domingo, 26 de abril de 2009

Recuerdos de España: karts y Las Médulas

Japón tiene muchas cosas que ver, pero la verdad es que a veces uno no tiene por qué irse muy lejos para pasar un día entrañable con los más allegados. Una de las ideas más acertadas de los últimos meses en España fue ir a los karts y rematar la jornada con un paseo por Las Médulas de León.

Lo mío con los automóviles siempre ha sido una relación de amor-odio. En mi más tierna infancia solía quedarme horas en la sala de la casa de mi abuela, cuyas ventanas daban a la estación de autobuses, para contemplar cómo entraban y salían los autocares, así como sus correspondientes aparcamientos. Me quedaba tan extasiado ante tan singular y anodino acontecimiento que era necesario llevarme la comida allí. Cuando mi abuela relataba mi desmedida pasión por los autobuses, mi padre se planteaba una dicotomía, esto es, un dilema con dos posibles soluciones:

1) Mi hijo será camionero.
2) Mi hijo es tonto perdido.

La vida ha acabado por demostrar que me encontraba muchísimo más cerca de la segunda opción. Detesto conducir por lo que implica: prestar muchísima atención (me encanta estar en Babia), buscar aparcamiento a la vez que conduces (puedo traducir, estudiar kanjis y ver una carrera de fondo, pero me es imposible mantener una conversación coherente al conducir mientras busco aparcamiento en territorio desconocido). Puedo comprender que sea un gran placer si estás viendo un hermoso paisaje por una carretera sin apenas tráfico, pero la situación normal es la circulación banal por ciudad.

Servidor cogiendo ventaja.

Pero los karts ya es harina de otro costal. Aquí hay emoción, entretenimiento, deporte, rivalidad fingida, piques graciosos, velocidad y hasta un poco de liberación de adrenalina. Aquí los mejores conductores o con más experiencia en coches de verdad no tienen por qué ser los mejores, y aquí es donde los torpones al volante como yo pueden liberarse.

Era la segunda vez que acudía a este circuito de karts próximo a Ponferrada. Mi bautismo de fuego fue iniciativa de colegas lucenses (vamos a atribuirle el mérito a Carballido, porque ahora no me acuerdo de quién había sido), y en esta ocasión acudí con la familia y los amigos de mis padres. Lógicamente contaba con demasiada ventaja, así que mientras ellos le cogían el tranquillo al circuito, yo pude grabar este vídeo.


video
Coche 1: mi hermana Paula - 5: mi tío Luis - sin número: mi prima Andrea - 2: mi padre.

Después de una sesión de clasificación de 15 minutos se formó la parrilla de salida. Aquí vemos a mi tío Luis (5) y mi hermana (1) en primer plano y momó con el número 3.


Hubo dos carreras, y en las dos me tuve que conformar con el papel de segundón que me persigue desde mi primera participación. Cuando uno adquiere una cierta destreza, esto se parece mucho a la fórmula 1, en el sentido de que es muy difícil adelantar a alguien, a no ser que lo embistas o el otro cometa algún error. En este caso yo disponía de ventaja por conocer el circuito y me paré a abrochar la cazadora para descender posiciones y tratar de recuperar. Pero claro, Diego aprendió rápido y en la primera carrera me fue imposible recuperar desde el final. En la segunda, por fin, hubo algo de emoción, pero cuando lo estaba pasando nos tocamos y yo me llevé la peor parte: un trompito. Sin embargo, esas dos vueltas de intentar encontrar el hueco son mucho más divertidas que tirar uno solo durante 10 vueltas para ganar. Estoy planeando ir a un circuito de karts en Japón, y si voy haré lo mismo. ¡Es la leche de divertido!

En mi mente esperaba un duelo en la cumbre con mi progenitor, pero su pilotaje se asemeja bastante al de Hamilton en que es muy "agresivo". De tan agresivo que es, se cargó el tubito de la dirección y tuvo que pasar por boxes. Lástima. Al final, el que mejor le pilló el tranquillo de la familia, en cuanto a tiempos respecta, fue mi tío Luis, a la postre tercero. En las declaraciones tras la carrera afirmó: "Así son las carreras. Lamentablemente los neumáticos se degradaron en la séptima vuelta y a partir de ahí se acabó la carrera para mí. Aun con todo eso quedamos de terceros y bueno, esperemos que en el circuito de Rábade lo podamos hacer bien".


Heme aquí asumiendo mi derrota con entereza y deportividad, que contrasta con el orgullo de mi tío.

La madre del campeón, Concha, se llevó la medalla a la conducción segura.

Ya sabemos cómo suelen terminar estas jornadas en Galicia: con una comilona en condiciones. Así que fuimos a una casa rural cercana para comer y prepararnos para nuestra excursión a Las Médulas.

La matriarca en plena siesta, sobre un acebo en primer plano.

Las Médulas, patrimonio de la Humanidad, fueron la mayor mina a cielo abierto de todo el Imperio Romano (los desmontes mineros alcanzaron los 3 km de extensión máxima y más de 100 m de profundidad).


Conforman un paisaje único y son un interesante exponente sobre los cambios que produjo la minería de oro romana en las comunidades del noroeste peninsular. ¿Cuáles?

A través de las llanuras artificiales conformadas por los estériles de la mina se crearon nuevas vías de acceso a la zona. El Lago de Carucedo, producido por el taponamiento de un valle de esos vertidos, fue más tarde un valioso recurso piscícola y hoy es un humedal protegido. Los antiguos cauces de los canales que conducían el agua utilizada en el proceso de explotación del oro han sido reutilizados como "carriles" o caminos de comunicación y trasiego de ganado por los habitantes de la zona. Los cultivos introducidos en época romana, particularmente el castaño, han pervivido y se han convertido en una seña de identidad inseparable de Las Médulas. Incluso la misma superficie dejada por los desmontes mineros antiguos ha dado paso a nuevas formas de explotación del suelo.







3 comentarios:

  1. Querido sobrino, dado que en tu relato has hecho mención a tu infancia, y como creo que he participado aunque sea en grado mínimo en tu desarrollo psicopedagógico-en especial en tus 6 primeros años ¡¡¡esenciales para hacerte un hombre de bien¡¡¡¡ O NO?-, quisiera apostillar sobre un pequeño dato de tu relato. Ciertamente durante tus primeros años de vida te pasabas grandes ratos e incluso horas en el salón de la casa de tu abuela, pero te has olvidado de mencionar a otra persona TU TÍA que aunque no era de gran ayuda para algunos menesteres -léase cambiar pañales por problemas de adaptación a malos olores-sí tendría su importancia para tu desarrollo posterior. Es cierto, que las largas horas transcurridas en el salón de Dinán no ha podido influir mucho en tu maestría al volante, pero de lo que puedo dar fe es de tu GRAN CAPACIDAD PARA OTRAS COSAS, entre ellas por una mera observación de tu blog, tu dominio del idioma y tu maestría por contar las pequeñas/grandes cosas de las que día a día eres un gran observador, y otras, también protagonista. Te quiero. Tía Mary

    ResponderEliminar
  2. ¡Mis disculpas! Sirva este comentario cibernético para expresar mi más humilde y eterno agradecimiento por los esfuerzos invertidos otrora para convertirme en un hombre de provecho. ¡Muchas gracias por tus palabras, tiíta!

    Recibe un fuerte abrazo de tu sobrino ;-).

    ResponderEliminar