lunes, 31 de enero de 2011

Excursión por Mitaka y Kichijoji


Este fin de semana dimos un paseo con un grupo de japoneses, estadounidenses, suecos e indios (parece un chiste cutre de esos) por la zona de Mitaka y Kichijoji. En esta zona se encuentra el parque de Inokashira y el Museo Ghibli. Comenzamos desde la estación de Mitaka y caminamos por un sendero que bordeaba un riachuelo desde la estación de Mitaka.



Durante la travesía me encontré con esta curiosa tienda sin tendero. Uno de los amigos japoneses compró tres zanahorias (que costaban en total 100 yenes, bastante baratas para Tokio) y depositó el dinero en una caja blanca. Me recordó al sistema de los periódicos en Austria, cuando los colgaban de las farolas los fines de semana y que se apoquinaban introduciendo la cantidad de monedas pertinente en una caja que hacía también las veces de candado.



Siempre me pregunté si cualquiera de ambos sistemas triunfarían en España, con la cultura del sinpa y el morro ibérico que le solemos echar a algunas cosas. En Japón son mucho más honrados en ese sentido. Y si alguna vez se te ocurre infringir las reglas, piensa en las verduras de la siguiente foto: ellas no lo harían.



El camino siguió su curso y nos dirigimos a la estación de Kichijoji atravesando el parque antes mencionado. El río Kanda quedaba a nuestra derecha, y en su superficie se apreciaban distintas formas: aquí tenemos a dos libélulas (トンボ, tonbo).



Las señales en Japón son a veces muy ilustrativas, lo cual me parece todo un acierto, en mi opinión personal. Un texto largo y pesado probablemente pasará de largo, pero advertencias como estas logran captar tu atención y son, además, tremendamente entrañables. En este caso se avisa sobre los posibles peligros de los camiones exceso de carga: disminuye la maniobrabilidad, merma el rendimiento de los frenos, puede ocasionar daños en carreteras o puentes, aumenta los gases de escape, el ruido y las vibraciones ocasionadas, etc. Por no hablar de los desprendimientos.

viernes, 28 de enero de 2011

Teresa Teng lives on

Como parece que le ha gustado por lo menos a una persona, le he preguntado a mi taiwanesa favorita qué otras canciones de Teresa Teng son también bastante famosas. Empecemos por la versión china de la canción que os mostré hace dos días. En inglés se titula I Only Care About You.





Según me dice mi amiga coreana, la siguiente es muy famosa en Corea.





Según Mika, la siguiente tiene una melodía muy típica de la música china.





¿Hay alguien que haya logrado cubrir el inmenso vacío que ha dejado Teresa Teng? Pues según los taiwaneses, sí, ya que consideran a Faye Wong como su sucesora. Esta es una canción de Teng cantada por Faye.





Como no tengo ni puñetera idea, le pregunté a Mika cuál era la canción que más le gustaba de Faye Wong y eligió esta. Es una versión en directo, ¡muy bonita!




miércoles, 26 de enero de 2011

Teresa Teng y Street Spirit

Acabo de llegar de una sesión de sukiyaki y karaoke con Mika y Eric, mi amigo hongkonés que está pasando unos días en Japón. He podido cantar por primera vez la lúgubre canción Street Spirit* de Radiohead yToki No Nagare Ni Mi Wo Makase (時の流れに身をまかせ) de Teresa Teng, una cantante taiwanesa inmensamente popular también en Japón o Hong Kong que murió bastante joven, nada menos que a los 42 añitos. Sus canciones fueron prohibidas en la China continental; cuando cambiaron de opinión y decidieron permitirle dar un concierto por primera vez en el país, ya era demasidado tarde. Murió en 1995 sin poder hacer realidad su deseo.

Esta es la canción que escuchamos en clase (en japonés), una de las más famosas en el país nipón. Me aventuraría a decir que es una de las cantantes asiáticas más célebres. Me encanta este tema. En español quizá no suene tan bien, pero en japonés es una balada romántica de amor poco menos que incondicional.




Letra (intento penoso de traducción):

Si no pudiera verte, ¿qué sería de mí?
Mi vida sería más fácil, pero puede que amase a otra persona
y llevase una vida mundana.

Confiemos al devenir del tiempo el teñirme de tu color
No importa si tengo que sacrificar mi vida
Por eso quédate a mi lado, te lo ruego,
solo te quiero a ti.

Si me odias, perderé el mañana
No necesito promesas, pero no puedo vivir solo de recuerdos.

Confiémoslo al devenir del tiempo, mientras me arrimo a tu pecho
Si puede ser tan bonito, no me importa mi vida siquiera
Por eso quédate a mi lado, te lo ruego,
solo tengo ojos para ti.


