al bostezador. Si me reencarnase, seguiría haciendo el salto de la rana al aprender a conducir o contaría en voz alta para aumentar el hándicap de la paella.

Por eso, aunque siga prefiriendo que coma él las lentejas, no ha cambiado un ápice mi respeto y admiración por la figura de ese padre... y muy señor mío.

¡Feliz cumpleaños!

miércoles 25 de noviembre de 2009

Cosmos: un viaje personal

Hace ya dos años se publicó una entrada en Pulso Digital que resultó ser de gran utilidad. En ella se recogían los enlaces en donde poder ver los 13 capítulos de la serie Cosmos, de Carl Sagan. Lo he estado viendo estos días, en mis pocos ratos libres, y debo recomendarla encarecidamente a cualquiera con una mínima curiosidad científica. Esto ha dado pie a que comience a ver otras series bastante interesantes como The Ascent of Man, Civilisation o Connections.

Pero vayamos sin más prolegómenos al plagio descarado de esa entrada, enmendando la entrada sobre el capítulo número dos, cuyo enlace no funcionaba, para regocijo de todos aquellos que ardan en deseos de aprender.

Cosmos: Un viaje personal (en inglés Cosmos: A Personal Voyage), es el título de esta obra de divulgación científica producida por Carl Sagan y Ann Druyan para difundir la historia de la astronomía, el origen de la vida, nuestro lugar en el universo, las modernas visiones de la cosmología y las últimas noticias de la exploración espacial; en particular, las misiones Voyager. Fue editada en 1980, junto con un programa de televisión en trece episodios que contó con música incidental de Vangelis. Se ha emitido en 60 países y ha sido vista por más de 500 millones de personas. Basándose en esta serie de documentales escribió el libro Cosmos.

Capítulo 1. En la orilla del océano cósmico

Capítulo 2. Una voz en la fuga cósmica

Capítulo 3. La armonía de los mundos

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=1326378519951026856

Capítulo 4. Cielo e infierno

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=-6079126603606341082

Capítulo 5. Blues para un planeta rojo

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=-3118443194832623740

Capítulo 6. Historias de viajeros

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=5224119494872922274

Capítulo 7. El espinazo de la noche

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=-2111462913128220506

Capítulo 8. Viajes a través del espacio y el tiempo

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=-5793664581217894180

Capítulo 9. Las vidas de las estrellas

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=3454475413281636598

Capítulo 10. El filo de la eternidad

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=-235229016838691504

Capítulo 11. La persistencia de la memoria

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=4606804063656958942

Capítulo 12. Enciclopedia galáctica

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=1280216467119430035

Capítulo 13. ¿Quién habla en nombre de la Tierra?

  • Los Tlingit y el viaje de descubrimiento de La Perrouse.
  • La destrucción llevada a cabo por los conquistadores españoles.
  • Una visión de Sagan (descrita como un sueño) en la cual el mundo es destruido en una guerra nuclear.
  • El "balance de terror" de la Tierra hoy día.
  • La destrucción de la Biblioteca de Alejandría y la muerte de Hipatia.
  • El inicio del universo y los logros de nuestra civilización.
  • Una súplica de Sagan para que amemos la vida y continuemos nuestro viaje por el cosmos.

Enlace: http://video.google.com/videoplay?docid=3393395672445980013

domingo 22 de noviembre de 2009

Japón, la otra vía: volumen 6

Tengo muchas cosas que comentar, como la visita de mis amigos gallegos (en su mayoría lucenses) y la cena de Acción de Gracias a la que asistiré hoy, pero como no tengo ni un segundo libre para escribir, tendré que limitarme hoy a dejar que los vídeos hablen por sí solos.

Es uno de los avances japoneses que raramente he visto en otros países. El primer vídeo lo grabé en mi primer viaje por Japón, en 2006. El segundo, en una cafetería de Shinjuku a la que suelo ir con mis amigos para estudiar japonés. Hay baños más sofisticados con secador anal/vaginal, etc. Los más simples, como el de mi residencia, solo incluyen el "calientatazas".


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Baño de la casa de Masahiro, víctima del gorroneo ajeno y amigo intermitente de nivel 2 (amigo de amigo).


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Baño del Blue Square Cafe en Shinjuku.