viernes, 23 de octubre de 2009

Oktoberfest a la japonesa

Uno de los aspectos más curiosos de la sociedad japonesa es su capacidad para imitar aquello que les atrae de otras culturas, ya se trate de tecnología, arquitectura o festividades varias.

En un país con solo un anecdótico 1% de cristianos, la popularidad de fiestas como San Valentín o Navidad no le va a la zaga a abanderados de esta fe como Estados Unidos. La tecnología japonesa avanzó cual exhalación por la táctica del copiar y mejorar. Si al vivir en Tokio uno echa de menos construcciones tan emblemáticas como la Torre Eiffel, el Empire State o la Estatua de la Libertad, no tiene que más que dar un pequeño paseo para encontrarse con su versión japonesa: la Torre de Tokio, el edificio NTT Docomo o la ínclita estatua en Odaiba.

Las cervezas japonesas nada tienen que envidiar a las alemanas. Lo pude comprobar hace dos domingos, en un festival de degustación de cerveza, toda ella elaborada en Japón. Solo una semana después fui con unos amigos japoneses a Yokohama para el Oktoberfest, una recreación del célebre festival muniqués, al que nunca tuve la oportunidad de ir. Por raro que parezca, la temperatura de octubre en Tokio es ideal para este tipo de acontecimientos, con una temperatura de 20º insólita para un lucense a estas alturas del año. Allí me reencontré con mi vieja amiga Spaten y tuve el gusto de conocer otras marcas cuyos nombres ellas mismas se encargaron de borrar de mi memoria.







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