*Vídeo de Street Spirit.

lunes, 24 de enero de 2011

Las estatuas más altas del mundo

Este fin de semana estuve viendo un capítulo de uno de mis programas favoritos de la televisión japonesa, The Best House, en la que aparecía información interesantísima sobre varios temas. El premio del programa se lo llevó una serie de "los tres mejores" dedicada a dispositivos anti-incendios. Si tengo tiempo lo pondré en otra entrada, junto con otras listas que aparecieron en el programa. Por si no lo había dicho antes, la idea básica es mostrar tres ejemplos de algún tema determinado, lo más caro, lo más alto, los bichos más raros, etc. A partir de esos ejemplos representativos se aprenden muchas cosas.

Sin embargo, en esta ocasión quería mostrar lo que me encontré leyendo el libro del programa (en los programas donde hay varias presentaciones se elige la mejor para incluirla en la enciclopedia, que es el libro que yo tengo y del que hay 3 tomos). Se trata de las estatuas más altas del mundo. En la posición 3 aparece:

Emperadores Yan y Huang de China (106 m)




En la segunda posición, la Estatua de Guanyin de Hainan (China), del bodhisattva Guan Yin, con 108 m.





Y corona la lista con un toque chovinista el Gran Buda de Ushiku en Japón, con nada menos que 120 m.



Al recordar esta estatua me han entrado ganas de visitarla. Lo apunto como uno de mis próximos posibles viajes.

Lo curioso es que en esta clasificación se obvian
otras dos estatuas. En primer lugar:

Laykyun Setkyar, en Birmania (como se debe llamar al país): 130 m.



Sin duda la razón estriba en la fecha de construcción. El libro que tengo fue publicado en 2007, mientras que esta estatua se terminó en 2008. Lo mismo pasa con el Taipei 101, que figura como edificio más alto del mundo, información todavía veraz cuando lo visité, pero ya obsoleta.

Con todo, desconozco por qué se omite el Buda del Templo de la Primavera, la estatua más alta del mundo a todas luces, con 153 m.




Una sorpresa nos espera en la lista de estatuas más altas del mundo redactada en español :-).

miércoles, 19 de enero de 2011

Entrada al santuario


Aquellos que han visitado Japón se habrán encontrado en un buen número de ocasiones con los komainu (狛犬), los guardianes que velan por el bien de los santuarios y templos. Sí, valen tanto para un roto budista como para un descosido sintoísta, y se pueden encontrar en el templo más famoso (el Todaiji de Nara) y el celebérrimo santuario de Itsukushima. El origen del nombre estriba en la procedencia de estos cánidos: Corea. En concreto el antiguo reino de Goguryeo.



Aquí los vemos custodiando la entrada a un santuario. Aprovecho para recordar una vez atravesado el torii se debe caminar por los extremos del camino de acceso al santuario (参道, sandoo), ya que el centro (正中, seichuu) está reservado para las divinidades.


Ambos animales tienen apariencia de león y son prácticamente idénticos, con la sola diferencia de la posición de sus bocas. El de la derecha (agyoo, 阿形) la tiene abierta, mientras que el de la izquierda permanece cerrada (ungyoo, 吽形). ¿Qué representa esto? Para los japoneses el primero de ellos está pronunciando la primera letra del silabario (a), mientras que el segundo hace lo propio con la última: n. Esto viene a simbolizar que la protección abarca desde el principio hasta el fin. Para los budistas, representan la primera y última letra del alfabeto sánscrito: a y um. Hmm, qué curioso... ¿Qué pasará si juntamos ambas? Nos queda "aum". ¿Y qué es eso de aum? ¿Tiene algún significado?

La respuesta está ahí fuera.

viernes, 14 de enero de 2011

Teatro japonés (1/3): Kabuki (歌舞伎)

El mundo de las artes escénicas japonesas es apasionante y vasto, tanto que he procedido a hacer la selección pertinente para tratar de aprender cosas acerca de los tres estilos más representativos: el bunraku (teatro de marionetas), el noh (drama lírico) y el kabuki. Los tres forman parte de Obras maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad de la UNESCO.

El kabuki es un estilo de teatro tradicional japonés que, como veremos, difiere enormemente en el fondo y en la forma respecto a nuestro teatro occidental. La palabra kabuki está formada por los ideogramas de canción, baile y técnica. Sin embargo, en su origen tenía otro significado.

El kabuki surgió alrededor del año 1603, con la llegada a Kioto de una compañía de bailarinas dirigidas por una tal Izumo-no-Okuni, una antigua miko (sirviente en un templo sintoísta japonés, no confundir con maiko, 'aprendiz de geisha'). Sus danzas causaron furor y fueron catalogadas como kabuki, palabra que otrora significaba 'excéntrico' o 'poco convencional u ortodoxo'. No deja de ser curioso el hecho de que un arte actualmente vetado casi en su totalidad para las mujeres tenga un origen exclusivamente femenino.

