miércoles, 11 de noviembre de 2009

Corea: tensión y distensión (6/7)

Y seguimos con el viaje. Si queréis conocer la opinión de otros españoles que viven en Corea del Sur, he aquí el programa de TVE "Españoles en el mundo" (edición Seúl). Veréis que aparecen varias cosas de las mencionadas en esta crónica.

Una de las que no se analizan en profundidad (tampoco hay tiempo en ese programa) es una experiencia muy interesante, probablemente típica entre los turistas realmente interesados en conocer más sobre Corea que los que se limitan a ir de compras: la estancia en un templo budista, en inglés Temple Stay. Es el término que usan ellos, y la única palabra que comprendía en la conversación que manteníamos con el monje que nos explicaba los ritos y las reglas de este lugar sagrado.


"Bla bla bla bla... Temple Stay... Bla bla bla... mnida.". De poco sirve saber que el "mnida" equivale al suru japonés, y el summnida al shimasu, más formal. No me enteré del templo de la mitad (refrán adaptado a la situación, entiéndase). Así pues, lo primero es lo primero: rellenamos el formulario, tomamos el té correspondiente y, como diríamos Diego y yo, "hablamos" con el monje. Este es el llamado plural causativo dovalpiniano, mediante el cual el hablante transmite una orden indirecta al poseedor de los conocimientos lingüísticos necesarios para llevar a cabo la acción deseada. Es decir, si estamos en Bulgaria y hay que comprar unos billetes para el bus, Diego puede decir:

-Vamos a comprar los billetes o Va a haber que comprar los billetes... (más formal, impersonal dovalpiniano)

Esto quiere decir:

-Liliana, cómpranos los billetes. (Liliana: persona que lleva 10 años viviendo en Bulgaria)

En fin, la cuestión es que aprendimos muchas cosas:

1) Las reglas de la buena mesa, sin ella. Al comer disponen de cuatro tazas de diferentes tamaños, y hay que verter agua en la mayor de ellas para lavar todas las demás. Hay un orden establecido para el sitio en donde se sientan, pero se podría resumir todo en que la pulcritud, el orden y la disciplina se ve ya en esta simple ceremonia. Todos ellos son valores confucianos muy arraigados en la sociedad coreana.

2) Los ritos para el rezo budista. Hay que arrodillarse y tocar prácticamente el suelo con la cabeza mientras se sostienen ambas manos con las palmas hacia arriba, después levantarse llevándose primero al pecho... ¿la mano derecha y luego la izquierda? Por supuesto, como había dos posibilidades, siempre lo hacía al revés, a destiempo. Menos mal que no me entró la risa fácil. La cuestión es que un amable budista, probablemente hartillo de ver cómo destrozaba de cualquier manera todos los pasos a pesar de poner toda la carne en el asador, me ayudó a corregir los pasos.


Por el templo correteaban estos perritos blancos de mirada tan dócil, tan entrañables y... ¿por qué no decirlo? ¡APETITOSOS! Me hubiera encantado hincarles el diente una vez fritos. Si Corea es famosa por algo, y más a raíz del mundial de fútbol, es por el hecho de que comen perro. Pues sí, y esta clase de perro blanco que se ve arriba es un perro criado para eso. Realmente, es como tener a una gallina correteando por ahí. Sabes que en cualquier momento llegará tu día. Dicen que es una comida muy energética. De todas formas, voy a mencionar este tema de nuevo en la próxima y última entrada, así que aquí lo dejamos.



La experiencia me gustó mucho, sobre todo por el sabor de boca que me dejó al final. Nos dieron de comer, estuvimos confeccionando un rosario, paseando por el bosque para ir a beber agua de un manantial cercano riquísima, vimos el ritual del gong (si no recuerdo mal, tenían que tocarlo 24 veces)... Y lo mejor de todo es que, con los regalos incluidos, no costó nada. Todo gratis. Pasar toda una tarde con nosotros (de 14 a 19) a cambio de nada. El monje nos explicó que lo único que quería era mostrar el budismo, no lo hacía por dinero. Esto me dejó impresionado, por eso porto en móvil con orgullo el colgador que nos regalaron :-). Al contrario que Japón, un país con abundantes templos en donde hay que apoquinar hasta por el más insignificante, aquí parecen tener una devoción más verdadera. De todas formas, no suelo opinar sobre asuntos religiosos, aunque admito que la religión a nivel filosófico es interesante (a nivel científico, una estupidez).


El colofón a un gran día fue poder cenar en casa de Crystal, (segunda por la izquierda), con su madre y su perra incomestible y coqueta. La amabilidad y las atenciones dispensadas por la maravillosa madre de Crystal me recordó a la hospitalidad japonesa. Nos preparó una cena riquísima, llevó a la perra a la peluquería para recibir al invitado de honor (servidor), al día siguiente nos preparó un desayuno copioso y, no contenta con ello, nos dio comida para el camino (¡¡todo delicioso!!).


Durante la cena tuve la ocasión de comprobar la habilidad de Minji en el gonggi (también llamado konginori y de muchas mil formas más). Se trata de lanzar esta especie de dados con bolitas metálicas dentro, primero cogiendo una cada vez, después dos, después tres... Bueno, lo mejor es que lo veáis vosotros mismos :-).

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