"¿Cómo? Pues yo bien que veo a una chica en la foto de arriba". Je, pues ya puedes echarle otro vistazo, porque en ambas el papel femenino lo encarna un onnagata (女形), que significa 'forma de mujer'. Estos actores especializados en papeles femeninos no tienen por qué encasillarse, ya que también pueden desempeñar roles masculinos. El debate sobre permitir la participación de mujeres en el kabuki suscita opiniones encontradas: algunos opinan que se necesita una forma física demasiado exigente para la mujer, mientras que otros no ven con malos ojos una vuelta a los orígenes. Con los cambios que ha habido durante su existencia, ¿cuál sería la versión más atávica? El debate sigue abierto.

Los kanjis de gran formato a la izquierda del cartel reflejan el título de las dos obras. La primera de ellas, ya no ne (矢の根, 'la punta de la flecha'), narra la venganza llevada a cabo por los hermanos Soga, Juro y Goro, durante el período Edo. Goro, en la foto, es el protagonista principal. La primera noche del año ve a su hermano Juro en sueños. Este se encuentra en apuros y le pide a Goro que vaya a rescatarle. Ni corto ni perezoso, se apropia del caballo de un campesino que pasaba casualmente por allí y parte en busca de su hermano, utilizando un rábano gigante como fusta. Hay dos estilos principales, el áspero (aragoto, 荒事) y el suave (wagoto, 和事). Pues bien, esta obra es un ejemplo del primero de ellos. La segunda obra es fuji musume (藤娘, 'el jardín de glicinias'), en la que representa un baile amoroso por parte de una (un) bella (bello) joven.

Aproveché la espléndida ocasión que me proporcionaba mi descuento como estudiante para poder ir a una sesión especial en la que uno de los actores que encarnaba a Goro explicaba ciertos aspectos del kabuki, como el maquillaje.


¿En qué estriba la diferencia con nuestro teatro occidental? Pues que en el kabuki prima la puesta en escena por encima de la trama. De hecho, casi todo el mundo conoce a la perfección el argumento antes de empezar la obra, por lo que no hay lugar a las sorpresas. Todo está enfocado al deleite del espectador, por eso:

  • El tamaño de los objetos es desproporcionado, como se puede ver perfectamente en la flecha que porta el personaje en el cartel, el triple del normal.
  • Los gestos y poses (mie, 見得) de los personajes son exagerados, en algunos casos rayan la comicidad (al contrario que el noh, es un estilo más distendido)
  • La caracterización de los personajes es exhaustiva. La fuerza de Goro se denota por las rayas rojas de su maquillaje facial, así como su indumentaria (además de la flecha que porta). Puedo asegurar que, cuando lo ves en el teatro, te transmite un aura de majestuosidad y poder, reforzado por la energía de la que hace gala en sus movimientos.
En otras palabras, mientras que en el teatro occidental lo más importante es la representación, en el kabuki todo gira en torno a la presentación. El teatro occidental apunta hacia la mente para despertar nuestras emociones, mientras que el kabuki apunta hacia los sentidos. Al contrario que en nuestro teatro, el centro de la obra no es el argumento, sino el propio actor. Todo gira en torno a él, todo se dispone de forma que él pueda ofrecer la mejor actuación posible. Otra gran diferencia estriba en que no pretende ser real, es consciente en todo momento de que es pura ficción, y el espectador es sabedor de esta circunstancia. Por eso no le importa ver a ayudantes haciendo de almohada, ayudando al actor a vestirse o, en definitiva, cumpliendo su papel de asistentes vestidos generalmente de negro, el color que denota lo invisible tanto en el bunraku como en el kabuki (pese a ser perfectamente visible para cualquiera). Por eso el caballo de la otra era de mentira (dos personas con un traje de caballo), realmente hasta el famoso rábano con el que espoleaba al caballo era de peluche (pero perfectamente visible y cómodo para el espectador).

También hubo tiempo para que dos extranjeros hiciesen un poco el ridículo tratando de imitar las exageradas poses típicas de este estilo.

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Vaya por delante que escribí esta entrada el 26 de septiembre del 2009, pero como ya he ido por fin a ver una obra de noh, escribiré un artículo sobre este y el bunraku (al que también asistí en 2009).

miércoles, 12 de enero de 2011

Tecnología francesa

Estas navidades las he disfrutado con la familia en mi querida España (esta España mía, esta España nuestra) y París. Quizá en otra ocasión relate esos días, pero de momento os quiero dejar con un vídeo que grabé en la Torre de Montparnasse, desde cuya terraza-helipuerto se podía contemplar casi todo París, y escogimos el mejor momento porque fue uno de los pocos ratos en los que el sol hizo acto de presencia.



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